Tercera vuelta de tuerca al pueblo griego

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Algunas voces intentan tranquilizar en la Unión Europea diciendo que hay motivos para cambiar las políticas económicas de ajuste y así no fomentar “los populismos emergentes”. Pero la realidad griega es muy tozuda. Y van ya por el tercer rescate. Las condiciones del mismo van deteriorando paulatinamente las condiciones de vida de la tierra que vio nacer la democracia

Grecia negocia un nuevo rescate con la Unión Europea (negociaciones bajo supervisión de Alemania).

Los ajustes se extenderán entre 2018 (en agosto de ese año concluye el tercer rescate) y 2021, esto es, más de una década después del inicio de un viacrucis que ha disparado el desempleo (del 25% hoy, el 48% entre los jóvenes) y yugulado el PIB, con una contracción del 25%.

Con un seguimiento desigual, casi nulo en el comercio, parcial en la Administración y mucho más acusado en el sector del transporte —los ferris que conectan las islas al continente pararán cuatro días seguidos, hasta el viernes incluido—, el paro fue secundado por vez primera por los uniformados, pese a que tienen prohibido hacer huelga. Hubo por tanto menos policías que de costumbre en las calles de Atenas, donde, al término de las marchas que congregaron a unas 15.000 personas, se produjeron algunos enfrentamientos entre policías y manifestantes con lanzamiento de piedras y cócteles molotov. Nada nuevo bajo el sol, y sí una honda sensación de déjà vu, de enésima vuelta de tuerca infructuosa.

Grecia necesita el siguiente tramo de ayuda del tercer rescate, unos 7.000 millones que se tragarán por completo los pagos de intereses pendientes en julio. El paquete de ajustes para 2019-2021 es visto como otro suplicio de Tántalo por los segmentos de la sociedad más afectados.

Los pensionistas fueron uno de los colectivos más visibles en las protestas (los uniformados convocaron la suya al margen, por la tarde). Pocos pueden permitirse el lujo de faltar al trabajo —quienes lo tengan— o perder un día de sueldo por secundar el paro. El paquete suplementario de ajustes fue impuesto hace dos semanas en el acuerdo in extremis entre los acreedores y el Gobierno de Grecia para aprobar la segunda revisión del tercer rescate, firmado en julio de 2015.

Con el país de nuevo en recesión, por muy optimistas que sean las perspectivas del Gobierno —prevé una emisión de deuda en julio, lo que sería su vuelta al mercado desde 2014—, las nuevas medidas incluyen un ajuste de entre el 9% y el 18% en las pensiones (el 14º recorte desde 2010), reformas energéticas (liberalización del mercado, Con las encuestas abrumadoramente en contra —dan entre 10 y 15 puntos de ventaja a la conservadora Nueva Democracia—, el Gobierno que dirige Alexis Tsipras apurará por la mínima (153 escaños de 300) este nuevo trago amargo, prietas las filas (las de Syriza y las de su socio de coalición, Griegos Independientes, ANEL) ante lo que desde el Ejecutivo se insiste en calificar de último esfuerzo previo a la salida del túnel de los rescates. Tsipras ha defendido estas medidas adicionales con la promesa de que cada recorte se acompañará de una contramedida de alivio y que el cierre de la segunda revisión del rescate (que lleva meses pendiente, y se supone se cerrará formalmente en el próximo Eurogrupo, el 22 de mayo) franqueará la negociación sobre el alivio de la deuda, que roza el 180% del PIB.

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