Aula Malagón-Rovirosa, 33 años formando personas para la solidaridad

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Hace 33 años el Movimiento Cultural Cristiano celebró su primer Aula de Verano Malagón- Rovirosa. Queríamos que el verano, ese tiempo que servía para la evasión y el descanso, se convirtiera en un tiempo para la formación y la espiritualidad que necesita una Cultura de la Solidaridad, siguiendo el ejemplo de dos de los más importantes formadores de militantes cristianos pobres del Siglo XX: Guillermo Rovirosa, laico en proceso de beatificación en este momento, y Tomás Malagón, sacerdote al servicio de la promoción en la HOAC y el Movimiento Cultural Cristiano.

Mons. Jorge Eduardo Lozano asiste al Curso Norte-Sur

Queríamos que una sociedad que iba a utilizar el “tiempo libre” para ofrecer mayores dosis de alienación y evasión, y por lo tanto de despersonalización, tuviera un espacio dónde cultiváramos a la persona solidaria, capaz de sostener en su vida y en su realidad ambiental e institucional una lucha permanente en la defensa de la dignidad inalienable de todo ser humano y en la construcción de instituciones y estructuras que eduquen y se rijan por ese principio. Un espacio que tenía que ir más allá del consumo de “cursos de verano” cerca de la playa y en residencias de 4 o 5 estrellas, que en su mayoría, además de “credenciales”, ofrecen una bonita excusa para hacer “turismo cultural” o “intelectual”.

Es por eso que esta Aula de Verano tiene unas peculiaridades que le hacen muy singular.
En primer lugar, los cursos y los encuentros deben hacerse en régimen de pensión completa. No porque así facilitemos la asistencia a las ponencias, conferencias o mesas redondas, sino porque TODO el tiempo de estancia ES CURSO. Desde el momento en el que se inicia hasta el momento en que se acaba. Son curso las conferencias y las mesas redondas. Y son curso los paseos, los diálogos informales, las exposiciones que vemos comentando con nuestros compañeros, la comida y hasta una acción cultural que hacemos juntos todos los asistentes. No queremos simplemente “adquirir” unos conocimientos, queremos tener la experiencia de vivir como personas, de “vivir como hermanos” que decía Gandhi, de vivir la certeza de que es posible otra manera de vivir y convivir.

Monasterio Nuestra Sra del Soto en Cantabria

En segundo lugar, estos cursos no se pagan con dinero. Se pagan con una colaboración que incluye dinero pero que se extiende a otros servicios. Lo que podemos hacer nosotros y que en otros cursos se “contrata” y se “paga”, aquí nos lo hacemos nosotros. Pagamos también con nuestro trabajo gratuito: en la limpieza, en el servicio de comedor, en el fregado,… porque, como decían nuestros abuelos, “los pobres no tienen criados”. Porque queremos ser testimonio también de un mundo sin amos ni esclavos, sin tontos ni listos, dónde servir no es una vocación especial que, fíjate por dónde, parece que sólo tienen algunos “tontos” que “no saben” o no tienen el título para hacer otra cosa. ¡Resulta magnífico y muy elocuente en este mundo al que nos hemos acostumbrado- y sabemos que muchos lectores no van a entender fácilmente esto- que el que hace un rato daba una conferencia de elevado nivel académico, a continuación nos lo encontramos barriendo con los asistentes el comedor.

Es evidente la colaboración en el servicio es de las cosas más formativas que tiene este Aula.
En tercer lugar, por nuestra altísima valoración del silencio, la reflexión y la oración junto al trabajo. No se trata de atiborrarnos de “saberes”, o de emborracharnos de “emociones” que duran lo que dura el curso y poco más, o incluso de haber tenido una buena ración de intensos vivires. Se trata de permitir que lo que estamos viviendo pueda ser asentado, se pueda posar, digerir, re-escuchar internamente, revisar, orar.

A ello nos ayuda nuestro compromiso de respeto al silencio necesario para poder escuchar a los demás. También nuestro esfuerzo por estar atentos, por observar, por contemplar… alejados de tantos ruidos, de tantos hiperestímulos, de tanto aparato digital, de tantas luces y sirenas. Apagar el móvil, desconectar de ese mundo virtual al que tantas horas dedicamos para darle una oportunidad a la belleza de la naturaleza, a la historia labrada en tierra, en piedras y pueblos, al misterio que envuelve toda la vida… al silencio.

En cuarto lugar, porque nos situamos deliberadamente al lado, junto a, en medio, de la vida de los empobrecidos de la Tierra, de los descartados, de los débiles. Esa es otra razón fundamental de nuestra anhelada austeridad. Se suele hacer y difundir ciencia y técnica desde el poder. Y reclamamos el derecho de construir y difundir ciencia y técnica desde el no poder. En tiempos de postverdad y relativismo, no hay criterio más certero de juicio de la realidad que ponerse en el lado de los débiles. No. No pretendemos ser neutrales. Nuestra propuesta no trata de mirar a los pobres a través de morbosas fotografías y reportajes hechos desde la posibilidad de salir corriendo de esa zona de hambre, violencia y crímenes sin sentido. Trata de conocer su vida, de entenderla, y sobre todo de sentir toda la angustia y toda la esperanza que es necesario tener para vivirla con sentido.

El Aula Malagón-Rovirosa no es para héroes, para personas especiales, para raros,… es para personas como tú y como yo. Personas que quieren simplemente ser personas, que desean encontrar un sentido a la vida, al sinsentido del dolor y la injusticia, a la angustia de la desesperación y la soledad, a las preguntas que siempre tratamos de no hacernos para no sucumbir en la tristeza y en la derrota. Personas que quieren vivir. Personas que saben que esto no es posible sin solidaridad.

Incríbete en nuestro Aula Malagón-Rovirosa

Editorial Revista Autogestión 124