“DIOS NO MATA”

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Adolfo Pérez-Esquivel era casi un desconocido para la sociedad en general, aunque no para los luchadores por la Paz, cuando el 13 de octubre de 1980 se le concedió el Premio Nobel de la Paz.


 

De nacionalidad argentina, pintor y escultor de profesión, casado y con tres hijos, católico activo, es un militante de la no-violencia. Su actitud le valió la cárcel. Esta experiencia data de abril de 1977.

“ He vivido la cárcel de diversas formas. Lo digo siempre, por mi parte, es importante mantener la serenidad interior suficiente, en la oración, para escuchar “el silencio de Dios”, para escuchar lo que Él quiere decirnos en nuestra vida personal y a través de los signos de los tiempos, para descubrir cómo los vivimos.

Para mí, ciertos hechos han tenido una significación especial. Fui arrestado el primer día de la Semana Santa, el 4 de abril. También era el aniversario de la muerte de Martin Luther King. Ciertamente viví esta Semana Santa de una forma muy especial.

Durante los dos primeros días del “tubo”, permanecí en la oscuridad más completa. El tercer día, cuando los vigilantes abrieron la puerta, entró la luz y pude leer en las paredes innumerables inscripciones, nombres de seres queridos, oraciones, insultos. En lo que estaba escrito en las paredes, en medio de las oraciones, se podía leer: “En el atardecer de tu vida, serás juzgado sobre el amor”; y también: “Virgen Santa, somos inocentes”; o todavía: “Padre, perdónales porque no saben lo que hacen”.

Pero que más me impresionó fue una enorme mancha con una inscripción escrita debajo con el dedo mojado con sangre. Leí: “Dios no mata”. Esta inscripción se quedó grabada en mí. Permanecerá toda la vida. Estas cosas que dejan huella… Esto ocurría en medio de las torturas.”