LA HERRAMIENTA DE LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL, ¿ESPADA O ARADO?

En el actual escenario de transformación tecnológica, nos encontramos ante una encrucijada que toca la médula misma de la dignidad humana: el trabajo

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En el actual escenario de transformación tecnológica, nos encontramos ante una encrucijada que toca la médula misma de la dignidad humana: el trabajo. Al analizar si la Inteligencia Artificial (IA) será una fuerza de creación o de destrucción masiva de empleo, parece que estamos ante una reconfiguración estructural profunda que exige una respuesta política proactiva de la sociedad y de las instituciones.

Por Alberto Mangas para la revista Autogestión

En la primera revolución industrial se eliminaron miles de trabajos artesanales, y se generaron nuevos bajo la égida del capitalismo industrial. En ese momento gracias al movimiento obrero y sus luchas, se logró frenar la esclavitud que se imponía con el capitalismo industrial.

En el siglo XX la revolución de la electrónica, de la informática y de los materiales, cataliza el crecimiento del sector servicios y el auge de los trabajos más vinculados al conocimiento. También fueron herramientas para impulsar la economía financiera, imponiendo una vuelta de tuerca del capital sobre el trabajo. Se generaron nuevos parados en los países ricos, más personas apartadas a las cunetas de la historia, además de los aranceles tecnológicos que sufren los países empobrecidos.

¿Creación o destrucción? El balance de la «Destrucción Creativa»

El debate sobre el impacto neto de la IA presenta datos que, aunque invitan a un optimismo moderado, no ocultan una volatilidad interna disruptiva. Según el informe Future of Jobs 2025 del Foro Económico Mundial, se proyección que para el año 2030 se habrán creado aproximadamente 170 millones de nuevos puestos de trabajo impulsados por distintas macrotendencias tecnológicas. En contraposición, estiman que 92 millones de roles (oficios) actuales desaparecerán debido a la automatización, lo que resultaría en un crecimiento neto de 78 millones de oportunidades laborales. ¿Pero esto qué significa? ¿Garantizan que ese balance se transformará en empleo de personas?

Esta cifra, que nos presentan cómo positiva, esconde una realidad inquietante: la rotación estructural afectaría al 22% de la fuerza laboral global, lo que significa que uno de cada cinco trabajadores verá su función transformada radicalmente en los próximos años. Además, la exposición a la IA no es equitativa; mientras que en las economías avanzadas el 60% de los empleos están expuestos debido a la prevalencia de tareas cognitivas, en los países de ingresos bajos esta cifra desciende al 26%, reflejando una mayor dependencia de actividades físicas que la IA aún no puede replicar de forma rentable para las empresas.

La magnitud del desafío es inmensa: se estima que 59 de cada 100 trabajadores necesitarán capacitación intensiva antes de que termine esta década para mantener su empleabilidad, Las grandes tecnológicas están implementando programas a gran escala; Amazon ha invertido más de 1.200 millones de dólares en su compromiso Upskilling 2025 para capacitar a 300.000 empleados en áreas de alta demanda como la computación en la nube y el aprendizaje automático. Pero también Amazon estaría a punto de sustituir medio millón de trabajadores por robots. Por su parte, Microsoft lanzó Elevate, una iniciativa de 4.000 millones de dólares con el objetivo de certificar a 20 millones de personas en habilidades de IA para 2027. Hay otros trabajadores a los que se destina un cambio total de su trabajo. Pero la pregunta surge de nuevo entre las sombras: ¿Cuántos de estos trabajadores se quedarán definitivamente apartados? ¿Cuántos se verán más precarizados? ¿Qué futuro espera a las generaciones más jóvenes?

Desde una perspectiva ética, surge el concepto de la «Trampa de Turing». Este riesgo advierte sobre la tendencia de los líderes tecnológicos a enfocarse en crear máquinas que mimeticen o sustituyan a los seres humanos (automatización), en lugar de máquinas que la complementen (aumentación). La automatización pura tiende a concentrar la riqueza y el poder, ya que los humanos se vuelven sustituibles, mientras que la IA de aumentación fomenta la creación de nuevos servicios y permite que el trabajador conserve su poder de negociación.

Un vídeo promocional de la compañía china Ubtech muestra a cientos de robots con forma humana, que siguen órdenes de una IA, que incluso llegan a cambiar sus propias baterías, dispuestos a trabajar como ejército sin descanso 24/7.

Incluso se está avanzando en el uso de “agentes de la IA”. Los usuarios que interactúan ya no son humanos. Estos “agentes” toman decisiones, no solo automatismos, se colocan cada vez más encima del árbol de decisiones… En redes “sociales” como Moltbook ocurre que los robots son los usuarios. La plataforma adopta una estructura similar a la de Reddit, con hilos de discusión y un sistema de votos positivos y negativos. Los bots de inteligencia artificial (IA) pueden publicar, comentar y votar. “Una red social para agentes de IA”, se lee al acceder, “los humanos son bienvenidos a observar”.

Un mundo de consumidores ¿menguantes? y de precarios crecientes

¿Se impone un mundo con trabajadores y consumidores menguantes? ¿Hasta qué punto interesa a los poderosos mantener una población de meros consumidores? Las políticas de control de la población cobran todavía más sentido bajo el principio de “población sobrante”.

El economista Guilles Sain Paul, afirma, que en esta dinámica tecnológica y empresarial el consumo de masas se reduciría drásticamente y pondría en jaque el sistema capitalista del teórico crecimiento permanente. Para el Sr Guilles la posibilidad de que la automatización y la inteligencia artificial (IA) provocará un deterioro económico más amplio, afectando no solo a los trabajadores sino también a algunos propietarios del capital y de la tecnología avanzada. Mientras que históricamente la automatización ha favorecido a los trabajadores del sector del conocimiento frente a los “manuales”, los avances recientes en IA sugieren que también podría sustituir con más fuerza al trabajo “cualificado”, lo que genera dudas sobre la desaparición de lo que nos han vendido como estado de bienestar y la viabilidad de una sociedad basada en el consumo masivo.

El estudio de Sain Paul propone un modelo con preferencias no homotéticas y tecnología con rendimientos crecientes, en el que la IA elimina el trabajo que hasta ahora hemos llamado cualificado. En este contexto, la demanda de bienes producidos en masa puede caer, desestabilizando gran parte de las grandes empresas que dependen de la sociedad de consumo. El poder político, cada vez más desplazado a los “oligarcas”, es decir, los propietarios de las tecnologías, podrían adoptar en connivencia con los gobiernos, políticas como la Renta Básica Universal (RBU) o un cierto post-fordismo para sostener la demanda y la rentabilidad.

Para Yanis Varoufakis las exorbitantes valoraciones bursátiles de Google, Meta, Apple, Microsoft, Nvidia, Amazon y Tesla inspiran una mezcla de asombro y temor. Sus inversiones multimillonarias en inteligencia artificial llevan a algunos a predecir un futuro prometedor, mientras que otros temen el empobrecimiento humano, el desempleo e incluso los despidos. El economista griego afirma que “en medio de este estruendo abrumador, es fácil perder de vista el panorama general: un nuevo tipo de capital está destruyendo los mercados, el hábitat del capitalismo.”

La metáfora de los fontaneros

Para Jensen Huang, CEO de Nvidia “la próxima generación de millonarios serán fontaneros, carpinteros o electricistas”, y añadió al respecto: “El crecimiento explosivo de centros de datos para instalar IA obligará casi a duplicar anualmente la fuerza laboral calificada en este tipo de profesiones”. Los profesionales formados para estos oficios, serían irremplazables y necesarios no solo para la construcción de esos centros de datos para IA, sino también para su mantenimiento. Son el problema y quieren vender la solución.

Otro de los “santones” de las tecno-plataformas, el CEO de Anthropic Darío Amodei, a la par que advierte sobre las amenazas y peligros de la IA, multiplica su acción empresarial y tecnocrática y la presenta como garantía de freno a las “autocracias” que podrían hacer mal uso de la misma. Aboga por una IA construida en alianza para fortalecer las “democracias” liberales y resistir frente a las dictaduras, al tiempo que se colabora con China en riesgos globales como el bioterrorismo, la principal amenaza concreta desarrollada por el fundador de Anthropic. Para Darío Amodei, a diferencia de las revoluciones schumpeterianas del pasado, la IA sustituiría a la propia inteligencia humana, no sólo en tareas específicas, y avanzaría a un ritmo que podría superar la capacidad de adaptación de los trabajadores. También advierte de las graves consecuencias laborales de esta transformación tecnológica.

Los centros de datos ya representan una parte sustancial del crecimiento económico estadounidense y se ha establecido un peligroso vínculo entre los intereses financieros de las grandes empresas tecnológicas y los intereses políticos del gobierno. Esta vinculación genera incentivos sesgados: las empresas tecnológicas son reacias a criticar al gobierno, mientras que este apoya políticas anti reguladoras en materia de IA. Un bucle que acrecienta el poder de ambos.

Contra las políticas regulatorias

Después de que Elon Musk se volcara completamente en la campaña presidencial de Donald Trump en 2024, la veda queda abierta para el resto de gigantes tecnológicos. Las dinámicas transaccionales de la nueva administración estadounidense, que ya ha adquirido participaciones de Intel y que retiró su amenaza arancelaria a Apple cuando la compañía se comprometió a una inversión de 600.000 millones de dólares, han fomentado un ecosistema aún más favorable para el lobby tecnológico. Las grandes fortunas de Silicon Valley ya han tomado nota: de cara a las legislativas del 2026 han lanzado dos plataformas para desbancar a los candidatos pro-regulación de la IA.

De todas estas proclamas a la defensa de la sociedad mientras se avanza sin regulación alguna, en connivencia con gobiernos, banca e instituciones financieras, y cómo no de la industria armamentística, podemos extraer al menos una conclusión: la sociedad y la Política deben hacer frente a este Goliat.

Sin contrato social

La extrema concentración de poder económico y político, que crearía la IA podría acabar rompiendo definitivamente el contrato social que apenas se mantenía en los países enriquecidos del norte durante el pasado siglo. De hecho, en este nuevo capitalismo, se plantean ya dos “mercados” en paralelo. Uno que distribuye las migajas a las poblaciones, con una mayoría de la población bien empobrecida o bien precarizada y subsidiada por una renta básica y un gran entretenimiento (drogas, plataformas, contenidos basura, juego… accesible y a bajo precio). Y otro mercado más selecto, con artículos de lujo para las minorías que se beneficien de forma exponencial de este sistema. Aunque el primero, siga surtiendo de riqueza al segundo.

La IA es una herramienta tecnológica y la política debe ser el ejercicio del Bien Común. El futuro del trabajo en la era de la IA no está predeterminado por la tecnología, sino por las opciones políticas y éticas que tomemos hoy. Habrá que empezar por dignificar auténticamente al ser humano. Cuando se utiliza la tecnología de manera que respete la dignidad humana y promueva el bienestar de los individuos y las comunidades, puede contribuir favorablemente a la vocación humana, y en este caso a la vocación profesional.

Convertir las espadas en arados, sobre los que la humanidad amarre sus manos, es una obligación moral y política de primer orden. Dejar hacer es una grandísima irresponsabilidad para nosotros y las generaciones venideras.


  1. El reskilling permite a empresas y profesionales adaptarse al cambio tecnológico

  2. Los agentes de IA son sistemas de software autónomos que utilizan inteligencia artificial para razonar, planificar, utilizar herramientas y tomar decisiones con el fin de lograr objetivos complejos en nombre de los usuarios. A diferencia de los chatbots tradicionales, operan con un nivel de autonomía, memoria y capacidad de aprendizaje continuo para interactuar con su entorno y realizar tareas secuenciales sin intervención constante.

  3. Gilles Saint-Paul (nacido el 8 de febrero de 1963) es un economista francés de la Escuela de Economía de París

  4. Las preferencias no homotéticas implican que, cuando los ingresos suben, la proporción del gasto en ciertos bienes (bienes de lujo o servicios sofisticados) aumenta, mientras que en otros (bienes básicos) disminuye. La IA potencia este fenómeno.

  5. Es cofundador y director ejecutivo de Anthropic, la empresa responsable de Claude, un modelo extenso de lenguaje.

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