El Curso Norte-Sur del Aula Malagón-Rovirosa 2026, ha denunciado el negocio de la guerra con los más de 60 conflictos armados que transforman el sufrimiento en beneficios económicos. Mientras empresas como Lockheed Martin o Indra se lucran con la muerte, y la inteligencia artificial abarata el asesinato con drones de apenas 500€, la respuesta debe ser un «NO» rotundo a un sistema que nos encadena a la deuda de la industria armamentística y alimenta el posterior negocio de la reconstrucción.

Frente a esa lógica de destrucción, el curso nos trasladó a las periferias de nuestras ciudades, donde la verdadera salvación no viene del dinero, sino de la alegría del servicio. Parroquias de barrios marginales que se convierten en lugares de acogida. Allí descubrimos que no somos nosotros quienes «vamos» a los pobres, sino que son ellos quienes nos rescatan de nuestras cadenas. Esta invitación a una vida más sencilla y comprometida nos permite desenmascarar también el negocio de la salud. Una industria farmacéutica que especula con medicamentos muchas veces financiados con fondos públicos, así como organismos como la OMS, cuya independencia se ve comprometida por la financiación privada que la sostiene. Ante esta realidad, nuestra respuesta debe ser la defensa de la verdad.

Ese compromiso con la verdad se vuelve especialmente urgente al mirar lo que esconden las clínicas de fecundación. Bajo una fachada de progreso, se oculta un mercado que explota a mujeres vulnerables y destruye a sus hijos, convirtiendo el milagro de la vida en un producto de consumo. Frente a la visión del hijo como un «derecho», es necesario proponer la belleza del hijo como un don, un don que protege el vínculo sagrado entre madre e hijo.
Esta apuesta por la dignidad nos lleva a los cuidados paliativos, la respuesta humana y solidaria frente a esta cultura de muerte y de una vida en soledad. que afecta al 20% de nuestra sociedad. Cuidar no es solo tratar una enfermedad, es sobre todo abrazar a la persona entera en su debilidad, devolviendo el sentido al sufrimiento y rechazando la eutanasia como una salida falsa que ignora el grito de auxilio del que se siente solo.
Finalmente, el curso nos llama a la acción política «desde abajo», inspirándonos en la mística y las experiencias de las antiguas misiones, donde indígenas y sacerdotes compartían la producción, el trabajo y la vida diaria. También hemos dialogado de la extrema violencia, como los que enfrentan los jóvenes en Venezuela, se nos desafía a romper el círculo del odio mediante una educación y un compromiso que huya del aburguesamiento para consagrar la vida a la justicia y el bien común de manera asociada.

Llegamos así al horizonte de una paz desarmada y desarmante. Una paz desarmada porque exige desmantelar no solo los arsenales, sino también transformar este sistema económico y financiero que se alimenta de las guerras, la expoliación de la Tierra y de los empobrecidos. Pero, sobre todo, una paz desarmante que desde la confianza en Dios y en la vida solidaria, sea capaz de vencer a la violencia. Es la esperanza de una nueva red de «temerosos de Dios» que, sintiéndose familia de familias, trabajemos incansablemente para que la vida sea sagrada desde la concepción hasta la muerte natural. Es el mismo grito que hemos llevado a las calles de Pamplona con la megafonía y las publicaciones, siendo voz de los sin voz, despetadores de una sociedad adormecida.
Por ello os invitamos a continuar este camino juntos desde vuestras localidades junto a los amigos del movimiento uniéndoos a los grupos y actos que vamos realizando a lo largo del año.
Para terminar recordar esta estrofa de la canción que cantamos durante la concentración: “también será posible que, esa hermosa mañana ni tú, ni yo, ni el otro la lleguemos a ver pero habra que forzarla para que pueda ser”. Esa ‘hermosa mañana’ es el Reino que Dios nos promete. Os invito a llevar hacia el altar el compromiso de construir esa ‘hermosa mañana’ del Reino, entregando nuestra vida por los hermanos, por la justicia, por la paz, y todo cante la Gloria de Dios. Por tanto, ¡Ánimo! La victoria es nuestra pues la vida ya ha vencido a la muerte.
Carmelo M.
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