Algunos textos para la reflexión de la Doctrina Social de la Iglesia (D.S.I.).

5951

La editorial Voz de los Sin Voz quiere contribuir a dar a conocer este tesoro y a que se haga vida. Pone a tu disposición excelentes libros y videos realizados por expertos, para profundizar sobre la tan silenciada y manipulada D.S.I. La Populorum Progressio fue motejada por el Wall Street Journal, altavoz del capitalismo financiero norteamericano, de `marxismo recalentado´, y la `Laborem Exercens´, de producto de una mente eslava necesitada de una correcta traducción a la mentalidad occidental».


Publicado por Solidaridad.net
08/01/2003

FE E INJUSTICIA

«La enseñanza social de la Iglesia nació del encuentro del mensaje evangélico y de sus exigencias con los problemas que surgen en la vida de la sociedad. Se ha constituido en una doctrina, utilizando los recursos del saber y de las ciencias humanas; se proyecta sobre los aspectos éticos de la vida y toma en cuenta los aspectos técnicos de los problemas pero siempre para juzgarlos desde el punto de vista moral». Libertatis conscientia, nº 72.

«Los principios fundamentan los criterios para emitir un juicio sobre las situaciones, las estructuras y los sistemas sociales. Así, la Iglesia no duda en denunciar las condiciones de vida que atentan a la dignidad y a la libertad del hombre. Estos criterios permiten también juzgar el valor de las estructuras, las cuales son el conjunto de instituciones y de realizaciones prácticas que los hombres encuentran ya existentes o que crean, en el plano nacional e internacional, y que orientan y organizan la vida económica, social y política. Aunque son necesarias, tienden con frecuencia a establecerse y cristalizar como mecanismos relativamente independientes de la voluntad humana, paralizando con ello o alterando el desarrollo social y generando la injusticia.
Los criterios de juicio conciernen también a los sistemas económicos, sociales y políticos. La Doctrina Social de la Iglesia no propone ningún sistema particular, pero, a la luz, de sus principios fundamentales, hace posible, ante todo, ver en qué medida los sistemas existentes resultan conformes o no a las exigencias de la dignidad humana». Libertatis conscientia, nº 74.

«Frente a tantos interrogantes, la Iglesia hace un esfuerzo de reflexión para responder, dentro de su propio campo, a las esperanzas de los hombres. El que hoy los problemas parezcan originales, debido a su amplitud y urgencia ¿quiere decir que el hombre se halla impreparado para resolverlos? La enseñanza social de la Iglesia acompaña con todo su dinamismo a los hombres en su búsqueda… Se desarrolla por medio de una reflexión madurada al contacto con situaciones cambiantes de este mundo, bajo el impulso del Evangelio como fuente de renovación, desde el momento que su mensaje es aceptado en su totalidad y en sus exigencias. Se desarrolla con la sensibilidad propia de la Iglesia, marcada por una voluntad desinteresada de servicio y una atención a los más pobres; finalmente, se alimenta en una experiencia rica de muchos siglos, lo que permite asumir en la continuidad de sus preocupaciones permanentes la innovación atrevida y creadora que requiere la situación presente del mundo». Octogesima adveniens, nº 42.

«La Doctrina Social de la Iglesia es el conjunto de orientaciones doctrinales y criterios de acción que tienen su fuente en la Sagrada Escritura, en la enseñanza de los padres y grandes teólogos de la Iglesia y en el magisterio, especialmente de los últimos papas». Puebla, nº 472.

«La finalidad de esta doctrina de la Iglesia es siempre la promoción y liberación integral de la persona humana en su dimensión terrena y trascendente, contribuyendo así a la construcción del Reino último y definitivo, sin confundir, con todo, progreso terrestre y crecimiento del Reino de Cristo». Puebla, nº 475.

«Existe el funesto y execrable IMPERIALISMO INTERNACIONAL DEL DINERO, para el cual, donde el bien, allí la patria». Quadragesimo Anno, nº 109.

«La Populorum Progressio fue motejada por el Wall Street Journal, altavoz del capitalismo financiero norteamericano, de `marxismo recalentado´, y la `Laborem Exercens´, de producto de una mente eslava necesitada de una correcta traducción a la mentalidad occidental». Rafael Belda.

«Indigente galimatías (…) mamarrachada de brujería tercermundista y antidemocrática». Jean Francois Revel, «El conocimiento inútil», refiriéndose a la encíclica Sollicitudo rei socialis.

DOS TIPOS DE CRISTIANISMO

Competen a los laicos propiamente, aunque no exclusivamente, las tareas y el dinamismo seculares. Cuando actúan, individual o colectivamente, como ciudadanos del mundo, no solamente deben cumplir las leyes propias de cada disciplina, sino que deben esforzarse por adquirir verdadera competencia en todos los campos (…) Conscientes de las exigencias de la fe y vigorizados con sus energías, acometan sin vacilar, cuando sea necesario, nuevas iniciativas y llévenlas a buen término. Gaudium et spes, nº 43.

Es preciso, con todo, que los seglares tomen como función suya la restauración del orden temporal, y que, conducidos por la luz del Evangelio y por la mente de la Iglesia, y movidos por la caridad cristiana, obren directamente y en forma concreta en dicho orden; que cooperen ciudadanos entre ciudadanos con sus conocimientos especiales y su responsabilidad propia; y que busquen en todas partes y en todo la justicia del Reino de Dios. Hay que establecer el orden temporal de forma que, observando íntegramente sus propias leyes, esté conforme además con los principios de la vida cristiana, y se adapte a las variadas circunstancias de lugares, tiempos y pueblos. Apostolicam actuositatem, nº 7.

Se nos ha advertido de que nada le aprovecha al hombre ganar el mundo entero si él mismo se pierde. No obstante, la esperanza de una tierra nueva no debe atenuar, sino más bien estimular el empeño por cultivar esta tierra en donde crece ese Cuerpo de la nueva familia humana que ya nos puede ofrecer un cierto esbozo del mundo nuevo. Por lo tanto, aunque haya que distinguir con cuidado el progreso terreno del desarrollo del Reino de Cristo, sin embargo, el progreso terreno, en cuanto que puede ayudar a organizar mejor la sociedad humana, es de gran importancia para el Reino de Dios. Gaudium et spes, nº 39.

Si por autonomía de las realidades terrestres entendemos que las cosas creadas y las sociedades gozan de leyes y valores propios, que el hombre va gradualmente conociendo, aplicando y organizando, es absolutamente legítimo exigir esa autonomía, y no es sólo una reclamación de los hombres de hoy, sino algo que responde a la voluntad del Creador. Pues, por el hecho mismo de la creación, todas las cosas han sido estructuradas con una consistencia propia, con verdad, con bondad y con leyes propias, y según un orden, que el hombre debe respetar, teniendo en cuenta los métodos propios de cada ciencia y de cada técnica. Gaudium et spes, nº 36.

«No deben oponerse falsamente entre sí, por una parte, las actividades profesionales y sociales y, por otra, la vida religiosa. El cristiano que descuida sus deberes temporales descuida sus deberes para con el prójimo, e incluso para con Dios, y pone en peligro su salvación eterna. Que los cristianos sientan la alegría de, siguiendo el ejemplo de Cristo, que ejerció un trabajo de artesano, poder ejercer todas sus actividades terrestres, aunando los esfuerzos humanos, familiares, profesionales, científicos o técnicos en una síntesis vital con los bienes religiosos, bajo cuya suprema ordenación todas las cosas se coordinan para la gloria de Dios». Gaudium et Spes, nº 43.

Por tanto, no se justifican ni la desesperación ni el pesimismo, ni la pasividad. Aunque con tristeza conviene decir que, así como se puede pecar por egoísmo. Por afán de ganancia exagerada y de poder, se puede faltar también -ante las urgentes necesidades de unas muchedumbres hundidas en el subdesarrollo- por temor, indecisión y, en el fondo, cobardía. Sollicitudo rei socialis, nº 49.

LA PROPIEDAD

«Si el obrero presta sus fuerzas o su habilidad a otro: lo hará por esta razón para conseguir lo necesario para la comida y el vestido; y por ello, merced al trabajo aportado, adquiere un verdadero y perfecto derecho no sólo a exigir el salario, sino también para emplearlo a su gusto. Luego si, reduciendo sus gastos, ahorra algo e invierte el fruto de sus ahorros en una finca, con lo que puede asegurarse más su manutención, esta finca realmente no es otra cosa que el mismo salario revestido de otra apariencia, y de ahí que la finca adquirida por el obrero de esta forma debe ser tan de su dominio como el salario ganado con su trabajo». Rerum Novarum, nº3.

«No basta, sin embargo, afirmar que el hombre tiene un derecho natural a la propiedad privada de los bienes, incluidos los de producción, si, al mismo tiempo, no se procura con toda energía que se extienda a todas las clases el ejercicio de este derecho». Mater et magistra, nº 113.

«…según el orden establecido por Dios, el derecho de propiedad privada no puede en modo alguno constituir un obstáculo para que sea satisfecha la indestructible exigencia de que los bienes creados por Dios para provecho de todos los hombres lleguen con equidad a todos, de acuerdo con los principios de la justicia y de la caridad». Mater et Magistra.

«La propiedad privada no constituye para nadie un derecho incondicional y absoluto. No hay ninguna razón para reservarse en uso exclusivo lo que supera a la propia necesidad, cuando a los demás les falta lo necesario. En una palabra: el derecho de propiedad no debe jamás ejercitarse con detrimento de la utilidad común, según la doctrina tradicional de los Padres de la Iglesia y de los grandes teólogos. Si llegase el conflicto entre los derechos privados adquiridos y las exigencias comunitarias primordiales, toca a los poderes públicos procurar una solución, con la activa participación de las personas y de los grupos sociales». Populorum Progressio, nº 23.

«Como la propiedad y las otras formas de dominio privado sobre los bienes externos contribuyen a la expresión de la persona, y como además le facilitan el ejercicio de su función en la sociedad y en la economía, es muy interesante que se fomente el acceso, tanto de individuos como de comunidades, al dominio de determinados bienes exteriores». Gaudium et spes, nº 71.

«Los bienes de este mundo están originariamente destinados a todos. El derecho a la propiedad privada es válido y necesario, pero no anula el valor de tal principio. En efecto, sobre ella grava una hipoteca social, es decir, posee, como cualidad intrínseca, una función social fundada y justificada precisamente sobre el principio del destino universal de los bienes». Sollicitudo rei socialis, nº 42.

«La propiedad se adquiere ante todo mediante el trabajo, para que ella sirva al trabajo. Esto se refiere de modo especial a la propiedad de los medios de producción. El considerarlos aisladamente como un conjunto de propiedades separadas con el fin de contraponerlos en la forma de capital al trabajo y más aún realizar la explotación del trabajo, es contrario a la naturaleza misma de estos medios y de su posesión». Laborem exercens, nº 14.

«El problema clave de la ética social es el de la justa remuneración por el trabajo realizado. No existe en el contexto actual otro modo mejor para cumplir la justicia en las relaciones trabajador-empresario que el constituido precisamente por la remuneración del trabajo». Laborem exercens, nº 19.

USO CRISTIANO DE LOS BIENES

«No es parte de tus bienes lo que tú das al pobre; lo que le das le pertenece. Porque lo que ha sido dado para uso de todos, tú te lo apropias. La tierra ha sido dada para todo el mundo y no solamente para los ricos». San Ambrosio, De Nabut 12, 53.

«En ti debe haber una fuente, no una bolsa». San Agustín, Sermones, 355.

«El rico soberbio no posee, sino más bien es poseído». San Agustín, Sermones. II.

«No creo de ninguna manera que la distinción de ricos y pobres venga de Dios».
San Gregorio Nacianceno, Discursos, 14,36,25.

«Lo que le das al pobre le pertenece». San Juan Crisóstomo.

«No es posible enriquecerse sin cometer mil iniquidades». San Juan Crisóstomo.

«El bien común exige, pues, algunas veces la expropiación, si, por el hecho de su extensión, de su explotación deficiente o nula, de la miseria que de ello resulta a la población, del daño considerable producido a los intereses del país, algunas posesiones sirven de obstáculo a la prosperidad colectiva». Populorum progressio, nº 24.

«En estos últimos años, como es sabido, en las empresas económicas de mayor importancia se ha ido acentuando cada vez más la separación entre la función que corresponde a los propietarios de los bienes de producción y la responsabilidad que incumbe a los directores de la empresa. Esta situación crea grandes dificultades a las autoridades del estado, las cuales han de vigilar cuidadosamente para que los objetivos que pretenden los dirigentes de las grandes organizaciones, sobre todo de aquellas que mayor influencia ejercen en la vida económica de todo el país, no se desvíen en modo alguno de las exigencias del bien común. Son dificultades que , como la experiencia demuestra, se plantean igualmente tanto si los capitales necesarios para las grandes empresas son de propiedad privada como si pertenecen a entidades públicas». Mater et Magistra.

«Desde luego, no se podría admitir que ciudadanos provistos de rentas abundantes, provenientes de los recursos y de la actividad nacional, las transfiriesen en parte considerable al extranjero por puro provecho personal, sin preocuparse del daño evidente que con ello infligirían a la propia patria». Populorum progressio, nº 24.

«La propiedad de los medios de producción, tanto en el campo industrial como en el agrícola, es justa y legítima cuando se emplea para un trabajo útil; pero resulta ilegítima cuando no es valorada o sirve para impedir el trabajo de los demás y obtener unas ganancias que no son fruto de la expansión global del trabajo y la riqueza social, sino más bien de su compresión, de la explotación ilícita, de la especulación y de la ruptura de la solidaridad en el mundo laboral. Este tipo de propiedad no tiene ninguna justificación y constituye un abuso ante Dios y los hombres». Centesimus annus, nº 43.

CONFLICTIVIDAD

«Este es, pues, el cuadro: están aquellos -los pocos que poseen mucho- que no llegan verdaderamente a ser, porque, por una inversión de la jerarquía de los valores, se encuentran impedidos por el culto del tener; y están los otros -los muchos que poseen poco o nada-, los cuales no consiguen realizar su vocación humana fundamental al carecer de los bienes indispensables». Sollicitudo rei Socialis, nº 24.

«El nuevo humanitarismo proclamado por la Iglesia que rechaza toda idolatría, permitirá al hombre hallarse a sí mismo, asumiendo los valores del amor, de la amistad, de la oración y de la contemplación. Así podrá realizar en toda su plenitud el verdadero desarrollo que es el paso de las condiciones de vida menos humanas a condiciones más humanas. De este modo se planificará la economía al servicio del hombre y no el hombre al servicio de la economía. Será la única manera de que el tener no ahogue al ser». Puebla, nº 497.

«No es malo el deseo de vivir mejor, pero es equivocado el estilo de vida que se presume como mejor, cuando está orientado a tener y no a ser, y que quiere tener más no para ser más, sino para consumir la existencia en un goce que se propone como fin en sí mismo. Por esto es necesario esforzarse por implantar estilos de vida a tenor de los cuales la búsqueda de la verdad, de la belleza y del bien, así como la comunión con los demás hombres para un crecimiento común sean los elementos que determinen las opciones del consumo, los ahorros y las inversiones». Centesimus annus, nº 36.

«El hombre pecador, habiendo hecho de sí su propio centro, busca afirmarse y satisfacer su anhelo de infinito sirviéndose de las cosas: riquezas, poder y placeres, despreciando a los demás hombres a los que despoja injustamente y trata como objetos o instrumentos. De este modo contribuye por su parte a la creación de estas estructuras de explotación y de servidumbre que, por otra parte, pretende denunciar». Libertatis Conscientia, 42.

«Hay mecanismos que por encontrarse impregnados no de un auténtico humanismo sino de materialismo, producen a nivel internacional ricos cada vez más ricos a costa de pobres cada vez más pobres. Tales mecanismos se manifiestan en una sociedad programada muchas veces a la luz del egoísmo, en las manipulaciones de la opinión pública, en expropiaciones invisibles y en nuevas formas de dominio supranacional, pues crecen las distancias entre las naciones ricas y pobres. Hay que añadir, además, que en muchos casos, el poderío de empresas multinacionales se sobrepone al ejercicio de la soberanía de las naciones y al pleno dominio de sus recursos naturales». Puebla, nº 1264.

«Las exigencias sindicales no pueden transformarse en una especie de egoísmo de grupo o de clase». Laborem exercens, nº 20.

LUCHA DE CLASES

«Uniendo el propio sufrimiento por la verdad y la libertad al de Cristo en la cruz, es así como el hombre puede hacer el milagro de la paz y ponerse en condiciones de acertar con el sendero a veces estrecho entre la mezquindad que cede al mal y la violencia que, creyendo ilusoriamente combatirlo lo agrava». Centesimus annus, nº 25.

«La amplitud del fenómeno pone en tela de juicio las estructuras y los mecanismos financieros, monetarios, productivos y comerciales que, apoyados en diversas presiones políticas, rigen la economía mundial: ellos se revelan casi incapaces de absorber las injustas situaciones sociales heredadas del pasado y de enfrentarse a los urgentes desafíos y a las exigencias éticas. Sometiendo al hombre a las tensiones creadas por él mismo, dilapidando a ritmo acelerado los recursos materiales y energéticos, comprometiendo el ambiente geofísico, estas estructuras hacen extenderse continuamente las zonas de miseria y con ella la angustia, frustración y amargura… No se avanzará en este camino difícil de las indispensables transformaciones de las estructuras de la vida económica, si no se realiza una verdadera conversión de las mentalidades y de los corazones. La tarea requiere el compromiso decidido de hombres y de pueblos libres y solidarios». Redemptor hominis, nº 16.

«Tal conflicto ha surgido por el hecho de que los trabajadores, ofreciendo sus fuerzas para el trabajo, las ponían a disposición del grupo de los empresarios, y que éste, guiado por el principio del máximo rendimiento, trataba de establecer el salario más bajo posible para el trabajo realizado por los obreros. A esto hay que añadir también otros elementos de explotación, unidos a la falta de seguridad en el trabajo y también de garantías sobre las condiciones de salud y la vida de los obreros y de sus familias». Laborem exercens, nº 11.

«…la dictadura económica ha suplantado al mercado libre; al deseo de lucro ha sucedido la desenfrenada ambición del poder; la economía toda se ha hecho horriblemente dura, inexorable, cruel. De aquí se seguía lógicamente que hasta las funciones públicas se pusieran al servicio de lo económicamente poderosos; y de esta manera las riquezas acumuladas tiranizaban en cierto modo a todas las naciones.» Mater et magistra.

«Los países altamente industrializados y, más aún, las empresas que dirigen a gran escala los medios de producción industrial (las llamadas sociedades multinacionales o transnacionales), ponen precios lo más alto posibles para sus productos, mientras procuran establecer precios lo más bajo posibles para las materias primas o a medio elaborar, lo cual entre otras causas tiene como resultado una desproporción cada vez mayor entre los réditos nacionales de los respectivos países. La distancia entre la mayor parte de los países ricos y los países más pobres no disminuye ni se nivela, sino que aumenta cada vez más, obviamente en perjuicio de estos últimos». Laborem Exercens, nº 17.

«La Lucha de clases, efectivamente, siempre que se abstenga de enemistades y de odio mutuo, insensiblemente se convierte en una honesta discusión, fundada en el amor a la justicia, que si no es aquella dichosa paz social que todos anhelamos, puede y debe ser el principio por donde se llegue a la mutua cooperación profesional». Quadragesimo anno, n º 114.

«Entre los derechos fundamentales de la persona humana debe contarse el derecho de los obreros a fundar libremente asociaciones que representen auténticamente al trabajador y puedan colaborar en la recta ordenación de la vida económica, así como también el derecho de participar libremente en las actividades de las asociaciones sin riesgo de represalias». Gaudium et spes, nº 68.

ALIENACIÓN RELIGIOSA

«La experiencia histórica de Occidente, por su parte, demuestra que, si bien el análisis y el fundamento marxista de la alienación son falsas, sin embargo, la alienación, junto con la pérdida de sentido auténtico de la existencia, es una realidad incluso en las sociedades occidentales. En efecto, la alienación se verifica en el consumo, cuando el hombre se ve implicado en una red de satisfacciones falsas y superficiales, en vez de ser ayudado a experimentar su personalidad auténtica y concreta. La alienación se verifica también en el trabajo cuando se organiza de manera tal que «maximaliza» solamente sus frutos y ganancias y no se preocupa de que el trabajador, mediante el trabajo, se realice como hombre. Según aumente su participación en un auténtica comunidad solidaria». Centesimus annus, nº 41.

«En lo íntimo de la conciencia moral se produce el eclipse del sentido de Dios y del hombre, con todas sus múltiples y funestas consecuencias para la vida. Se pone en duda, sobre todo, la conciencia de cada persona, que en su unicidad e irrepetibilidad se encuentra sola ante Dios. Pero también se cuestiona, en cierto sentido, la conciencia moral de la sociedad. Esta es de algún modo responsable, no sólo porque tolera o favorece comportamientos contrarios a la vida, sino también porque alimenta la cultura de la muerte, llegando a crear y consolidar verdaderas y auténticas estructuras de pecado contra la vida. La conciencia moral, tanto individual como social, está hoy sometida, a causa también del fuerte influjo de muchos medios de comunicación social, a un peligro gravísimo y mortal, el de la confusión entre el bien y el mal en relación con el mismo derecho fundamental a la vida». Evangelium Vitae, nº 24.

«La vida se confía al hombre como un tesoro que no se debe malgastar, como un talento a negociar. El hombre debe rendir cuentas de ella a su Señor (cf. Mt 25,14-30;Lc 19,12-27)». Evangelium Vitae, nº 52.

«La Iglesia, y cada cristiano, está llamado a participar de la función real de Cristo en la cruz, de la gracia y de la responsabilidad del Hijo del hombre, que no ha venido a ser servido sino a servir». Veritatis splendor, nº 87.

«Quienes voluntariamente pretenden apartar de su corazón a Dios y soslayar las cuestiones religiosas, desoyen el dictamen de su conciencia y, por tanto, no carecen de culpa. Sin embargo, también los creyentes tienen en esto su parte de responsabilidad. Por que el ateísmo considerado en su total integridad, no es un fenómeno originario, sino un fenómeno derivado de varias causas, entre las que se debe contar también la reacción crítica contra las religiones, y, ciertamente en algunas zonas del mundo, sobre todo contra la religión cristiana. Por lo cual, en esta génesis del ateísmo pueden tener parte no pequeña los propios creyentes, en cuanto que, con el descuido de la educación religiosa, o con la exposición inadecuada de la doctrina, o incluso con los defectos de su vida religiosa, moral y social, han velado más bien que revelado el genuino rostro de dios y de la religión». Gaudium et spes, nº 19.

«Para establecer un adecuado discernimiento del fenómeno de la no creencia con miras a un diálogo efectivo, es necesario tener presente la variedad de causas que lo generan, tales como las interrelaciones profundas entre las objetivaciones del pecado en lo económico, lo social, lo político e ideológico-cultural, así como las ambivalencias de toda búsqueda sincera de la verdad y de la promoción de la libertad. Tal vez la misma Iglesia no puede considerarse sin culpa en este orden de cosas. No raras veces los no creyentes se distinguen por el ejercicio de valores humanos que están en la línea del Evangelio. La época no es extraña, sin embargo, a formas de ateísmo militante y a humanismos que obstruyen un desarrollo integral de la persona». Puebla, nº 1.113.

PADRE NUESTRO

«No podemos invocar a Dios, Padre de todos, si nos negamos a conducirnos fraternalmente con algunos hombres, creados a imagen de Dios. La relación del hombre para con Dios y la relación del hombre para con los hombres sus hermanos están de tal forma unidas que, como dice la Escritura, el que no ama, no ha conocido a Dios (I Jn, 4,8)». Concilio Vaticano II, Declaración Nostra aetate, nº 5.

«Padre todopoderoso, escucha las súplicas de quienes te quieren, te pedimos que acompañes a los que cruzan las cimas de los cielos para llevar la batalla al enemigo. Te imploramos que los guardes durante su misión. Que los hombres que vuelan esta noche vuelvan sanos y salvos por tu misericordia, sostenidos por nuestras creencias… Amén». Capellán militar Downey, bendiciendo a la tripulación del Enola Gay en su misión de arrojar la bomba atómica sobre Hiroshima.

«Ninguna laceración debe atentar contra la armonía entre la fe y la vida: la unidad de la Iglesia es herida no sólo por los cristianos que rechazan y falsean la verdad, sino también por aquellos que desconocen las obligaciones morales a las que los llama el Evangelio (1 Co 5,9-13). Los Apóstoles rechazaron con decisión toda disociación entre el compromiso del corazón y las acciones que lo expresan y demuestran». Veritatis splendor, nº 26.

«Quienes participamos de la Eucaristía estamos llamados a descubrir, mediante este sacramento, el sentido profundo de nuestra acción en el mundo a favor del desarrollo y de la paz; y a recibir de él las energías para empeñarnos en ello, cada vez más generosamente, a ejemplo de Cristo, que en este Sacramento da la vida por sus amigos». Sollicitudo rei socialis, nº 48.

«Innumerables mártires aceptaron las persecuciones y la muerte antes que hacer el gesto idolátrico de quemar incienso ante la estatua del emperador (Ap 13,7-10). Incluso rechazaron simular semejante culto». Veritatis splendor, nº 91.

«El evangelio nos enseña que, ante las realidades que vivimos, no se puede hoy amar de veras al hermano y por lo tanto a Dios, sin comprometerse a nivel personal y en muchos casos a nivel de estructuras, con el servicio y la promoción de los grupos humanos y de los estratos sociales más desposeídos y humillados, con todas las consecuencias que se siguen en el plano de esas realidades temporales». Puebla, nº 327.

«Si ves la caridad, ves la trinidad». San Agustín.

«El campo político abarca los intereses de la sociedad entera; y, en este sentido, es el campo de la más vasta caridad, de la caridad política, de la caridad de la sociedad». Pío XI, Discurso a la F.UC.I., 18 de noviembre de 1927.

«La paz y el desarrollo también son cuestión religiosa». Juan Pablo II.

«Quien quiera hacerse templo del Señor debe hallar su gozo en lo común, no en lo privado». San Agustín, Comentario al Salmo 131, 5.