Campaña Por la Justicia en las relaciones Norte-Sur

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Hay hechos que no por repetidos debieran perder su impacto. El Hambre es uno de ellos. El Hambre con mayúsculas no es sólo la desnutrición, que sigue condenando a 1000 millones de personas de nuestro planeta.

Hambre, con mayúsculas, es estar privado, deliberadamente privado, de poder cubrir todas las necesidades que llamamos básicas: alimentación (comida y bebida), protección, salud, educación, vivienda. Y ello tiene que ver, lógicamente, con un sistema que imposibilita acceder a un trabajo y un salario digno. El Hambre con mayúsculas, no caigamos en la trampa de las interesadas estadísticas, afecta a más del 83% de la humanidad. En este mundo, con sólo un 1% de lo dedicado a financiar al corrupto sistema financiero bastaría para que nadie estuviera hambriento. En un mundo que desperdicia, según la propia FAO, entre el 10 y el 40% de los alimentos que se producen, que convierte los bienes básicos necesarios en mercancías para especular, dónde se ha instalado el abismo de la desigualdad… el Hambre, conviene recordarlo, es un asesinato. Y un asesinato político.

Y llamar justicia y solidaridad a las “ayudas”, a los “apadrinamientos”, a las “campañas”, a los “proyectos” parciales o al llamado “comercio justo”, es prostituir una justicia y una solidaridad que no pueden conformarse con menos que acabar YA, en este mismo momento, con el Hambre… Es criminal llamar “solidaridad y justicia” a todo el asistencialismo paternalista, ya sea privado o del Estado. El asistencialismo juega con la buena voluntad de las personas (y su “buena conciencia”) y sirve para ocultar la causa principal de esta situación: una falta real de voluntad política. Mientras se ensalza el asistencialismo de la “sociedad civil”, todas las reformas políticas que con la “crisis” está promoviendo el imperialismo transnacional están sirviendo para apuntalar el actual “desorden” institucional basado en el afán de lucro y el afán de poder.

Hoy, la Campaña Por la Justicia en las relaciones Norte-Sur que lanzó hace 25 años el Movimiento Cultural Cristiano y que está secundada por Camino Juvenil Solidario y el Partido SAIn, tiene más sentido que nunca. Desde el primer momento denunció tanto sus causas políticas como el asistencialismo que estaba destinado a ocultarlas. Hoy es evidente ya para todos que sin esa voluntad política, que sólo nacerá de una nueva cultura y una nueva civilización de la solidaridad, este problema no tendrá remedio.

Editorial de la revista Autogestión