China: Tierras raras, energía y guerra por su control en el siglo XXI

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Bajo el mantra de la sostenibilidad, el cambio tecnológico y energético que pagan los de abajo, están también gravitando los grandes intereses por las tierras raras. Son esos peculiares metales que se han convertido en indispensables para fabricar desde smartphones, coches eléctricos y hasta aerogeneradores de energía eólica.

Es un recurso escaso, y como siempre en estos casos es objeto de disputa geopolítica (bien por las «malas» o por las «peores»). A día de hoy estos minerales están casi exclusivamente en manos de China y la actual pugna por su dominio amenaza también a los equilibrios geopolíticos. Es uno de los principales frentes de la guerra comercial abierta con la otra superpotencia, EEUU —con el telón de fondo del golpe de estado en Myanmar, un país casi tan ignorado hasta ahora como estos elementos químicos arrinconados al fondo de la tabla periódica.

La revolución de las energías renovables ha traído muy pocas cosas buenas y bastantes malas noticias. Si bien es cierto que en tan solo una década hemos multiplicado por 7 la producción de energía eólica y por 44 la de energía solar, hemos de tener en cuenta otros inconvenientes más allá del CO2 emitido.

1. Los costos de esta transición la pagan los más pobres (véase el caso español y el actual precio de la luz). La fuerte inversión necesaria para esta transición se convierte en la subida de los precios, el hundimiento de la industria electrointensiva…entre otros.

2. La otra clave estriba en la escasez y en la dificultad de conseguir los metales del grupo de las tierras raras, en medio de una fuerte demanda (como ejemplo el neodimio y el disprosio).

Un aerogenerador con potencia de producción de un megavatio necesita para funcionar una tonelada de imanes permanentes fabricados con estos dos elementos supermagnéticos. Y un coche de “cero emisiones” necesita del orden de un kilogramo de neodimio para su motor y también unos diez kilogramos de otras tierras raras para sus baterías recargables. Junto con otros métales como el litio o el vanadio, las tierras raras se han ganado el apelativo de “oro verde”, pues indispensables en la producción de bombillas de bajo consumo, placas solares o pilas de combustible y forman parte de los sistemas de almacenamiento de hidrógeno.

El “oro verde” para una energía «limpia»

El gran dominador mundial de este recurso crítico, China, ha pasado de producir tan solo 44.600 gigavatios de energía eólica en 2010 a multiplicar por diez esa cifra en 2020, con una gran inversión en parques eólicos marinos que pueblan el golfo de Bohai, en la costa noroeste el gigante asiático. Este impulso al sector eólico chino preocupa a los fabricantes europeos de automóviles, que temen por los suministros de tierras raras para fabricar sus coches híbridos y eléctricos.

China está haciendo su juego geopolítico al mantener el dominio sobre estos minerales, y ya ha ejercido su influencia en muchas zonas con esta llave. Pekín ha decidido jugar esa baza.

China está haciendo su juego geopolítico para mantener el dominio sobre estos minerales, y ya ha ejercido su influencia en muchas zonas con esta llave. Pekín ha decidido jugar esa baza. Recordemos que ya amenazó con interrumpir el suministro de tierras raras como respuesta al veto de Washington a Huawei. «China está considerando seriamente restringir las exportaciones de minerales raros», tuiteó entonces el editor del periódico estatal Global Times. «Si China cierra el grifo de esos materiales, sería como rebobinar la industria tecnológica varias décadas. Y nadie quiere tirar su iPhone y volver a Blackberry», analiza James Vincent en The Verge.

Ahora, con la retirada de Estados Unidos de Afganistán, el gigante asiático mira con ambición los depósitos de materias primas y minerales que atesora el subsuelo afgano.

Afganistán: El 70 por ciento del mercado de tierras raras lo controla China. Ahora, con la retirada de Estados Unidos de Afganistán, el gigante asiático mira con ambición los depósitos de materias primas y minerales que atesora el subsuelo afgano.

Y es que la única mina de Europa donde se obtenían estos materiales cerró en 1933. Estaba en Ytterby (Suecia) y allí se descubrieron a finales del siglo XVIII los denominados científicamente elementos de tierras raras: el escandio, el ytrio y los 15 del grupo de los lantánidos: lantano, cerio, praseodimio, neodimio, promecio, samario, europio, gadolinio, terbio, disprosio, holmio, erbio, tulio, iterbio y lutecio. Esta lista de extraños nombres (cuatro de ellos en homenaje a la mina sueca) resulta ajena hasta para muchos estudiantes de química, pues estos elementos han permanecido arrinconados tanto en un extremo de la tabla periódica como en los capítulos finales de los libros de texto de esta materia.

Por otra parte la minería de tierras raras es una actividad compleja, con una extracción que tiene un potente impacto sobre el entorno (al realizarse en minas a cielo abierto) y un procesamiento que genera gran cantidad de residuos tóxicos (pues para separar los diferentes minerales hay que lavarlos con ácidos). Tales condiciones, inaceptables para las sociedades occidentales desde finales del siglo XX, dejaron la producción de tierras raras en manos de China, donde están los mayores yacimientos del mundo —y además hay una legislación ambiental y unas condiciones laborales que permitieron a esta superpotencia asumir ese liderazgo.

China ya posee el 40 por ciento del grafito necesario para las pilas de combustible

En realidad, las tierras raras son la punta del iceberg de una carrera despiadada por el control de las materias primas. China ya posee el 40 por ciento del grafito necesario para las pilas de combustible. Y el 60 por ciento del magnesio, imprescindible para fabricar cerámica. Empresas chinas se han instalado en el Congo, de donde procede la mitad del cobalto mundial. Y también en las regiones productoras de litio de Chile y Australia. Compañías como Ganfeng o Tianqi compiten con los proveedores occidentales. China, en suma, controla ya la mitad de las materias primas del planeta. Y no se conforma con este planeta… 

China ha puesto una sonda en la cara oculta de la Luna. Los chinos aspiran a explotar los inmensos recursos de helio-3, un posible combustible para la fusión nuclear que «podría resolver la demanda energética de la humanidad durante los próximos diez mil años», señaló a la BBC Ouyang Ziyuan, un responsable chino del programa lunar.

Redacción Solidaridadnet

Fuentes del artículo

BBVA OPEN MIND

XL Semanal