COP26 en Glasgow: Un planteamiento ecológico basado en el negocio

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El 31 de octubre comenzó la COP26 en Glasgow (Escocia), una nueva cumbre del clima. Hasta la fecha se han celebrado ya 25 desde que en 1995 se tuviese lugar la primera en Berlín.

El objetivo que ronda en todas ellas es alcanzar acuerdos y compromisos para reducir las emisiones de los gases de efecto invernadero. En concreto, en la cumbre de Kyoto (1997) se acordó reducir las emisiones de seis de esos gases. El Protocolo aprobado establecía unos compromisos para los países desarrollados[1]: alcanzar una reducción media de las emisiones del 5 % en comparación con los niveles de 1990.

No dejamos de escuchar la necesidad urgente de tomar decisiones ante la evidencia de la alteración medioambiental. Sin embargo, pese a esa urgencia, el primer periodo de compromiso no se estableció hasta el quinquenio 2008-2012 (las cosas de palacio van despacio). En esa línea, en Doha (Qatar, diciembre de 2012) se volvió a aprobar un segundo periodo de compromiso (2013-2020) aunque aún no ha entrado en vigor. Es decir, en las cumbres se llegan a acuerdos que se retrasan o, directamente, no se cumplen.

¿Realmente existe una preocupación por la cuestión ambiental o, simplemente, se utiliza al medio ambiente como excusa para mantener el engranaje neoliberal de negocio a base de la explotación de recursos, obtención de beneficios y degradación ecológica? Pues más bien parece lo segundo.

Publicada en Diario de Sevilla el 29 octubre 2021

Cuando ha existido voluntad política para hacer frente a los problemas ambientales, las decisiones, los compromisos internacionales y las acciones han ido de la mano. Baste recordar el Protocolo de Montreal para recudir la emisión de gases que dañaban la capa de ozono. La publicación que demostró la existencia de un agujero de dimensiones enormes se produjo en 1985. En 1987 se negoció el acuerdo y el 1 de enero de 1989 este entró en vigor. Desde entonces, aquellos compromisos, aceptados y adoptados, han logrado una recuperación evidente de la capa de ozono.

Ahora, veremos qué derroteros toma esta cumbre del clima. ¿Servirá para endulzar este ecocapitalismo que ha transformado la visión de la realidad y ha generado estilos de vida en los que el hombre ha dejado de ser el punto de referencia? ¿Se seguirá apostando por soluciones técnicas, nuevos modelos energéticos, nuevas líneas de negocio…? ¿Se volverá a insistir en el control demográfico para reducir la presión sobre el ecosistema? ¿Se reforzarán las ideologías que sirven para la movilización sentimentalista que modela un nuevo modelo antropológico? ¿Qué nos transmitirán los medios de comunicación? ¿Saldrán a la luz las presiones de los lobbies y grupos de poder que financian estas cumbres? ¿Se potenciará el miedo para tener más controlada y domesticada a la población?

Debemos estar pendientes de los acontecimientos. Sería una gran sorpresa que aflorase un planteamiento ecológico basado en la justicia social[2].

 

Juan José Marín López

Biólogo. Prof. Universidad de Sevilla

[1] Países enriquecidos a cosas de la explotación, robo y expolio de los recursos de los países empobrecidos del sur.

[2] Un verdadero planteo ecológico se convierte siempre en un planteo social, que debe integrar la justicia en las discusiones sobre medio ambiente, para escuchar tanto el clamor de la tierra como el clamor de los pobres [Ls 49]. Buscar solo un remedio técnico a cada problema ambiental es aislar cosas que en la realidad están ENTRELAZADAS [Ls 111].