Del hantavirus al ébola: la invisibilidad de los empobrecidos

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¿Cúantos minutos se han dedicado telediarios, tertulias… al crucero de lujo del hantavirus y cúantos a la actual brote epidémico de ébola en África? Ésta no deja de ser una pregunta retórica que se responde sola. Los problemas de los enriquecidos siguen encabezando la agenda mediática. ¿Habrá que esperar a que se contagie algún español (europeo) para que tenga alguna relevancia en los noticieros? Los pobres no cuentan para nadie. Son para muchos, descartables.

Una zona rica en minerales

La provincia de Ituri (el epicentro del actual brote de Ébola) y las zonas vecinas del noreste de la República Democrática del Congo (RDC) albergan una paradoja trágica: es una de las regiones más ricas del planeta en recursos naturales estratégicos, pero su población vive en una pobreza extrema y con un sistema de salud colapsado. Uno de esos recursos es el oro. Y muy cerca de este epicentro, en la vecina provincia de Haut-Uele, se encuentra la mina de Kibali, una de las operaciones de extracción de oro más grandes de todo el continente africano (operada por transnacionales como Barrick Gold).

Datos: La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha declarado el brote de Ébola como una Emergencia de Salud Pública de Importancia Internacional (ESPII). El epicentro que como se ha dicho se sitúa en la provincia de Ituri, al noreste de la República Democrática del Congo (RDC), y la enfermedad ya se ha extendido transfronterizamente hacia Uganda. Localidades clave y de alto tránsito como Goma ya han registrado casos. Se han contabilizado alrededor de 246 casos sospechosos y más de 100 muertes, una cifra que evoluciona rápidamente.

Sin vacuna

A diferencia de brotes anteriores (como el de la cepa Ébola-Zaire para la que sí hay vacunas y terapias aprobadas), este brote está provocado por la cepa Bundibugyo. Actualmente no existen vacunas con licencia ni tratamientos específicos para esta variante. La contención depende enteramente del aislamiento rápido, el rastreo de contactos y las prácticas seguras de entierro.

Violencia y miseria

La zona afectada sufre graves problemas de inseguridad y violencia, conflictos armados y millones de personas desplazadas internamente. Organizaciones como el Comité Internacional de Rescate (IRC) denuncian que los sistemas de salud de la región están desmoronados tras años de destrozo institucional, de recortes en la financiación internacional y la retirada de donantes, dejando a los sanitarios locales sin siquiera equipos básicos de protección. Sin contar la fuga de cerebros y profesionales que sufre toda África.

El ébola puede considerarse una de las enfermedades fruto de la miseria y el robo a los pobres, pero no se investiga lo suficiente.

La investigación médica y farmacéutica global está motivada por el beneficio económico. Enfermedades que matan a millones de personas en países de bajos ingresos (como el Chagas, el dengue, la enfermedad del sueño, la leishmaniasis o ciertas cepas de Ébola) no reciben inversión porque quienes las padecen no pueden pagar medicamentos caros. 

Históricamente, el Ébola se descubrió en 1976, pero se investigó muy poco durante casi 40 años porque solo afectaba a aldeas pobres de África central. No fue hasta el gran brote de 2014-2016 —cuando el virus amenazó con llegar a Occidente y se contagiaron los primeros ciudadanos europeos y estadounidenses— que los países ricos y las farmacéuticas invirtieron masivamente en desarrollar la primera vacuna (para la cepa Zaire). Este hecho fue calificado por sociólogos y bioéticos como una prueba flagrante de la discriminación sanitaria global.

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