El Papa en Irak. El terrorismo y la muerte nunca tienen la última palabra.

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La visita del Papa a Iraq terminó ayer bajo el lema evangélico «Todos son hermanos». Fue una visita histórica, la primera de un Pontífice en el país del Golfo y en un país de mayoría chiíta, que comenzó el pasado 5 de marzo, una peregrinación largamente deseada para abrazar a un pueblo que ha sufrido tanto pero que también ha desarrollado un gran deseo de redención y de un futuro de paz.

Quedaron fijadas para siempre en los corazones de los iraquíes, las últimas palabras de saludo del Papa, pronunciadas tras la misa en Erbil en el estadio Hariri: «¡Salam, salam, salam! Que Dios los bendiga a todos. Que Dios bendiga a Iraq. Este país», volvió a decir el Papa, «permanecerá siempre en mi corazón. El encuentro con el gran ayatolá al Sistani en Nayaf, la oración contra la guerra en Mosul, antiguo bastión del Is; el abrazo a los cristianos de la llanura de Nínive, a quienes el Papa animó a no rendirse, a perdonar y a no perder nunca la esperanza. «En estos días -dijo ayer Francisco- he escuchado voces de dolor y angustia, pero también he escuchado voces de esperanza y consuelo. El terrorismo y la muerte nunca tienen la última palabra: «Quien sigue los caminos de Dios no puede estar contra alguien, sino a favor de todos».

Algunos hitos del viaje

En la llanura Ur de los Caldeos, tuvo lugar el encuentro interreligioso. Es desde esta ciudad donde Abraham habló con Dios por primera vez y desde donde comenzó su misión que vincula profundamente los destinos de judíos, cristianos y musulmanes.

«Este lugar bendito nos remite a los orígenes, a las fuentes de la obra de Dios, al nacimiento de nuestras religiones. Aquí, donde vivió nuestro padre Abrahán, nos parece que volvemos a casa. Él escuchó aquí la llamada de Dios, desde aquí partió para un viaje que iba a cambiar la historia. Nosotros somos el fruto de esa llamada y de ese viaje. Dios le pidió a Abrahán que mirara el cielo y contara las estrellas (cf. Gen 15,5). En esas estrellas vio la promesa de su descendencia, nos vio a nosotros. Y hoy nosotros, judíos, cristianos y musulmanes, junto con los hermanos y las hermanas de otras religiones, honramos al padre Abrahán del mismo modo que él: miramos al cielo y caminamos en la tierra», dijo el Papa Francisco en su discurso. 

En este vídeo síntesis, se puede ver la segunda jornada del Papa en Irak.

Mosul, escenarios de sangrientos atentados 

En la tercera jornada y última del Papa en Irak, el Santo Padre visitó Erbil, la mayor ciudad de la región autónoma del Kurdistán iraquí. Después acudió a la ciudad de Mosul, donde tuvo lugar la oración por las víctimas de la guerra. En Mosul, escenario de sangrientos atentados que derrumbaron el patrimonio religioso y cultural donde asesinaron a miles de personas y obligaron a huir todavía a muchas más, el Papa elevó sus plegarias a Dios, insistiendo en que en su nombre no se puede matar al hermano.

Después el sucesor de Pedro se trasladó hasta la ciudad de Qaraqosh, la única con población mayoritariamente cristiana en el país de Medio Oriente. En la recién reconstruida Catedral de la Inmaculada Concepción se encontró con la comunidad local y oró junto a ella el Ángelus. La Iglesia fue reconstruida por Ayuda a la Iglesia Necesitada después de los ataques del Estado Islámico.

Marco político de la visita. (elordenmundial.com)

La visita del papa Francisco ha generado grandes expectativas tanto para la comunidad cristiana como para el Gobierno de Irak, necesitado de legitimidad nacional e internacional. El primer ministro Mustafá al Kadhimi, nacionalista, secular y sin filiación partidista, consiguió el apoyo necesario para formar Gobierno en mayo de 2020, tras cinco meses de vacío de poder. Su predecesor, Adil Abdul Mahdi, dimitió ante las protestas populares que estallaron en octubre de 2019 y que las fuerzas de seguridad reprimieron con gran violencia. Las protestas, en su mayoría integradas por jóvenes, denunciaban la corrupción, el desempleo, las políticas divisorias basadas en el sectarismo y la incapacidad de la clase dirigente para liderar el país.

Junto con la crisis económica y la reconstrucción del país, uno de los retos principales del Gobierno de Al Kadhimi es dejar atrás esas divisiones sectarias, pese a la influencia de potencias regionales como Irán, principal potencia chií, y Arabia Saudí, principal actor suní. La población iraquí está compuesta por grupos étnico-religiosos diversos: alrededor del 65% son árabes chiíes, frente a una minoría suní del 30% formada por árabes y kurdos. Los cristianos representan el 1% de la población y el 4% restante se divide entre otros grupos. Al principio de su mandato, Al Kadhimi visitó la llanura de Nínive, el área con población cristiana más castigada por Dáesh, y describió a la comunidad cristiana como un componente importante en el proceso de reconstrucción nacional.

Sin embargo, no todos los actores en Irak muestran el mismo afán conciliador ni el mismo entusiasmo ante la visita del papa. El influyente clérigo chií y líder del partido Movimiento Sadrista, Muqtada al Sadr, ha asegurado que el papa es bienvenido. Pese a ser cercano a Irán y haber fundado la milicia chií Al Mahdi, que luchó contra la ocupación estadounidense, Al Sadr ha virado hacia una posición más moderada. Su partido incluso ha impulsado la creación de un comité para investigar las expropiaciones a los cristianos por parte de grupos organizados en connivencia con las autoridades. Precisamente, las Unidades de Movilización Popular (UMP), que agrupan milicias chiíes respaldadas por Irán, han mantenido el control sobre los territorios de mayoría cristiana que liberaron de Dáesh y es muy probable que no les agrade la visita del papa. No en vano, como cuentan con apoyo del Estado pero tienen una agenda política propia, se benefician de la inestabilidad para consolidar su poder.