El Pentágono programó las torturas

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Unos documentos muestran que se ordenó desnudar a prisioneros y asustarlos con perros. El nuevo embajador de Estados Unidos en Iraq, John Negroponte, prestó ayer juramento y advirtió que el éxito de su misión llevará tiempo porque los terroristas se empeñarán el sabotear el proceso. Washington, mientras, ha reconocido que se ordenó desnudar a prisioneros y amenazarlos con perros. En un informe, Donald Rumsfeld se declara a favor de mantener a los encarcelados en posturas estresantes. Sobran diplomáticos deseosos de ir a Bagdad porque lo ven como un trampolín profesional…

En la siguiente dirección puede ver las imágenes de las torturas censuradas. ¿Cuándo el Tribunal Penal Internacional podrá juzgar a estos criminales que dieron las órdenes? ¿Cuándo se juzgarán a los responsables, entre ellos dirigentes de poderosas multinacionales, de los genocidios del Tercer Mundo?



EUSEBIO VAL – 24/06/2004
Corresponsal de la Vanguardia en Washington.

John Dimitri Negroponte, uno de los diplomáticos norteamericanos con más vasta experiencia –aunque con turbio historial en el terreno de los derechos humanos– prestó ayer juramento como nuevo embajador de Estados Unidos en Iraq. La jura de Negroponte se produjo horas después de que la Administración Bush desclasificara documentos sobre e trato de prisioneros en la guerra antiterrorista. Aunque la intención del Gobierno es demostrar que el presidente nunca ordenó el maltrato de los detenidos y que no se estableció un sistema de torturas, las revelaciones prueban que se fue muy lejos y que algunas prácticas, como desnudar a los internos y usar perros para amedrentarlos, recibieron el visto bueno de las altas instancias, hasta que dejaron de aplicarse varios meses después por objeciones morales y legales.

En uno de los documentos, el propio secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, de su puño y letra, se pronunciaba a favor de mantener a los prisioneros en “posturas estresantes” entre ocho y diez horas seguidas, en lugar de las cuatro horas que recomendaban las instrucciones elaboradas por sus subordinados: “Yo soy partidario de 8 a 10 horas al día. ¿Por qué se limita estar de pie a cuatro horas?”.

El uso de perros y la desnudez sistemática de los prisioneros fueron de los aspectos más impactantes en las fotos de la prisión de Abu Ghraib. Los documentos desclasificados demuestran que este tratamiento se autorizó. La actitud de la Administración parece destinada a contener daños por etapas, con una doble estrategia de reconocer algunas órdenes de trato duro. Da la sensación de que el Gobierno se movió con ambigüedad y que hubo órdenes y luego rectificaciones que propiciaron confusión o sentimiento de impunidad. En un memorando de febrero del 2002, firmado por Bush, el presidente reconoció que la Constitución le daba autoridad para negar la protección de la convención de Ginebra a los “combatientes enemigos”, pero, al mismo tiempo, declinó esta autoridad en ese momento. Paralelamente, constató que las circunstancias requerían “un nuevo pensamiento en la ley de la guerra”. El martes, Bush dijo: “Nunca aprobé la tortura. Nunca ordené la tortura. Nunca ordenaré la tortura”.

El flamante nuevo hombre de Washington en Bagdad, John Negroponte, se mostró cautamente optimista sobre el éxito de su misión. Pidió paciencia y pronosticó que los “enemigos de la democracia” harán todo lo posible para que fracase la transición iraquí.

En declaraciones a la cadena ABC, Negroponte destacó que el objetivo prioritario será ayudar a los iraquíes “a asumir más y más responsabilidades”. Consciente de que necesita el máximo consenso, el diplomático argumentó que incluso quienes se opusieron a la intervención en Iraq deben aceptar que “debemos tener un plan sólido para ir adelante; no podemos marcharnos y dejar al país en el caos”.

El juramento tuvo lugar durante una solemne ceremonia presidida por el secretario de Estado, Colin Powell, en presencia de la consejera de Seguridad Nacional, Condoleezza Rice, y del nuevo jefe militar estadounidense en Iraq, el general George Casey. Asistieron la esposa de Negroponte y los cinco hijos de la pareja, adoptados en Honduras. La familia no le acompañará a Bagdad, dado el riesgo que implica.

La nueva embajada de Estados Unidos en Bagdad –que carecía de titular desde 1990, tras la invasión de Kuwait– será la más grande del mundo. Asumirá parte de las funciones de asesoramiento y ayuda a la reconstrucción que hasta ahora ejercía la Autoridad Provisional de la coalición. Este ente, dirigido por Paul Bremer, se disolverá el 30 de junio al terminar el estatuto de ocupación. Aunque parezca sorprendente, el Departamento de Estado no tiene problemas para reclutar personal para su embajada bagdadí. Sobran voluntarios porque muchos jóvenes diplomáticos lo ven como un gran trampolín para su carrera.

La designación de Negroponte, hasta ahora embajador ante la ONU, ha provocado un fuerte rechazo entre grupos defensores de los derechos humanos. Recuerdan su etapa en Honduras, entre 1981 y 1985, en la época en que Estados Unidos entrenó y financió a la guerrilla de los contras para derrocar al régimen sandinista en Nicaragua. Honduras fue la principal plataforma de esta sangrienta guerra sucia.

Como embajador, Negroponte ostentaba un enorme poder. Se le achaca haber tolerado la acción de los escuadrones de la muerte y las torturas en un centro de detención secreto.