El producto criminal bruto

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El producto criminal bruto supera el 15% del comercio mundial lo que posibilita al crimen organizado tener voz y voto en las decisiones económicas y políticas a nivel planetario

Aunque el sistema haga todo lo posible por mantener oculto el entramado de la economía sucia y se empeñe en aparentar que la combate, esta zona oscura alimenta el desarrollo y el beneficio del conjunto del sistema capitalista. Así, el trabajo negro abarata la producción, los paraísos fiscales ofrecen la posibilidad de legalizar fondos ilegales que engordan las cuentas de resultados, el narcotráfico alimenta los circuitos financieros y financia medios de comunicación, operaciones políticas, etc.

No podemos entender del capitalismo del siglo XXI sin abordar el papel que juega el negocio del crimen que trafica ilegalmente con todo tipo de bienes, personas, armas y recursos naturales, evade los capitales y corrompe todo lo que toca. El narcotráfico puede ser actualmente la industria más grande del mundo y fluye libremente por las arterias de los sistemas financieros mundiales. Mueve grandes capitales generando un poder económico que le permite acceder al proceso político y se legitima dedicando fondos para obras sociales a la vez que llena las cárceles de pobres.

El instrumento que da soporte a los negocios criminales se llama paraíso fiscal donde la consentida ausencia de normas restrictivas en materia de control de cambios permite el reciclaje de capitales. Mientras que la ONU necesitaría tan sólo 40.000 millones de euros durante 5 años para acabar con el hambre en el mundo, más de 8 billones de euros se ocultan protegidos por estas naciones artificiales sin pagar ni un céntimo a los erarios públicos de sus países.

Vivimos una oleada de crímenes corporativos. Las empresas globales cometen delitos financieros y ecológicos de alcance planetario y ni un solo capitán de las finanzas afronta penas de cárcel. Las multas son siempre una pequeña fracción de las ganancias conseguidas fraudulentamente, lo que da la señal a Wall Street de que las prácticas corruptas tienen una sólida tasa de retorno.

España es un país campeón de la economía sucia. Más del 90% de las mujeres dedicadas a la prostitución son inmigrantes en situación irregular y más de medio millón de mujeres y niñas son víctimas de este fenómeno; aparecemos en el decimosegundo lugar de vendedores de armas con la venta de unos 400 millones de dólares al año; la economía sumergida es el 23% del PIB; la filial española de Exxon ganó 10.000 millones de euros en dos años, sin pagar un euro en impuestos, y con un solo empleado en nómina, etc. Tal es el poder del lado oscuro que han conseguido que se reduzcan los presupuestos dedicados a sostener los órganos públicos de control y que, cada cierto tiempo, se aprueben vergonzosas amnistías fiscales.

Los ministros de economía de nuestro país han mantenido sólidos lazos con el entramado financiero de dinero sucio y alguno de ellos era un asiduo visitante de los circuitos internacionales de la defraudación fiscal. Son los mejores ejemplos del maridaje entre la economía legal y la ilegal.

El Tribunal Penal Internacional sigue sin admitir denuncias contra crímenes económicos, laborales y ecológicos. La vigencia de los derechos humanos seguirá siendo una quimera sin un estado de derecho universal que permita combatir eficazmente la impunidad de tanto criminal que anda suelto… aunque tenga coche oficial.

Editorial de la revista Autogestión