El síndrome post-aborto

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Queremos denunciar el silencio que cubre y enmascara el dolor de millones de personas, en su mayoría, mujeres. Es el dolor de un duelo atascado, no resuelto, de quienes han sido empujados a acabar con la vida de la sangre de su sangre, de la carne de su carne. Es el dolor de quienes están solos en ese duelo oculto y silencioso.

En la asociación nos ponemos al servicio de quienes sufren las consecuencias de un aborto provocado. No conocemos a nadie que haya abortado “libremente”. Siempre hay situaciones afectivas, sociales, y sobre todo laborales, que llevan a las mujeres y las parejas al aborto.

Este artículo va dirigido a las personas que padecen esta situación y no saben a quién acudir. A quienes quieren conocer algo que se les oculta. A los profesionales que se encuentran con quienes lo sufren, y no aciertan a comprender, ni a ofrecer soluciones.

Es una reflexión en voz alta para avanzar hacia la solidaridad y el respeto a todas las personas.

Los Trastornos de Estrés Post-Traumático (PTSD) afectan a quienes han vivido situaciones traumáticas: las víctimas de atentados terroristas, de desastres naturales, a excombatientes de guerra, a personas que han perdido trágicamente a sus seres queridos… Pero afecta también sin que sea reconocido a millones de personas, es el caso del Síndrome Post-aborto (SPA). Los afectados son en su mayoría mujeres, pero el SPA también puede darse en hombres y familiares de la mujer que aborta (padres e hijos) y en quienes la ayudaron a abortar, incluyendo el personal de las clínicas abortistas.

A pesar de los numerosos estudios realizados en todo el mundo y del hecho de que este Síndrome Post-aborto figura en los manuales de medicina y psicología de muchas universidades, una pesada cortina de silencio cubre todo lo relacionado con el aborto, especialmente en España (donde hay unos 100.000 abortos oficiales cada año) y en Iberoamérica.

Lo que sufren las víctimas

La Asociación Norteamericana de Psiquiatría, ya en los 80, identificaba la depresión, la hostilidad, el desinterés y aislamiento, las imágenes recurrentes, el insomnio y pesadillas, y la incapacidad de expresar sentimientos como secuelas psicológicas del aborto. Otros estudios muestran un alto índice de intentos suicidas, de alcoholismo, bulimia y anorexia, disfunciones sexuales, ruptura de relaciones de pareja (un 70%), de maltrato doméstico y autolesiones, de incapacidad de concentración, agotamiento, nerviosismo y agresividad.     La Universidad de Baltimore (EE.UU.) descubrió que un 64% de las mujeres que habían abortado fueron posteriormente ingresadas en hospitales psiquiátricos, y la Real Academia de Obstetricia de Inglaterra afirmó que el 59% de estas madres tienen probabilidades de padecer problemas psiquiátricos graves y permanentes.

Es frecuente el tratar de olvidar la experiencia o negarla, para reprimir el dolor que ha causado. La Dra. Wanda Franz, de la Universidad de West Virginia, afirma que ello lleva a un descontrol emocional en situaciones como ver a un niño jugar, oír el sonido de una aspiradora, un miedo irracional a los médicos, etc. Cuando una mujer acude a una clínica a abortar, es consciente de que en ese lugar entran dos personas, y sale solo una. Atrás queda la tumba inexistente a la que nadie irá a llorar ni a llevar flores. En las clínicas no se hace jamás una ecografía, pues seguramente esa sencilla prueba arruinaría el negocio. La imagen no vista del bebé persigue a muchas de las madres durante mucho tiempo.

También sufre después de un aborto la relación de pareja. Hay un alto índice de rupturas matrimoniales y de pareja tras un aborto. El Dr. Milling halló que el 70% de las parejas rompen en el año siguiente a un aborto. Es normal que una persona que se siente mal consigo misma y tal vez con su pareja o cónyuge, manifieste tanto dolor en forma de agresividad.

La culpa es un sentimiento angustioso que además, en este caso, no se alivia porque no se habla con nadie, en ocasiones incluso se niega, en una huida imposible de uno mismo y de sus pensamientos y sentimientos.

Hasta el momento no existen en España estudios sobre este Síndrome, salvo el informe de 1993 de la Asociación Española de Neuropsiquiatría titulado «Mujer y salud mental» que señalaba algunos rasgos de las mujeres que abortan más de una vez (citaba la inmadurez, la inestabilidad emocional, la sexualidad pasiva y dependiente y un largo etcétera que incluía rasgos de personalidad patológica: esquizofrenia, paranoia y psicopatía). En nuestra opinión estos estudios no hacen sino culpar a la mujer de un mal fundamentalmente originado en la sociedad. Una sociedad que niega unos referentes necesarios para la sexualidad madura y la maternidad y paternidad responsable, y a la vez invita al placer sin pensar en las consecuencias.

Ningún adolescente está preparado para tener hijos, y tampoco para abortarlos. Es una sociedad que castra la vocación profesional condenando a la juventud a la explotación laboral y la inestabilidad personal que se deriva de ella. Y la mayoría de las mujeres que abortan en España afirman padecer problemas laborales. En España, las inmigrantes cobran un 40% menos por los mismos trabajos, y teniendo de media estudios más altos, tienen empleos de menor categoría. Ellas son las que más sufren, las que menos cobran, las que peor viven… y las que más abortan. Es una canallada plantear que las mujeres abortan una y otra vez porque tienen problemas psicológicos o son esquizofrénicas. Lo que sí es evidente, es que el aborto aumenta todavía más los problemas de esas mujeres.

Un estudio epidemiológico completo data de 1997, y fue realizado sobre una muestra de 9.129 mujeres tomada de la base de datos nacional de Finlandia, financiado por el Centro de Investigaciones y Desarrollo para el Bienestar y la Salud de dicho país. Esta investigación eliminó el posible sesgo de anteriores estudios basados en entrevistas, realizando un estudio objetivo de los certificados de defunción de mujeres en edad reproductiva entre los años 1987 y 1994 que habían dado a luz o abortado en el año anterior a su muerte. El estudio reveló que, las mujeres que habían abortado, en comparación con las que habían llevado su embarazo a término, tuvieron 60 veces más muertes por causas naturales (enfermedad), 7 veces más suicidios, 4 veces más muertes por accidentes y 14 veces más muertes por homicidios. Las conclusiones indican que las mujeres que abortan tienen 4 veces más probabilidades de morir al año siguiente que las que tienen a sus hijos. Además, las mujeres que dieron a luz tuvieron 50% menos probabilidad de morir que las que no tuvieron hijos. Este estudio confirma que el aborto es mucho más peligroso que llevar a término un embarazo, aunque este no sea deseado.

La evidencia de la existencia del SPA

Numerosos los estudios en todo el mundo (Canadá, EEUU, Austria, Inglaterra, Francia, Finlandia…) demuestran la existencia y gravedad de este Síndrome, que sin embargo, se mantiene oculto y por lo tanto sin respuesta médica para sus víctimas.

Tan claros son los resultados de estos estudios que hasta la organización mundial de control de la población, la Planned Parenthood Federation (en España Federación de Planificación Familiar) los confirmaron en su documento titulado «Plan Trienal y Programa de Objetivos a Largo Plazo, 1990-1993». Dice así: «Una serie de estudios y encuestas de los opositores al aborto han mostrado que la incidencia del trauma post-aborto para clientes de abortos quirúrgicos puede llegar a alcanzar a un 91% de los casos. Algunos informes recientes del Instituto Alan Guttmacher (su organización investigadora afiliada) que no han sido publicados, indican que el alcance del problema puede haber sido correctamente calculado en dichos estudios…» (pg. 29).

También la organización feminista Movimiento Manuela Ramos y el Consejo de la Población (agencia de la ONU que promueve el aborto en el Tercer Mundo) reconocieron los trastornos psicológicos derivados del aborto voluntario en su libro de 1993 titulado Desde las Mujeres. Visiones del aborto. Nexos entre sexualidad, anticoncepción y aborto donde aparecen varios testimonios de mujeres que los padecían.

Igualmente claro era el folleto de la londinense «Clínica de la Mujer»: «Después del aborto, algunas mujeres sienten una sensación de pérdida que puede experimentarse como tristeza o puede ser enmascarada por otras sensaciones como aletargamiento, vacío, falsa euforia, hiperactividad, depresión generalizada y difusa, dificultades en las relaciones sexuales u otras, e ira«.

La esperanza está en la lucha

La bibliografía demuestra la importancia del SPA, por su gravedad y también por la cantidad de personas que lo sufren. Pero lo más importante es que hay esperanza. Se puede salir de la espiral de negación, sufrimiento, culpa y soledad.

Pedir ayuda a personas que tengan sensibilidad con este problema es el primer paso. Alguien que no juzgue, pero que tampoco minimice o niegue los sentimientos de pérdida, de culpa y de confusión. Alguien que pueda ofrecer apoyo para ir resolviendo la rabia, y que pueda intervenir rápidamente si la situación se va de las manos y aparecen pensamientos de suicidio o de agresión.

Pero no todo es un tema personal y psicológico de la mujer. Por eso, no son respuesta organizaciones, que parchean las consecuencias del desastre y conviven en paz engrasando la economía y la política que causan dicho desastre.

Es necesario plantearnos cambiar unos engranajes que generan este y tantos otros abusos contra el débil. La indignación debería darnos impulso para denunciar en España a un gobierno que se dice solidario y que permite y favorece la explotación salvaje de los inmigrantes, los jóvenes y las mujeres. Para denunciar un sistema económico que somete al paro y la explotación a la mayoría de las mujeres del mundo, dificultando la vida de familia, y proponiendo después  el aborto como solución al problema y como “elección” de las mujeres.

Pilar Gómez-Ulla,
Psicóloga. FAMILIAE Psicoterapia