Dr. Agustín Ortega Cabrera, profesor e investigador universitario
Alrededor de científicos con nombres como A. Einstein u otros de las ciencias sociales, como el jesuita mártir I. Martín-Baró de la UCA (El Salvador) y originario de España, se ha hablado de una ciencia con conciencia. Intelectuales y profesores universitarios como el caso que nos ocupa, el suizo Jean Ziegler recientemente fallecido, que han unido inseparablemente su trabajo de docencia e investigación universitaria con una conciencia y compromiso moral, social o civil.
Estos científicos con sus luces y sombras, con sus aciertos y fallos como todo ser humano, han tratado de conectar la cultura y sus publicaciones u obras con la responsabilidad por el bien común más universal, por la justicia con los pobres de la tierra y las víctimas de la historia. Ziegler, católico y sociólogo que ejerció como profesor en universidades como la de Ginebra o La Sorbona (París), se movió en esta corriente tan significativa de ciencia social y filosofía crítica, que pretende analizar las patologías y sufrimientos e injusticias sociales; con ese sentido de solidaridad que promueve la vida y la dignidad de la persona, la justicia internacional y los derechos humanos. Tal como ejerció Ziegler en sus responsabilidades en la ONU-Naciones Unidas, especialmente, para el derecho a la alimentación.
En la línea de otros autores y testimonios de este campo de lo social, como el brasileño Josué de Castro y el dominico Louis Joseph Lebret (intimo colaborador de San Pablo VI) junto la misma Doctrina Social de la Iglesia, (DSI), Ziegler nos presenta un desarrollo humano solidario e integral. Una acción-formación social y ética que va a las causas estructurales de las desigualdades e injusticias mundiales en forma de hambre, empobrecimiento y “maldesarrollo”. Esas estructuras de pecado y mecanismos perversos como los sistemas del comercio internacional, de las finanzas (financiero-bancario) y organismos internacionales: que cada vez más enriquecen a unos pocos potentados a costa del empobrecimiento, miseria y exclusión de la mayoría humanidad.
Así es, el mal y pecado personal, toda esta codicia egoísta e idolatrías de la riqueza-ser rico junto al falso dios del poder o tener, se retroalimentan con este pecado estructural, como es la especulación financiera, por medio de la bolsa con sus acciones u otras técnicas bursátiles, y la usura bancaria con sus créditos e intereses abusivos (injustos). Se trata pues de transformar las causas personales y estructurales del empobrecimiento, generados por esta falsa libertad individualista del mercado como ídolo, sin control ético-político, por la especulación de los bienes o recursos como son los alimentos o esta usura que provoca las deudas, como son las de las familias o externas que sufren los pueblos del Sur.
Por todo ello, como afirmaba Ziegler, el hambre y el empobrecimiento no es un problema técnico, sabiendo en este sentido que tenemos bienes de sobras para el desarrollo integral de toda la humanidad, sino de voluntad política, por tanto, son un autentico genocidio planificado. Esto es, los miles y miles de personas, especialmente niños, que se mueren al día de hambre, millones y millones al año: son asesinados por esta ideología neoliberal y su sistema capitalista global real e imperante. Como analiza Ziegler en sus estudios y libros, esta geopolítica del hambre es impuesta por los verdaderos nuevos amos del mundo, las grandes empresas multinacionales, como son las transnacionales de los alimentos, y corporaciones financieras-bancarias, la banca internacional que dominan a las naciones/estados.
De forma similar, el papa Francisco junto con ahora León XIV afirman que “esta economía mata”. Este sistema de raíz es injusto e inmoral ya que domina la inequidad, es un verdadero terrorismo económico que impone: el fetichismo (idolatría) del dinero, la cultura del descarte, donde solo sobreviven los eficaces o triunfadores; esa “ideología del éxito” de la que habla H. Saña, y la globalización de la indiferencia, con nuestra pasividad y complicidad ante todo este holocausto del hambre, del empobrecimiento y maldesarrollo
Todo ello, subrayamos, lo enseña la DSI con los Papas y el mismo Ziegler que le dan la prioridad al principio del destino universal de los bienes, al trabajo decente con un salario justo y a un sistema fiscal con equidad que están antes que la propiedad, que el capital y dicha falsa libertad del mercado. Y es que, en esta dirección, las economías y los mercados han de ser controlados por las naciones, por el estado social de derecho-s, por la sociedad civil, los movimientos populares u otras organizaciones sociales, para que sirvan a este desarrollo humano integral.
Por último y para concluir, frente a la geopolítica de la desesperanza, como nos muestra la historia y la fe con esta DSI, Ziegler nos llama a seguir buscando ese otro mundo posible y necesario. La mundialización de la fraternidad solidaria, de la paz, la justicia y la ecología integral frente a la globalización neoliberal del capital, de la guerra y la destrucción ecológica. Esa civilización del amor con el bien común de toda la humanidad y la espiritualidad de la esperanza, que se abre a la belleza de la eternidad donde esperemos que esté ya, con el Dios de la Vida, el hermano Jean.
Suscríbete al newsletter


