ENTREVISTA con AMINATA DRAMANE TRAORÉ; MINISTRA de CULTURA de MALI

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«NO PODEMOS ELEGIR; ESTAMOS APRISIONADOS EN UN CEPO» El FMI y el Banco Mundial te dicen: tienes la opción de no acudir a nosotros, pero no tendréis recursos. De modo que estás obligado a utilizar sus servicios. Y ahora, después de siete, o de quince años de tratamiento, ya es hora de que nos preguntemos sobre la naturaleza de las medicinas.

Melvin Akam
Revista Autogestión
16/04/2003

-Señora ministra, en su libro L’Etau critica las instituciones de Bretton Woods. ¿Está emprendiendo usted una cruzada contra el pensamiento único internacional?

-He querido hacer una aportación al debate que los africanos debemos empezar, imprescindible- mente, ahora que estamos a las puertas del siglo XXI. Ya es hora de que los africanos busquen caminos y medios para escapar a su crisis. En teoría ya no somos colonias, pero en la práctica nuestros países se ven sometidos a reformas económicas y estructurales draconianas que no hemos solicitado, sobre las que no se ha pronunciado la inmensa mayoría de la población, y que agravan el paro, la pobreza y la violencia. Estamos en una situación en la que no podemos elegir: aprisionados en un cepo.

-Usted ha declarado la guerra a los ajustes estructurales…

-No. Yo no estoy en contra de los ajustes estructurales, puesto que la crisis está aquí. Pero rehúso la forma en que estos ajustes se llevan a cabo y cómo se imponen a la gente. Ajuste estructural no debe ser sinónimo de empobrecimiento o de sometimiento. Hoy, los planes de ajuste son una hipoteca sobre la democracia. A los políticos se nos elige por nuestro programa o por el programa de nuestro partido, pero el contexto impone un programa diferente. Fíjese en la nueva clase política africana surgida de las urnas: está puesta contra la pared. No tiene medios para satisfacer las necesidades de sus electores, pero debe responder frente a ellos. Debido a la deuda, si los actores políticos quieren mantenerse en el poder están obligados a asumir medidas macroeconómicas que responden a las necesidades de los acreedores en lugar de las necesidades nacionales de empleo, escuelas, cuidados sanitarios, vivienda o agua potable. Por ejemplo, en Mali el Estado ha conseguido reducir sensiblemente los atrasos en el pago de la deuda; la tasa de crecimiento en 1997 fue del orden del 6% contra el 2% de 1992. Un resultado excelente, salvo porque la cantidad de pobres aumenta en la misma forma en que Mali mejora sus cifras macroeconómicas. Según el PNUD, la proporción de pobres ha aumentado en Mali un 28% entre 1992 y 1994. ¿Entonces para qué se nos ha elegido? ¿Para satisfacer las necesidades de la gente o para tener contentos a los acreedores?

-Da la impresión de que exonera usted de responsabilidad a los gobrnantes africanos.

-No, no lloriqueo por la situación de los gobernantes africanos. Lo que sucede es que la humanidad ha entrado en una fase absurda en la que la política no ejerce ningún control sobre la economía. En lugar de generar bienestar, las reformas engendran sufrimiento, y África lo paga muy caro porque eso se produce en un momento en el que los africanos exigen una mayor justicia social y mejorar su nivel de vida. En estas condiciones, no tengo el propósito de señalar que somos corruptos e incapaces, eso ya se ha repetido hasta la saciedad. Para mí, la autoflagelación se ha acabado. Reivindico la corresponsabilidad. Estamos ante una megamáquina que puede arrasarlo todo en su camino. Y parece que no le importe a nadie que se esté empujando a padres de familia al paro y la humillación.

-Pero son los africanos los que llaman al FMI.

-Efectivamente, son los africanos los que nos hemos esforzado en que sean el FMI y el BM los que gestionen nuestra crisis. Aunque, ¿teníamos elección? Poder elegir, ¿qué significa? El FMI y el Banco Mundial te dicen: tienes la opción de no acudir a nosotros, pero no tendréis recursos. De modo que estás obligado a utilizar sus servicios. Y ahora, después de siete, o de quince años de tratamiento, ya es hora de que nos preguntemos sobre la naturaleza de las medicinas. Le he dicho al director general del FMI, Michel Camdessus, que mi actitud va más allá de una simple toma de partido a favor o en contra. Yo no estoy en contra del FMI o del BM: pero tienen que hacer bien su trabajo y ser menos pretenciosos. Tanto el FMI como el BM revelan falta de competencia, No pueden resolver los problemas de África. Les corresponde a los africanos abrir los ojos y organizarse.

-¿Cree usted que África tiene mucho que perder con la globalización de la economía?

-¿De qué estamos hablando? Los africanos deben plantearse esta cuestión antes de tomar posición sobre ello. Si hablamos de la globalización de la economía, es decir, de la apertura de nuestros mercados y de nuestras sociedades a los bienes y servicios producidos en el Norte, los africanos tendrán que sopesar pros y contras. Pero yo me pregunto si lo que recibiremos valdrá lo mismo que lo que daremos. ¿Lo que ganaremos valdrá lo mismo que lo que perderemos? Personalmente yo haría caso omiso de la palabra mundialización porque África ya ha sabido lo que era el mercado. Desde hace siglos África ha sido objeto de transacciones. El sudor del hombre negro ha servido para construir Occidente; la sangre de los soldados africanos ha dado la libertad a pueblos europeos, y el rico suelo africano ha enriquecido a las grandes potencias y continúa alimentando al mundo. Así que no se nos diga que no estamos presentes en el mercado: nosotros hemos hecho posible el mercado. Pero, ¿hemos recibido lo mismo que hemos dado? los intereses de la deuda externa nos cuestan cada año cuatro veces más que el presupuesto de sanidad y educación.