Franz Jägerstätter, el hombre sencillo que se enfrentó a Hitler

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Recientemente estrenada la película ‘Vida oculta’ del director Terrence Malick, nos trae de nuevo la vida y martirio de Franz Jägerstätter, beatificado en 2007 por Benedicto XVI, reconociendo la ejemplaridad de su coherencia, como un hombre valiente que actuó de acuerdo con su conciencia.

«Franz Jägerstätter era un hombre sincero consigo mismo y con los demás, un hombre que buscaba en la fe la fuerza y de este modo, aun en la debilidad, tuvo una gran fuerza ante el mal absoluto» según el autor de su biografía, Cesare Zucconi

El coraje de dar la vida

Franz Jägerstätter, beatificado el 26 de octubre de 2007, nació el 20 de mayo de 1907 en la aldea de St. Radegung, Austria. Hombre de fe y sacramentos, en 1936 contrajo matrimonio con Franziska.

En 1943, en plena guerra mundial, fue obligado a formar parte del régimen hitleriano, pero él estaba seguro de que no podía servir a una guerra injusta. Seis años atrás, el beato había leído la encíclica «Mit Brenneder Sorge» (Con ardiente preocupación), del papa Pío XI que condenaba el nazismo.

No era un revolucionario, pero encontró en el Evangelio la fuerza para decir ‘no puedo’, mostrando un ejemplo de fe verdadera.

Estando en prisión escribía cartas a su esposa Franziska, quien decidió donar algunas de éstas a la basílica de San Bartolomé para que estén a disposición de los peregrinos que visitan este templo, donde también reposan otras reliquias de diversos mártires del siglo XX.
«Doy gracias a nuestro Salvador porque he podido sufrir por él. Confío en su infinita misericordia. Espero que me haya perdonado todo y que no me abandone en mi última hora… Cumplid los mandamientos y, con la gracia de Dios, pronto nos volveremos a ver en el cielo», dice en una de sus cartas.

El beato Jägerstätter era un hombre sencillo. Laico, padre de familia, una familia que fue la fortaleza que le sostuvo junto con la fe en Cristo. Era un personaje fuertemente comprometido con su tiempo, se interrogó sobre preguntas que tienen que ver con nosotros hoy. Por ejemplo, la cuestión de la conciencia, la libertad del cristiano y la relación con su tiempo.

«Ni la prisión, ni las cadenas ni una sentencia de muerte pueden despojar a un hombre de su fe y su voluntad», escribió en agosto de ese mismo año, días antes de morir guillotinado.
Franz fue procesado por insumisión por un tribunal militar reunido en Berlín, que el 6 de julio de 1943 lo condenó a muerte. Permaneció detenido desde marzo hasta mayo de 1943 en la prisión militar de Linz.

Un mártir que tiene mucho que decir a los cristianos del siglo XXI. Por sus convicciones de fe afrontó la muerte. Su camino, es un desafío y un estímulo para todos los cristianos, que podemos seguir su ejemplo para vivir con coherencia y compromiso radical su fe, incluso hasta las extremas consecuencias, si fuese necesario.

En la película de Malick, se nos avisa a través de un personaje: “Vienen tiempos más oscuros, donde no se lucha contra la injusticia, sino que se ignora que existe”.
La cita de George Eliot que cierra la película deja claro el sentido de su sacrificio: la vida oculta de quienes yacen en tumbas que nadie visita hace mejor a la humanidad.

Aida Fuentes