Goles teñidos de sangre

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La Fundación para la Democracia Internacional denuncia el trabajo esclavo en Qatar, sede del mundial de futbol de 2022, donde han perdido ya la vida 2.000 inmigrantes que trabajan en la construcción de infraestructuras.

Todo el planeta debe saber, y más en estos días en los que no se va a hablar más que de goles, que el Mundial de futbol del año 2022, se jugará en Qatar en estadios teñidos de sangre.

Esta sangre es la de los  cientos de miles de inmigrantes que están construyendo los estadios, hoteles y centros de convenciones que albergarán tal evento, personas que según denuncia esta institución, están trabajando en condiciones de esclavitud. Amnistía Internacional cree que al menos 2.000 de ellos –casi todos nepalíes- se han dejado ya la vida levantando esas instalaciones.

Guillermo Whpei, presidente de esta fundación argentina, detalla ese trabajo esclavo: largas jornadas (de entre 16 y 18 horas diarias sin descanso semanal) y a temperaturas superiores a 50º; hacinamiento, estado insalubre de las viviendas, impago o retraso en la retribución de salarios…

“La esclavitud -señaló- no es cosa del pasado, en el mundo hay millones de esclavos”. “Sabemos- añadió Rigoberta Menchu- que muchos de los esclavos que han sido humillados en la preparación de este evento en Qatar, son migrantes, personas ya en situación vulnerable”.

En este rico emirato viven más de 2 millones de personas. De ellas, solo 250.000 son qataríes. Casi el 40% de los dos millones de inmigrantes trabajan en la construcción.

De consumidores a cómplices

La elección de Qatar como país organizador, adoptada en 2010 por la FIFA, estuvo rodeada de sospechas de corrupción. Hoy este evento presenta al menos tres serios problemas, según Whpei: el de la propia designación, viciada por las sospechas de compra de votos; el de las violaciones de los derechos humanos en el  territorio; y el bloqueo impuesto en 2017 por Arabia Saudí y sus aliados, que afecta al espacio aéreo.

Whpei pide a la FIFA y a las empresas constructoras que asuman su responsabilidad y no miren hacia otro lado. El problema –se lamenta- es que en Qatar son legales unas condiciones de trabajo como las descritas, a las que hay que añadir la kafala (un sistema que ata al trabajador inmigrante a su contratador), o prácticas como la retirada del pasaporte a  los recién llegados. La cuestión, en el fondo, es muy sencilla: los países árabes, Qatar entre ellos, no reconocen la Carta de Derechos Humanos de la ONU.

“Ante todo no hay que acostumbrarse a este horror, ni naturalizar situaciones cotidianas que, aunque parezcan normales, no lo son en absoluto, como la pobreza, el hambre, el analfabetismo… o la esclavitud. De ahí que subraye la importancia de concienciar a la opinión pública a través de los medios de comunicación”. “Hay millones de esclavos que hacen nuestras camisas, nuestros móviles…, desde el momento en que seguimos comprando esos productos pasamos de consumidores a cómplices”.

“Nuestras vidas empiezan a terminar el día que guardamos silencio sobre las cosas verdaderamente importantes” recuerda Whpei citando a Martin Luther King, de cuyo asesinato se acaban de cumplir 50 años.

*extracto del artículo de la revista Ecclesia del 16 /6/18

Por J. Ignacio Rivarés

Fuente: revista Ecclesia del 16 /6/18