Hambre para Venezuela, petróleo para «el mercado»

366

Mientras Venezuela sufre el sometimiento del hambre y la violencia, las grandes potencias usan criterios geopolíticos para dejar a las compañías petroleras extraer crudo de Venezuela. La guerra de la energía cambia la mirada “interesada”, a pesar del desastre de la industria petrolera venezolana (corrupción y desinversión), que está muy por debajo de sus posibilidades de bombeo. ¿A alguien le importa el hambre, la inflación, la violencia y la dictadura en Venezuela? Parece que fuera de Venezuela a muy pocos.

También a Irán le sucede algo parecido. Según noticias recientes, EE.UU puede permitir que más petróleo iraní sancionado ingrese a los mercados globales incluso sin una reactivación del acuerdo nuclear de 2015, según el mayor comerciante independiente de crudo.

 

Hambre y subida de precios en Venezuela

En mayo denunciábamos la subida de precios y la dificultad que tienen las familias en Venezuela para adquirir productos básicos.

Los precios no dejan de subir por lo que es cada vez es más difícil adquirir los productos necesarios para alimentarse, incluso aunque estén marcados en dólares.

Así lo deja ver la data del Observatorio Venezolano de Finanzas (OVF), que revela un encarecimiento de la canasta alimentaria familiar correspondiente al mes de abril, al incrementar un 31,51% frente a su precio en el mismo mes del año pasado. La variación mensual fue de 2,97% al comparar con el mes anterior.

Esto quiere decir que los precios de los bienes básicos que incluye la canasta cuestan casi un 32% más que en abril del año pasado, mientras que el poder adquisitivo no ha progresado en esa misma proporción. En pocas palabras, para la familia venezolana es más difícil adquirir los productos.

Vidas con hambre, vidas sometidas

La vida de Sully es un milagro. Pasar por el canal de parto del cuerpo desnutrido de su madre, Rosa Borges, no fue cosa fácil ni para ella -que estuvo a punto de perder la vida-, ni para él, que nació con bajo peso.

Durante los nueve meses de gestación y los meses que le siguieron, Rosa apenas pudo comer una o dos veces al día y, en ocasiones, ninguna. En aquel momento, no muy diferente al actual, poco más que agua y granos había en la nevera de la casa.

La familia de Rosa es parte del 94,2% de los venezolanos que, con su salario, no pueden adquirir la canasta básica alimentaria, según la Encuesta de Condiciones de Vida (Encovi) 2021-2022.

El esposo de Rosa, y padre de Sully, decidió migrar a Trinidad y Tobago para encontrar trabajo y enviar sustento al hogar que dejó en Venezuela. Al principio prometió mandar dinero para comprar comida y por un tiempo cumplió su promesa: enviaba entre 130 y 300 bolívares cada quincena que alcanzaba para comprar arroz, harina y algunos granos.

Cuando la remesa del hombre dejó de llegar, la familia de seis miembros comenzó a depender de la pensión de los padres de Rosa y del Comedor Popular de San Félix, en Ciudad Guayana, estado Bolívar.

Sully tiene un problema: no le da hambre, no come y tampoco tiene muchas opciones para hacerlo.

La vida en riesgo

En Bolívar, 93,5% de los hogares vive en inseguridad alimentaria (hambre) y los 11 municipios de la entidad tienen porcentajes de hambre (desnutrición) infantil por encima del 5% según la Encovi 2020. Son niños cuyas vidas no solo están en riesgo, sino que, si logran recuperarse del cuadro crítico tendrán problemas de aprendizaje y de salud por el deterioro cognitivo.

A este consultorio de Vista al Sol, por ejemplo, llegan diariamente entre 30 y 60 niños con algún grado de desnutrición, hasta la última información que pudo verificar Correo del Caroní.

En San Cristóbal, Richard Chacón mira su nevera vacía preocupado porque tiene dos hijos adultos y uno de 9 años a quienes alimentar

Cuando no reciben los nutrientes que necesitan en esta etapa, se dificulta el sano desarrollo y, en muchos casos, los niños deben lidiar con secuelas toda su vida. De ahí la importancia de la lactancia materna y luego una alimentación complementaria de calidad.

Rosa, como otras madres que aguardan fuera del consultorio, trata de que su hijo recupere peso, pero su estado propio también es anímico. La mujer pesa 34 kilos, cuando tiene que pesar, como mínimo, 45 kilogramos por su estatura. Hace meses notó que comenzó a perder cabello y trata de disimularlo peinándose con media cola. Sus venas alcanzan a verse a través de la piel que cada vez se le pega más a los huesos.

Relata que la carne, el pollo y el pescado desaparecieron de su mesa hace años y que solo puede contar con una pieza de esos productos en su mesa cuando le cae un bono gubernamental en la plataforma Patria. Ella es una prueba de lo que especialistas advierten: en Venezuela disminuyó en 80% el consumo de proteínas, no porque escaseen, sino porque la mayoría de los venezolanos no pueden comprarlos con frecuencia.

Táchira registra 10% de desnutrición aguda en algunas localidades 

La Oficina de Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA) actualizó el 1 de abril del 2022 un estudio según el cual en el estado Táchira existe 10% de desnutrición (hambre) aguda en niños y niñas menores de 5 años de edad, en algunas de sus localidades, casos que han requerido atención intrahospitalaria.

Las cifras nacionales no son halagadoras. Miles de casos de desnutrición aguda en niños y niñas menores de 5 años se registraron en el país en los primeros dos meses de 2022. Los estados Bolívar y Miranda agruparon 45% del total, seguidos por Barinas, Delta Amacuro y Táchira con 10% de casos cada uno.

Según la Encuesta Nacional sobre las Condiciones de Vida (Encovi), de cada 4 hogares venezolanos, en al menos uno existe Inseguridad Alimentaria Severa (IAS). Alrededor del 21% de los menores de 5 años, de acuerdo con el indicador peso-edad, se encuentra en riesgo de desnutrición, pero es un hecho que entre el 8 y el 10% está desnutrido.

Abuelos que se convierten en madre y padre

Otro fenómeno observado en muchas barriadas del Táchira es la segregación familiar motivada por la migración forzosa o por el abandono del hogar. Así, los abuelos quedaron a cargo de menores de edad, a quienes deben alimentar muchas veces sin tener un trabajo estable.