¿Condón? Ni sí, ni no, sino todo lo contrario: justicia

2116

Respuesta a la Internacional Condonista. Lean hasta el final y descubrirán un mensaje secreto. Nuestro obispo de Cergy-Pontoise (diócesis al noroeste de París) ha estado en el viaje del Papa a África, como coordinador de las radios católicas francófonas. Ayer estuvo con nosotros en Secours Catholique (Cáritas)

Todos compartimos la comida que cada uno habíamos llevado, y el obispo como uno más. Más de la mitad de los presentes eran de origen africano. Había gentes beneficiadas y acogidas por Secours Catholique, junto con voluntarios y activistas (en toda Francia hay 70 mil), así como unos cuatro o cinco trabajadores que hacen falta para que todo funcione en esta sede departamental. De entre los trabajadores, tres son de origen africano: Ibrahima, Cristina y el presidente de la delegación diocesana, un senegalés que llegó a Francia como migrante hace años. Otra trabajadora, Emily, francesa, que ha trabajado varios años en Ruanda en el Servicio Jesuita a Refugiados, se casó allí con un ruandés, Pascal, y tienen un niño de unos ocho meses, que tuve un buen rato en mis brazos y me hizo recordar la terapia de esperanza que sentía en Guatemala cuando tenía un niño en brazos.

Algunos de los migrantes y refugiados que estaban presentes compartieron su testimonio. Unas historias tremendas de persecuciones en sus países, de periplos de película para llegar acá, de hambre y frío en las noches, de violaciones… Una congolesa, con su marido desaparecido, y sus hijos en Congo, en espera de que el Estado le reconozca su demanda de asilo, no terminaba de repetir las interminables violaciones que le hicieron los soldados de Kabila. Ella necesitaba contarlo y repetirlo una y otra vez, como fuera de sí. El obispo, junto con todos nosotros, escuchó este vía crucis adelantado unos días al oficial, pero que es el mismo vía crucis de Cristo. Un chaval de Burundi agradeció, en nombre de todos, el trabajo solidario de Secours Catholique.

El obispo, Monseñor Riocreux, antiguo misionero en Oceanía, dio unas palabras de ánimo y esperanza. Pero sobre todo dio su presencia. A Jesús le gustaba juntarse y comer con este tipo de gentes. Gente rechazada por el sistema oficial. Rechazo que suponía en muchos casos la muerte. Como hoy. La semana pasada Adam Osman Mohamed, sudanés, de 32 años, después de ser deportado de Gran Bretaña, tras varios meses de esperar la resolución de su demanda de asilo, fue asesinado en Darfur, en su casa, a donde había tenido que regresar forzadamente. Delante de su esposa y su hijo de 4 años, lo mataron las mismas fuerzas de seguridad del presidente de Sudán. Presidente que ha sido acusado de genocidio por Europa. La misma Europa que no aceptó la demanda de asilo de Adam porque le pareció que no corría peligro de volver a su país. La misma Europa que -en el mismo momento en que lo mataban- organizaba una de las mayores campañas propangadísticas de los últimos años para promover la única solución para los males de África: el preservativo. Una campaña que quería ocultar cualquier otra palabra humanizadora y reveladora de las auténticas raíces del sufrimiento en África. Palabras que sí pronunció Benedicto XVI en suelo africano y para los africanos, no en el avión al salir de Roma como respuesta a un periodista francés. «En una época en que tantas personas sin escrúpulos quieren imponer el reino del dinero despreciando a los más pobres, tenéis que estar atentos”, dijo en la Misa de Yaundé. Y al reino del dinero no le gusta que se digan esas cosas.

Los historiadores ya pueden apuntar la fecha: «Marzo, 2009: fundación de la Internacional Condonista». ¿Quien habló del ocaso de las ideologías? Surge una gran internacional que une izquierda y derecha, multinacionales y medios de comunicación. Herencia de mayo del 68. Cada vez que voy a París, el tren pasa por la universidad de Nanterre, origen de la revuelta de mayo del 68. ¿Y cual fue el origen de la revuelta? Que los jóvenes querían quitar la norma que les prohibía entrar en las habitaciones de las internas. El conflicto se extendió a toda la Sorbona. Nos lo contó en noviembre un miembro de aquel comité de huelga de Nanterre: François Soulage. Antiguo dirigente del PSU, luego del PS, asistente de Michel Rocard cuando fue primer ministro, autor de las leyes que favorecieron el cooperativismo y mutualismo, y ahora presidente nacional de Secours Catholique, organización católica de solidaridad, en uno de cuyos locales estábamos ayer.

Y el obispo nos contó algo del viaje a África. La experiencia de entusiasmo de las gentes, de discursos valientes contra las guerras y las injusticias padecidas por los africanos, de liturgias festivas… todo eso ha sido convenientemente escondido por una campaña escandalosamente desproporcionada y planificada. Un «linchamiento mediático» que no ha terminado con el viaje del Papa, sino que no ha hecho más que comenzar. Hace dos días los condonistas esperaron a la puerta de Notre Dame la salida de una Misa para provocar a los católicos, que respondieron con cantos religiosos. A pesar de todo, algunos medios lo presentaron como enfrentamiento entre católicos y manifestantes contra el Papa. Hoy ha sido en Lyon, a la salida de la basílica. Y algunos quieren llevar a juicio por genocidio al Papa.

The Lancet, la misma revista que en el 2004 publicó un artículo que mostraba el éxito de la estrategia ABC (en inglés, Abstención-Fidelidad-Condón), hoy se ha pasado al fundamentalismo condonista, olvidando las otras dos condiciones previas de la estrategia que apoyaban 150 personalidades científicas. Todavía en el 2007 la misma revista publicó un artículo de James D. Shelton, de USAID, sobre «los diez mitos del Sida en África». El mito número siete: «los preservativos son la solución». Para no cansar, citaremos a un agnóstico, Edward C. Green, director de un programa de investigación sobre prevención de Sida de la universidad de Harvard, que la semana pasada ha dicho: «El Papa tiene razón, o mejor dicho, digamos que todos los datos de que disponemos van en la misma dirección de lo que ha dicho el Papa». Sus estudios y los «Demographic Health Surveys» financiados por el gobierno, muestran una relación recurrente: a mayor disponibilidad y utilización de preservativos, mayores tasas de infección de VIH. Lo explica con el fenómeno de «compensación de riesgos«: al usar preservativo la mayor parte de las veces, la persona asume más riesgos de otras maneras. Cuando ponemos cinturón de seguridad vamos a más velocidad.

Pero es que, aunque no lo dijeran los científicos, es obvio que nunca se distribuyeron tantos preservativos como en los últimos veinte años. Los mismos veinte años en que se han disparado las tasas de la infección. Sería fácil de hacer un manifiesto de enfermos de Sida que usaban preservativo. Se ha separado de tal manera la libertad de la responsabilidad, que un chaval no tiene ni que trabajar para comprarse un condón. ¿Cómo va a plantearse después, si hay embarazo, la responsabilidad de mantener un hijo, si el preservativo fue donado por la Cooperación Española? De esta trivialización de la sexualidad guardo una anécdota sorprendente cuando el año pasado, en Guatemala, regresaron de España unos jóvenes guatemaltecos de un intercambio apoyado oficialmente por una autonomía. Son jóvenes de un barrio en el que la mayoría han sufrido abusos sexuales desde niños. Y cuando digo la mayoría es que son la mayoría del barrio. Les pregunté de qué les hablaron en los cursos que recibieron. “Te lo vamos a decir con las mismas palabras que nos dijeron: Follar, follar y follar«. Y se sonreían, en parte por la nueva palabra aprendida (no se usa en Centroamérica) y en parte por la simpleza que veían en los monitores, apenas unos años mayores que ellos y ya «expertos» en sexualidad, y que parece ser que terminaban sus cursos con esa triple estrategia: “follar, follar y follar”. Si a eso añadimos las palabras de despedida de Zapatero en su discurso de clausura del último congreso de su partido (“trabajad y consumid”), tenemos ya qué concepto de persona nos están vendiendo. Qué diferencia con aquel socialismo que gritaba “Asociación o muerte” y “Arriba los pobres del mundo”.

Hay que ir a las causas de lo que está ocurriendo. Circula por la red un relato sobre un lugar en el que los incendios están devorando el país. Un grupo pretende repartir un extintor a cada vecino. Otro grupo avisa que eso solo no basta, mientras se siga promoviendo experimentar con fuego alegremente: “haz tu propia hoguera”, “incendia responsablemente: lleva tu extintor”. No deberíamos de caer en la trampa de parecer defender o atacar algo que no es la raíz del problema. La Iglesia no tiene como dogma el no al preservativo, lo cual sí parece ser el dogma de los condonistas. En contra de lo que se hace creer, los dogmas de la Iglesia caben en un credo, en el que rezamos todos los domingos. En los últimos dos siglos solo dos dogmas han sido proclamados: la Inmaculada y la Asunción. Y no queremos meter un tercero sobre la infalibilidad del condón.

 

El tema de fondo, al que ni la derecha ni la izquierda oficial quieren entrarle, es cómo está organizado el mundo a favor de nuestros países enriquecidos. Como cristianos debemos centrar el tema en las verdaderas preocupaciones de Jesús: la solidaridad con los pobres, la humanización de la vida, la denuncia de las injusticias sufridas por los empobrecidos, la fraternidad que surge de la fe en un Dios Padre de todos. La fraternidad ha sido un tema tocado con insistencia en los discursos del Papa en África.

Qué diferente el trato de la prensa al viaje que Sarkozy ha hecho por el mismo continente. Habla de asociar países y repartir la riqueza, como el finquero que de vez en cuando visita su hacienda y va diciendo a los mayorales qué es lo que deben hacer. Ha hecho contratos mineros con Kabila, el mismo del que ayer nos hablaba el testimonio de la congolesa violada repetidamente por sus soldados. En Níger ha asegurado el abastecimiento de uranio para la industria nuclear francesa. Mientras que en el documento que el Papa entregó para ser estudiado por el Sínodo de África se dice: “Las multinacionales continúan la invasión gradual del continente africano, para apropiarse de sus recursos naturales. Aplastan a las compañías locales, adquieren millares de hectáreas, expropiando de sus tierras a los habitantes con la complicidad de los dirigentes africanos. Además, provocan un daño grave al medio ambiente y destruyen lo creado, todo lo que inspira nuestra paz, nuestro bienestar y nuestra armonía”. ¿Alguien sigue creyendo que el tema de esta campaña contra el Papa es el preservativo? Qué vergüenza, ya de sobra conocida, de una derecha que no conoce otra moral que la del dinero y luego se refugia en la Iglesia para usarla en su beneficio. Qué silencio el de la prensa ante casos como el del cargamento de antiretrovirales con destino a Nigeria que no han podido salir de Amsterdam por defender el negocio de una empresa que se ha hecho dueña de una patente.  Y ha ocurrido en los mismos días en que estaba en su auge la condonada campaña. Qué hipocresía la de un socialismo español cuya prioridad en África es defender multinacionales como Repsol, levanta muros para los africanos, vota en el Parlamento europeo la “directiva de la vergüenza” para poder encerrar 18 meses a un migrante sin delito alguno, pero le regala a los africanos un millón de condones. O la de un socialismo francés que arrastra juicios como el Angolagate, por el involucramiento de figuras cercanas a Mitterrand –un hijo y el consejero más cercano, Jacques Attali- en la corrupción de gobiernos a favor de la empresa petrolera francesa Total.

Pues eso, total que yo lo que quería contar era esa fraternidad que ayer pude ver en el signo de un obispo que come con los más pobres, que les escucha, que anima a establecer esa solidaridad en una organización presidida por un migrante africano, en un ambiente de diferentes culturas unidas en la misma Iglesia. Todo esto no haría falta explicarlo si todos pudiesen recibir la mirada del niño de Emily y Pascal, ella francesa, él de Burundi, y el niño… de Dios. Como todos nosotros. Ese es el mensaje secreto que llevamos dentro. Alguien lo gritó hace unos días en el estadio de Yaundé: cada ser humano, incluso el más pobre y pequeño, está creado ‘a imagen y semejanza de Dios’. ¡Toda persona debe vivir! ¡La muerte no debe prevalecer sobre la vida! ¡La muerte nunca tendrá la última palabra!».