¿Qué tiene que ver el holocausto nazi con mi dolor de muelas?

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El dilema moral de un artista en la construcción de un monumento en recuerdo a los judíos europeos asesinados en la Alemania nazi.

En 2005 en una céntrica plaza cerca de la puerta de Branderburgo de del Berlín se inauguró el “Monumento a los judíos europeos asesinados”. El monumento fue diseñado por el norteamericano Peter Eisenman y consiste en 2711 losas de hormigón en forma de cuadricula que ocupan 19.000 m2 de un terreno ondulado. Las losas tienen dimensiones que recuerdan a féretros y en general el monumento posee una estética funeraria, sombría y sin ningún otro simbolismo excepto las losas. Eisenman quería producir una atmósfera incómoda y confusa dentro de un sistema supuestamente ordenado. Y sin duda lo consiguió.

La finalidad del  monumento era recordar el holocausto nazi de forma contundente  en el corazón de la ciudad y que no pasase desapercibido a ningún berlinés que pasease por sus calles pero Eisenman siempre se negó a dar un interpretación más detallada de su monumento y animaba a los visitantes a sacar sus propias conclusiones tras la experiencia de caminar entre las 2711 losas.

Para muchos el monumento a los judíos europeos asesinados representa cronológicamente como Hitler fue capaz de llegar al poder. Al principio se hicieron visibles las SS, que aunque causaban rechazo en muchos alemanes, no molestaban demasiado así que nadie hizo nada. Esta primera fase las representan las losas iniciales que están a ras de suelo y que hoy día muchos peatones pisan con indiferencia al intentar cruzar la calle adyacente al monumento.

La segunda hilera de losas representa la radicalización de las SS en su estrategia de extorsión, violencia y humillación de los judíos, que como ya se levantan unos centímetros sobre suelo, obliga a los transeúntes a desviar ligeramente su camino. Pero la gente siguió sin hacer nada. Si uno sigue caminando por el monumento, adentrándose en él, acaba rodeado por enormes losas que levantan hasta 3 metros por encima de tu cabeza creando una atmósfera claustrofóbica que se cierra sobre ti. Ahora ya es demasiado tarde para hacer algo.

La construcción de este monumento no estuvo exenta de polémica. Ya han sido varias las ocasiones en las que han aparecido graffitis con el símbolo de la esvástica nazi sobre las losas. Para evitar que este insulto a las víctimas proliferase, Eisenmman decidió rociar las losas con un spray especial anti-graffitis. El escándalo saltó cuando la prensa mostró pruebas de que la empresa que suministraba el spray anti-graffitis, Degussa, era la misma empresa que había diseñado el Ziklon B, el gas que los nazis usaron para aniquilar a los judíos en los campos de concentración.

Cuando Eisenman conoció la noticia decidió desvincularse del proyecto del monumento y de hecho, las obras se detuvieron durante 2003 mientras la prensa y sociedad alemana debatían sobre la paradójica situación.

Eisenman acabó volviendo al proyecto y al año y medio el monumento fue abierto al público junto a un museo situado bajo él en el subsuelo de la explanada del monumento.

¿Qué es lo hizo a Eisenman cambiar de opinión y volver a proyecto? Un dolor de muelas.

Eisenman se encontraba en New York cuando un molesto dolor de muelas interrumpió su tormentoso debate interno sobre la continuidad del monumento y decidió visitar a su dentista de siempre. Después de varias sesiones y la implantación de un empaste, su dentista, también judío como Eisenman, le dijo que por las mismas razones por las que él estaba pensando en desligarse de la construcción del monumento, él debería de quitarle el empaste que le acababa de implantar porque Degussa, además de ser la empresa del gas Ziklón B y del spray anti-graffitis; también era la empresa que poseía la patente de los empastes.

La “anécdota” reabrió el debate en Alemania sobre la impunidad de las empresas que colaboraron con el régimen nazi y que hoy día siguen controlando la vida económica, cultural y política de nuestra sociedad.

Durante los juicios de Nuremberg ni una sola de las grandes compañías que colaboraron con los nazis (IBM, OPEL, Bayer, Hugo Boss, Cocacola, SIEMENS …) fueron condenadas, de hecho apenas fueron mencionadas en esos juicios.

En los juicios de Nuremberg, a pesar de ser considerados como un hito dentro del derecho internacional, sólo se condenaron a 20 miembros del partido nazi. Muchos de los funcionarios o colaboradores de los nazis que pasaron por el tribunal alegaron que simplemente hicieron lo que se espera de ellos, que solamente obedecían órdenes, “Yo no pude actuar de otra manera” fue la excusa más escuchada en los juicios de Nuremberg.

«Yo no pude actuar de otra manera»

Testimonio de un sacerdote católico

Bernhard Lichtenberg fue un sacerdote católico de la catedral de Berlín durante el tercer Reich. Sus primeros problemas con el régimen nazi comenzaron cuando proyectó  la película antibélica “Sin novedad en el frente” basada en la novela de Erich Remarque. Tras la “noche de los cristales rotos” organizó una oración pública por los judíos perseguidos y fue varías veces acusado de esconder y ayudar a los judíos. Lo que detonó su detención fue su carta al jefe de Salud del Reich protestando por el asesinato de discapacitados bajo el programa de eutanasia. Fue detenido en 1941 y asesinado en su traslado al campo de concentración de Dachau.

Antes de su traslado, en el interrogatorio hecho por la SS nazi, le preguntaron por qué había ayudado a los judíos, por qué se había complicado la vida por ellos siendo él católico. Bernhard Lichtenberg también contestó “Yo no pude actuar de otra manera”.