Juicio a la deriva de los productos financieros en las arcas públicas

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De cómo los productos derivados financieros han generado especulación contra las arcas públicas

El ejemplo del uso de las teaser rates en Francia por parte de Dexia

Tomemos un ejemplo en el que los compradores de productos tóxicos pertenecían a la esfera pública. La prensa francesa se hizo eco de los préstamos tóxicos contratados por 1.500 colectividades públicas (ayuntamientos, departamentos, hospitales) a intermediarios financieros como Dexia (especialista en este tipo de préstamos, que, además, tuvo que ser rescatado por el estado belga y el francés) .

Primer problema, y bastante frecuente: esos a menudo especificaban tipos de interés muy bajos al principio del préstamo y que subían mucho a continuación.

¿Se trata de préstamos tóxicos? No obligatoriamente, siempre y cuando la colectividad ahorre en el  periodo inicial para poder devolver los plazos elevados después; cosa que con frecuencia, no hace (si no, el ahorro compensaría el poco desembolso hecho a comienzos del préstamo gracias a los teaser rates, esos tipos bajos y tentadores al comienzo del préstamo, y estos carecerían de efecto tanto, de racionalidad).

La utilización de teaser rates permite precisamente a la colectividad mantener un equilibrio presupuestario ficticio durante un periodo de gastos o de contrataciones públicas importantes.

Esta práctica favorece evidentemente al responsable público del momento, pues puede presumir en las elecciones siguientes de una carga de deuda escasa y un equilibrio de las finanzas de la alcaldía o del departamento.

Los políticos, tan inclinados a condenar los teaser rates de los préstamos subprimes, hacen desgraciadamente lo mismo cuando estructuran los préstamos de su colectividad local.

Para ganar el mercado, las instituciones financieras entran cla connivencia con las colectividades afectadas y van más allá del deseo los responsables políticos locales proponiéndoles acuerdos de pagos diferidos en el futuro.

Los políticos, tan inclinados a condenar los teaser rates de los préstamos subprimes, hacen desgraciadamente lo mismo cuando estructuran los préstamos de su colectividad local.

En Francia se exige un control por parte del Tribunal de Cuentas, pero ese control funciona ex post, y con frecuencia cuando ya es demasiado tarde. También algunos delegados del Estado han advertido a las colectividades contra esos préstamos tóxicos, pero no siempre han sido escuchados.

Podría ser útil añadir otros instrumentos en la panoplia de control del préstamo exigiendo. por ejemplo, que todo nuevo préstamo disponga de una financiación en los años siguientes (salvo quizá en el caso de las inversiones a muy largo plazo, que necesitan un horizonte más lejano). No existe ningún método simple de la contabilidad pública y diversos paises han experimentado varios tipos de soluciones. Pero parece que el marco francés genera más transparencia.

El segundo problema, quizá más anecdótico, pero sin embargo revelador es que la toxicidad de esos préstamos procedía también de que estaban ajustados a diferentes variables como el curso del yen o del franco suizo; por ejemplo, los préstamos de 500 colectividades y hospitales iban vinculados al franco suizo.

En otras palabras, el montante del desembolso dependía de la evolución de un tipo de cambio sin ninguna relación con las finanzas de la colectividad.

las colectividades territoriales ¡tuvieron que devolver préstamos a tipos de interés que en hasta ¡un 40 o 50 por ciento en un momento en que los tipos erencia del BCE eran casi nulos!

De este modo, las colectividades territoriales ¡tuvieron que devolver préstamos a tipos de interés que en hasta ¡un 40 o 50 por ciento en un momento en que los tipos erencia del BCE eran casi nulos!

Eran «las colectividades locales víctimas de los especuladores financieros», como afirmaban en más de una ocasión los titulares de prensa? ). Sin duda, hubo una falta de escrúpulos por parte de ciertos intermediarios financieros, con Dexia a la cabeza; que estructuraban esos préstamos tóxicos con total conocimiento de causa. Se suponía que esos profesionales expertos proponían soluciones conformes con los intereses de las colectividades (y no de sus políticos, con los que negociaban), obligación a la que fallaron.

Extracto del capítulo ¿para qué sirven las finanzas? del libro La economía del bien común de Jean Tirole (premio nobel de economía)