La Pandemia X.  (VIII) ¿Prolegómenos de un nuevo totalitarismo biopolítico? La llamada «sociedad civil»: cómo conseguir una falsa legitimidad.

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A la hora de analizar iniciativas concretas de instituciones concretas siempre debemos distinguir entre la finalidad formal y la finalidad real de una institución. Confundirlas por ignorancia es un lamentable error; muy grave en política. Pero no distinguirlas deliberadamente es mentir e instrumentalizar.

Las instituciones globales que estamos analizando tienen  un gravísimo problema moral. Por un lado, establecen una finalidad formalmente «buena». Pero por otro lado,  la finalidad real es radicalmente perversa. Instituciones que (aparentemente) afirman trabajar por la salud de toda la humanidad, en realidad están diseñadas para ejercer un poder político sobre la inmensa mayoría población del planeta,  precisamente a través de la salud.

Para poder mantener esta dicotomía, estas instituciones tienen que desarrollar un discurso de mentira, de inverosimilitud y con ello conseguir un efecto masivo de  alienación de las conciencias  y de dominación social y política. Para ello, la inversión en la generación de opinión publica intra y extra institución es fundamental. La financiación de publicaciones científicas; la inversión en publicidad o inversión directa en los medios de comunicación; incluso la creación de  ONGs propias por parte de las grandes corporaciones son un conjunto de prácticas de marketing social claves para sostener la estrategia política de la nueva gobernanza.[1]  Muchas de las personas, que de buena fe colaboran con estas organizaciones, ignoran en parte la finalidad real de las mismas. Otras, sin embargo, son perfectamente conscientes.

La estrategia de la «nueva gobernanza» que está permitiendo a las grandes corporaciones tomar el control político ( el económico ya lo tienen) exige la legalidad institucional y la legitimidad social. Justamente es, este último aspecto, donde las organizaciones de la llamada «sociedad civil»  y sus alianzas publico-privadas juegan un papel determinante[2].

 Se podrían señalar varias formas de actuación.  Por orden de importancia política destacamos:

  1. Fundaciones (Gates, Rockefeller,…) que financian y por tanto deciden ideológicamente la orientación de los cuantiosos fondos. Directamente conectadas con las grandes corporaciones madre y con los organismos políticos de alto nivel. Su nivel de penetración es enorme: organismos, gobiernos, medios de comunicación, universidades, ONGs, …
  2. Asociaciones de financiación público-privada (GAVI, y Fondo Global para el SIDA, Tuberculosis y Malaria). Son instrumentos de acción transversal no limitados geográficamente. Determinados por las primeras.
  3. Organizaciones de investigación y desarrollo (la denominada «Coalition for Epidemic Preparedness Innovations», CEPI, y el «Global Virome Project»). De carácter más técnico pero orientadas según los criterios de las dos anteriores.
  4. Organizaciones humanitarias y ONGs. Implementan sobre el terreno de los países empobrecidos, que son la mayoría de la humanidad, los planes  sanitarios decididos en los niveles superiores condicionando, cuando no determinando, sus decisiones políticas. También juegan un papel muy importante en la configuración de la opinión pública de la sociedad de los países enriquecidos.

Las organizaciones humanitarias más potentes del mundo articulan acuerdos de colaboración especialmente con los gobiernos de los países donantes para implementar acciones en los países empobrecidos. Acciones que están lógicamente sujetas a las condiciones de los que financian. Realizan labores de promoción de la salud[3], desarrollo de servicios básicos de salud, refuerzo de los sistema sanitarios, etc. Las capacidades operativas y los recursos de las ONG humanita­rias pueden superar las capacidades políticas y económicas de los gobiernos locales para prestar servicios públicos básicos, lo cual les da un poder inmenso. En muchos lugares las instituciones políticas están subordinadas a las directrices de las organizaciones humanitarias.

Por ejemplo, Médicos Sin Fronteras (MSF) constituye una de las ONG humani­tarias más grandes e influyentes. La organización cuenta con más de 42.000 miembros, incluyendo profesionales de la salud, personal logísti­co y administrativo. En cuanto a su financiación, alrededor del 90 % de sus fondos proviene de donantes privados y el resto de las donaciones son corporativas. En 2017, el presupuesto anual de MSF era de apro­ximadamente 1.530 millones de euros, cifra comparable a la de la propia OMS (que asciende a 1.850 millones de euros). MSF se encuentra entre los principales actores internacionales que tra­bajan en pandemias, siendo reconocida como entidad de carácter consultivo general por el Consejo Económico y Social de las Na­ciones Unidas, habiendo sido galardonada con el Premio Nobel de la Paz en 1999.

En el plano de las fundaciones  destaca, como ya se ha dicho, el millonario Bill Gates. El fundador de Microsoft Corporation considera que las pandemias son una de las mayores amenazas para la humanidad:

«Veo la amenaza de pandemias mortales justo ahí arriba con la guerra nuclear y el cambio cli­mático. La innovación, la cooperación y la planificación cuidadosa pueden mitigar dramáticamente los riesgos que presenta cada una de estas amenazas»[4].

                Para implementar su agenda , Bill Gates trabaja en primer lugar a través de su propia fundación privada, la Fundación Bill y Melinda Gates (BMGF), fundada en el año 2000. La fundación está controlada por sus tres patronos: Bill y Melinda Gates, y Warren Buffett. En 2017, BMGF gastó más de 5.000 millones de dólares en sus programas globales, lo que la convierte en el actor no gubernamental más influyente y poderoso.

           Otra fundación con gran tradición en lo sanitario es la Fundación Rockefeller, que viene operando desde 1913.  Está considerada como una de las instituciones más activas a la hora de internacionalizar la sanidad «pública». Sus  be­cas internacionales sirvieron para desarrollar grupos de expertos en materia de política sanitaria. Su influencia sobre la sanidad pública  en muchos países es muy importante marcando directrices hacia el control de población.

La iniciativa de Redes de Vigilancia de Enfermedades de la Funda­ción Rockefeller (Disease Surveillance Networks Initiative, DSN)[5] fue lanzada en 2007 bajo el nuevo marco estratégico de la Fun­dación.  La evaluación de las actividades de la iniciativa DSN ha llevado a renombrar o proponer el formato de «comunidades de políticas y prácticas transnacionales de salud pública» para reflejar esta necesidad de prácticas que superen fronteras. En definitiva y como ellos mismos publican se trata de generar una nueva Diplomacia Global de la Salud desde la cual ejercer su influencia.

La Alianza para Vacunas GAVI[6], es otra iniciativa clave para prevenir pandemias y cuenta asimismo con el apoyo de Bill Gates. Creada en 2000, GAVI es una asociación público-privada, con el objetivo de crear un acceso igualitario a vacunas nuevas e infrautilizadas para los niños que viven en los países más pobres del mundo. GAVI se financia a través de contribuciones de gobiernos donantes y de la Fundación Bill y Melinda Gates, así como de mecanismos financieros innovadores como el Servicio Financiero Internacional para la Inmunización, el GAVI Matching Fund y el Compromiso Anticipado de Mercado Neumocócico.

El presupuesto de GAVI para 2016-2020 es de 9.200 millones de dólares en contribuciones y promesas de los donantes y de 8.500 millones de dólares en ingresos y promesas de los donantes. GAVI actualmente contempla la administración de 13 vacunas: antipoliomielítica inactivada, encefalitis japonesa, sarampión, meningitis A, cólera, pentavalente, neumococo, rotavirus, fiebre tifoidea, fiebre amarilla, virus del papiloma humano.

La Alianza proporciona financiación a los países que son «adecuados» para el apoyo y toman la iniciativa en la identificación de sus propias necesidades de inmunización, solicitando cobertura económica y documentando y monitorizando la implementación de programas de vacunación. La Alianza firma contratos a largo plazo con los fabricantes de vacunas para el suministro de cantidades significativas de vacunas, a un nivel de decenas de millones de dosis al año, a los precios fijos más bajos.

Todos los programas en los que GAVI participa en la estructura sanitaria mundial  son fundamentales para implementar el control de población .

 Dentro del plan estratégico de dominar toda la estructura sanitaria del mundo hay que destacar también que Bill Gates es, además, cofunda­dor y uno de los principales donantes y partícipes de la ambiciosa iniciativa que supone la denominada Coalición para la Innovación en la Preparación para Epidemias (en anglosajón, Coalition for Epidemic Preparedness Innovations, CEPI)[7]. Fundada recientemente en 2017, CEPI es una asociación innovadora entre or­ganizaciones públicas, privadas, «filantrópicas» y civiles como los gobiernos de Noruega, Alemania, India y Japón, Wellcome Trust y el Foro Económico Mundial. Hasta la fecha, la CEPI también ha recibido financiación de los gobiernos de Australia, Bélgica y Canadá. La Comisión Europea ha anunciado una contribución en especie de 250 millones de euros que apoyará las iniciativas pertinentes a través de los mecanismos articulados por la propia CE.

La CEPI ha anuncia­do dos convocatorias de financiación de proyectos. La primera para posibles vacunas contra los virus MERS, Lassa y Nipah. La segunda, para el desarrollo de plataformas que puedan uti­lizarse para el desarrollo rápido de vacunas contra patógenos desconocidos. El objetivo de CEPI es corregir una importante deficiencia del mercado en lo que respecta a las vacunas contra patógenos de baja probabilidad que pueden causar epidemias.

Otra asociación de financiación público-privada de enorme im­portancia es el Fondo Mundial de Lucha contra el SIDA, la Tu­berculosis y la Malaria (en inglés, The Global Fund[8]), que trabaja en la prevención y respuesta a las pandemias, y también está financiado en gran parte por el magnate de Microsoft.

El Fondo está diseñado para acelerar el fin del SIDA, la tuberculosis y la ma­laria como epidemias, y fue fundado en 2002 a partir de una asociación entre los gobiernos, la sociedad civil, el sector privado El Fondo Mun­dial recauda e invierte alrededor de 4.000 millones de dólares al año para apoyar programas implementados por expertos locales en los países beneficiarios. Estamos hablando de la organiza­ción financiera más grande del mundo que trabaja en el cam­po de los programas de prevención, tratamiento y atención del SIDA, la tuberculosis y la malaria. Hasta 2017, la organización había desembolsado 36.800 millones de dólares. En 2010-2011, se revelaron los casos de corrupción entre los receptores del Fondo Mundial, y se criticó la forma en que el Fondo manejó el mal uso.

                Otro proyecto ambicioso lanzado en el 2018 es el «Global Virome Project» (GPV) o proyecto mundial de viroma[9]. Entre el 8 y el 11 de agosto de 2016, representantes de todo el mundo: responsables políticos y de toma de decisiones de alto nivel, líderes de opinión, expertos en la materia, investigadores y representantes de organizaciones internacionales (incluidas aquellas relacionadas con la salud humana, animal y ambiental), académicos, donantes, fundaciones y el sector privado: se reunieron en el Centro de Conferencias Bellagio de la Fundación Rockefeller para desarrollar una visión sobre la importancia y la viabilidad del GVP en la construcción de un mundo a salvo de la amenaza de enfermedades virales emergentes.

Se trata de una iniciativa científi­ca global de cooperación, utilizando la capacidad del Big Data para reducir significativamente el riesgo de daño de futuros brotes virales. En el ámbito de las amenazas virales emergentes, el proyecto de viroma mundial equivaldrá a lo que el Proyecto Genoma Humano significa en tér­minos de una medicina personalizada.

En resumen, todas estas iniciativas globales (DSN, GAVI, CEPI, GF, GPV,…) coinciden en que era muy probable, por no decir seguro, que se produjese una pandemia de escala mundial de origen natural o artificial; accidental o provocada en el contexto incluso de un guerra abierta o encubierta. Como nos recuerda Albert Cortina:

 Resulta cuanto menos curioso que el Johns Hopkins Center for Health Security (EE.UU.) llevase a cabo el 18 de octubre de 2019 una cuidada simulación de una epidemia tipo coronavirus en el Event 201 Pandemic Exercise: Highlights Reel. Dicho evento fue patrocinado principalmente por el Foro Económico Mundial y la Fundación Bill y Melinda Gates[10].

        Solo se podía acudir por invitación, con la asistencia de medios como Bloomberg. No se permitieron grabaciones de video y audio, sino que después del evento, se seleccionaron videos y audio de alta calidad para su difusión en medios seleccionados, normalmente prensa especializada dirigida a público determinado.

Entre los participantes estuvieron Ryan Morhard, asesor en materia de salud y economía del Foro Económico Mundial; Chris Elias, presidente de la División de Desarrollo Global de la Fundación Bill y Melinda Gates; Tim Evans, ex director de salud del Banco Mundial; Avril Haines, ex subdirector de la CIA, Sofía Borges, en representación de Naciones Unidas; Stanley Bergman, presidente de la Junta y CEO de Henry Schein (un distribuidor mundial de suministros médicos y dentales, incluidas vacunas, productos farmacéuticos, servicios financieros y equipos); Paul Stoffels, Director Científico de Johnson & Johnson; Matthew Harrington, Director de Operaciones Global de Edelman (una de las firmas de consultoría de marketing y relaciones públicas más grandes del mundo); Martin Knuchel, Jefe de Gestión de Crisis, Emergencias y Continuidad de Negocios de Lufthansa; Eduardo Martínez, presidente de la Fundación UPS; Hasti Taghi, Vicepresidente y Asesor Ejecutivo de la cadena norteamericana NBC o Lavan Thiru, Representante Jefe de la Autoridad Monetaria de Singapur.

Es decir, esta crisis no ha sido ninguna sorpresa en los ámbitos del neocapitalismo mundial. Sin embargo, los sistemas públicos de salud de la humanidad no estaban preparados ni se iban a preparar para tal circunstancia. La mayoría de la humanidad vive en países empobrecidos por un sistema neocapitalista global[11] que no ha promovido ni permitido el desarrollo de la inmensa mayoría de los países del mundo a los que se les sigue llamando eufemísticamente subdesarrollados o en vías de desarrollo después de 60  años desde la descolonización. Una pandemia en estas circunstancias de creciente globalización en un mundo desigual y empobrecido sería un genocidio que eliminaría mucha población al mismo tiempo que permitiría la implantación de medidas de control político sanitario de la sociedad.

       Al mimo tiempo es evidente que el poder financiero mundial (empresas trasnacionales, gobiernos de países desarrollados, organismos internacionales,…)  han conformado e implementado una estrategia de control de las estructuras sanitarias mundiales para convertirlas en instrumentos de poder político global.  Poder que debía ejercerse tanto sobre los países empobrecidos, para seguir expoliando sus recursos materiales y humanos, como sobre los países enriquecidos, cuyas poblaciones envejecidas están ejerciendo un presión económica sobre los sistemas socio-sanitarios haciéndolos insostenibles según el poder financiero.

A esto hay que sumar otra pieza del rompecabezas que intentamos hacer: el papel de las nuevas tecnologías digitales, el big data y la inteligencia artificial. (Veremos en la próxima entrega)

Carlos Llarandi y Alberto Mangas

(Fin la  parte VIII)

[1] Algo de conexión hay con la llamada «nueva normalidad»

[2] Cf. https://solidaridad.net/la-pandemia-x-iv-prolegomenos-de-un-nuevo-totalitarismo-biopolitico-preparando-la-nueva-gobernanza/

[3] Todo el paradigma de salud está orientado por la denominada ideología de género o perspectiva de género. Los sistemas de salud implementados deben obedecer a esta directriz porque si no, no se reciben los fondos necesarios. Aborto, esterilizaciones, anticonceptivos son servicios impuestos para facilitar el control natal sobre los países empobrecidos.

[4] Martín Moreno, José M.ª. Gorgojo Jiménez, Lydia, . El papel de la OMS y de otras organizaciones supranacionales. Emergencias pandémicas en un mundo globalizado: amenazas a la seguridad. 111. Instituto Español de Estudios Estratégicos. Febrero 2020.   http://www.ieee.es/Galerias/fichero/cuadernos/CE_203_2p.pdf. Hemos utilizado este informe para resumir las principales inicitivas sanitarias en el plano de la nueva gobernanza global.

[5] https://assets.rockefellerfoundation.org/app/uploads/20130201172005/Disease-Surveillance-Networks-Initiative.pdf

[6] Cf. https://www.gavi.org/our-alliance

[7] https://cepi.net/about/whyweexist/.  La Coalición para la Innovación en Preparación para Epidemias (CEPI) se lanzó en Davos 2017 como resultado de un consenso de que se necesitaba un plan coordinado, internacional e intergubernamental para desarrollar y desplegar nuevas vacunas para prevenir futuras epidemias. La sede se encuentra en Oslo, Noruega, oficinas en Londres, Reino Unido y Washington DC, EE. UU en estrecha colaboración con socios del sector público, privado y de la sociedad civil de todo el mundo.

[8] Cf. https://www.theglobalfund.org/en/

[9] Cf. http://www.globalviromeproject.org/

[10] Cf. Cortina, Albert. Identificación Biométrica Universal. http://www.frontiere.eu/identificacion-biometrica-universal/

[11] Movimiento Cultural Cristiano. Campaña por la Justicia en las Relaciones Norte -Sur. https://solidaridad.net/secciones/hambre-y-justicia/imperialismo/