La Pandemia X.(VII) ¿Prolegómenos de un nuevo totalitarismo biopolítico? Controlar la legalidad sanitaria global

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 Como señalamos anteriormente la ideología de la salud es una de las bioideologías más potentes a la hora de diseñar políticas de gran influencia social. Es evidente que preservar la salud es un bien fundamental por eso todo lo que pueda implementarse argumentando que es bueno para la salud personal en su acepción física y psicológica es de una potencia enorme desde el punto de vista político y social[1].

Por eso, desde hace décadas grandes organizaciones y empresas transnacionales han penetrado en el ámbito de la salud para incrementar su influencia y su poder.  Vamos a profundizar más en esta estrategia conociendo a estos actores globales. Ya avanzamos que la Fundación Bill & Melinda Gates es, posiblemente, el paradigma de organización que desde su enorme poder financiero y tecnológico ha penetrado más en las Naciones Unidas, los ODS y la OMS para conformar un nivel de influencia planetaria consiguiendo al mismo tiempo  legalidad y legitimidad para sus negocios económico-políticos. Veamos la importancia política de este sector:

                Si se produjera una pandemia grave de gripe, la carga total de mor­bilidad sería de gran importancia, pero otras consecuencias serían aún más costosas. Las economías sufrirían de absentismo laboral, interrupciones en cascada en los mercados de bienes y servicios, y reacciones humanas al miedo y a los rumores, que pueden propa­garse más rápidamente que la propia enfermedad. Los documen­tos de planificación recientemente desclasificados del gobierno de Estados Unidos caracterizan el impacto como una guerra global. Los países pobres, especialmente los más vulnerables o frágiles, pueden ser los menos capaces de hacer frente a la situación[2].

Y desde el sector de la salud se puede intervenir «legalmente» en cualquier país del mundo.

¿Quién tiene legitimidad para establecer reglas de juego vincu­lantes en el flujo entre países, y de impulsar el fortalecimiento de los sistemas de salud cuando la iniciativa no se toma por parte de los Estados miembros?

Las Naciones Unidas, la Organización Mundial de la Salud (OMS) y las organizaciones interguberna­mentales son la única fuente de reglamentos internacionales ju­rídicamente vinculantes para la respuesta a las pandemias, cuya importancia no solo no ha disminuido, sino que es cada vez mayor, y proporcionan asistencia técnica y directrices normalizadas a los Estados.

De hecho, hemos de recordar que la OMS, de acuerdo con su constitución aprobada por todos los Estados miembros de Naciones Unidas, ha tenido y tiene como responsabilidad fun­damental la gestión de la acción mundial contra la propagación internacional de las enfermedades, y que, conforme a los artí­culos 21(a) y 22 de dicha Constitución, la Asamblea Mundial de la Salud está facultada para adoptar reglamentos «destinados a prevenir la propagación internacional de enfermedades», que una vez adoptados por la Asamblea de la Salud, entran en vigor para todos los Estados miembros de la OMS, excepto aquellos que expresamente los rechacen dentro del plazo estipulado[3].

Si el poder económico penetra en la estructura institucional legal de la salud a nivel internacional y además consigue la legitimidad social mediante sus fundaciones y ONGs, el nivel de influencia es tan grande que se puede plantear como factible implementar ciertas normas y reglamentos a toda la población del planeta: campañas de vacunación obligatorias; certificados de identidad biométrica y de salud, etc. Y esta normativa digitalmente aplicada y  controlada mediante el big-data y la inteligencia artificial puede suponer, a parte de una fuente de información económica, un nivel de control de la población total tanto por parte de los gobiernos y sobre todo por parte de las grandes corporaciones trasnacionales.

La resistencia por parte de importantes sectores de la población mundial podría ser tan grande que hubiera que pensar una forma radical de reducirla y esta forma podría ser generando un opinión pública masiva a favor de implementar dichas normativas. ¿Podría ser esta crisis una forma de aelerar este proceso?

Como ya hemos ido mostrando con algunos ejemplos, la penetración del poder económico en la estructura institucional de la salud a nivel internacional no es reciente. Se ha ido conformando paulatinamente en diferentes ámbitos.

Primero veamos la estructura «legal»:

 La OMS es la única autoridad mundial intergubernamental para el control de pandemias. Este papel se consolidó con la aprobación del nuevo Reglamento Sanitario Internacional (RSI) en 2005 con un amplio poder global. La versión actual del RSI entró en vigor el 15 de junio de 2007 y es vinculante para 196 países de todo el mundo, incluidos todos los Estados miembros de la OMS.

  • Muy recientemente, en 2016  se creó el Servicio de Financiación de Emergencias para Pandemias (PEF) del Banco Mundial.
  • En 2017 se creó un nuevo fondo de contingencias para pandemias articulado en la nueva iniciativa de emergencias sanitarias de la OMS por el que se crea un pro­grama único, con su propio personal, un presupuesto, un conjun­to de reglas y procedimientos y una estructura jerárquica clara.
  • Las políticas de la Unión Europea (UE) en el campo de la prevención y control de pandemias presentan limitaciones objetivas. Lo cierto es que en la Unión Europea no ha habido una base normativa que favorezca un planteamiento proactivo, sino me­ramente reactivo ante este tipo de retos. Solo a partir de 2010, cuando entró realmente en vigor el actual Tratado de Lisboa que incorporó como artículo 168 temas específicos de «salud pública». La dimensión normativa y que estructura acciones de la UE se articula sobre todo a partir de la jurisprudencia y acciones re­activas derivadas de las decisiones del Tribunal de Justicia de la Unión Europea.

Sin embargo las diferentes crisis sanitarias, según los expertos[4], han puesto en evidencia lo insuficiente de estos medios, lo inadecuado de los mecanismos o la incapacidad de sus gestores gubernamentales.[5] El hecho es que la respuesta de la OMS a la pandemia de gripe de 2009 fue ampliamente criticada, incluida la sobreestimación de la amenaza y las acusaciones de corrupción.

Debido a esto, en 2011 se crea el  Marco de Preparación para una Gripe Pandémica (conocido como marco de PIP, derivado de las siglas en inglés: Pandemic Influenza Preparedness Framework) con el objetivo común de aumentar la preparación del mundo para responder a la próxima pandemia y, específicamente, reducir la incertidumbre respecto de nuestra capacidad colectiva para inter­cambiar virus y los beneficios que ello puede tener.

Se reunieron todos los actores involucrados en este tema: la OMS, los Estados miembros, la industria, la sociedad civil y otras partes interesa­das. El Marco incluye un sistema de distribución de beneficios del «Pandemic Influenza Preparedness Framework» que prevé una contribución de asociación anual a la OMS por parte de fabri­cantes de vacunas, kits diagnósticos y productos farmacéuticos contra la gripe a través del Sistema Mundial de Vigilancia y Res­puesta ante la Gripe de la OMS[6].  En general hay todo un conjunto de iniciativas políticas y técnicas sanitarias a nivel mundial comandadas por la OMS pero muy penetradas por agentes económicos[7].

Aunque no es estrictamente un tratado, el Marco del «Pandemic Influenza Preparedness Framework» tiene características de derecho internacional, tales como la responsabilidad colectiva, la colaboración de los socios y los procedimientos de cumplimiento. Es decir está al máximo nivel de influencia política.

Sin embargo hay factores derivados de luchas políticas comerciales que influyen en todos esos procesos. Así, tras las tensiones comerciales entre Estados Unidos y China desde 2018, China ha llegado a retener muestras de peligrosos virus de influenza (del tipo de gripe aviar H7N9), impidiendo la caracterización que es imprescindible para el desarrollo de vacunas y tratamientos.[8]

Por ello y sin calentarnos mucho, la actual crisis parece apuntar a una especie de guerra híbrida  ( política, económica, tecnológica,…) entre diferentes actores geopolíticos y geoeconómicos sobre el campo de batalla de la salud de la población mundial[9]. Sin duda, quien saque ventaja tiene muchas posibilidades de llevarse todo el pastel.

En un segundo nivel, también llamémosle «legal»

 … se sitúan las principales instituciones financieras internacionales como el Fondo Monetario Inter­nacional (FMI), el Banco Mundial (BM) y la Organización para la Coo­peración y Desarrollo Económico (OCDE) cuyas actuaciones vienen determinadas desde su nacimiento en el sentido de proteger y promover los intereses de los países más ricos. De hecho, su efectividad en este sentido ha sido impecable. La desigualdad en el mundo no ha dejado de aumentar en los últimos 50 años[10].

En coherencia con esta estrategia, estas instituciones económicas dirigen selectivamente sus inversiones para regular los sistemas sanitarios de los países más empobrecidos e imponer sus políticas económicas y sociales condicionadas a que se cumplan sus exigencias. Así por ejemplo, la altísima mortalidad durante la crisis del Ébola en algunos países africanos, y en otros no tanto, fue por el desmantelamiento de los sistemas sanitarios para tener que cumplir con los compromisos de la deuda externa.[11] Además los sistemas de salud de los países empobrecidos están financiados ideológicamente de tal forma que se acaten ciertos requisitos respecto perspectiva de género, salud reproductiva o derechos sexuales[12].

Llegados a este punto se abre un nuevo espacio político de intervención global como ya  adelantábamos:

         Durante los anteriores brotes pandémicos se detectó una cierta falta de autoridad y coordinación en la respuesta ante la pan­demia por parte de los organismos oficiales internacionales. De forma paralela, las actividades de fundaciones, alianzas y ONG internacionales han contribuido significativamente a relle­nar esta laguna, aunque frecuentemente de manera bastante descoordinada y fragmentada. Parece evidente que existe una insuficiente gobernanza mundial para abordar los problemas de salud internacionales, y quizá por ello se ha propiciado un nuevo espacio político generado por la sociedad civil y nuevos actores, como los filántropos internacionales (por ejemplo Bill Gates) y las asociaciones de salud mundial entre los sectores público y privado, como la Global Alliance for Vaccines and Immuniza­tion (GAVI), que no pertenecen a ningún territorio geográfico específico. Intentando enlazar las instituciones oficiales supranacionales y las propias de la sociedad civil.[13]

 En el contexto actual se viene fraguando un nuevo espacio de influencia política global donde se deslegitiman unas organizaciones públicas frente a otras privadas de enorme poder socio-económico. Esto cambia totalmente el concepto político de la democracia a nivel mundial.

Carlos LLarandi y Alberto Mangas

(Fin parte VII)

Leer otros de la serie

La Pandemia X. (VI) ¿Prolegómenos de un nuevo totalitarismo biopolítico? Nuevo Paradigma de Salud al servicio del poder económico

Pandemia X (V): ¿Prolegómenos de un nuevo totalitarismo biopolítico? La salud como (bio)ideología del poder

[1] Las empresas farmacéuticas han sido las más rentables del mundo, más que los bancos. Sin embargo, esta tendencia se había roto, y era necesario un cambio de estrategia. ¿Puede cambiar esto con la crisis del covid-19?. https://www2.deloitte.com/es/es/pages/life-sciences-and-healthcare/articles/retorno-i-d-sector-farmaceutico-informe.html

[2]  Martín Moreno, José M.ª. Gorgojo Jiménez, Lydia, . El papel de la OMS y de otras organizaciones supranacionales. Emergencias pandémicas en un mundo globalizado: amenazas a la seguridad. 86. Instituto Español de Estudios Estratégicos. Febrero 2020.   http://www.ieee.es/Galerias/fichero/cuadernos/CE_203_2p.pdf.

[3] Cf. Ibíd., p. 88

[4] Son los mismos «expertos» en todos los organismos que van rotando de lo público a lo privado; de lo nacional a lo internacional. Al final se consigue un desprestigio sistemático de lo público que avala la necesidad de que lo privado (económico) tome el timón tanto científico-técnico como de gestión político-económica.

[5] Cf. Ibid., p. 90

[6] Cf. Ibíd., p. 94

[7] Cf. Ibíd., p. 101 ss

[8] Cf. Ibíd., p. 95

[9] Teniendo en cuenta que el concepto de salud en un mundo tiende a ser unitario  unificando todos los aspectos de la misma como aquellos en relación a la salud humana, salud animal y el medio ambiente. https://www.who.int/features/qa/one-health/es/

[10] Piketty, Thomas. El capital en el siglo XXI. 15. Fondo de Cultura Económica.  Madrid. 2014.

[11] Criado, Miguel Ángel. El FMI socavó el sistema de salud de los países castigados por el ébola. El País. 22/12/2014. https://elpais.com/elpais/2014/12/22/ciencia/1419229469_549752.html

[12] La ayuda oficial o la privada  a los países empobrecidos está siempre muy condicionada por aspectos ideológicos y por aspectos económicos.

https://solidaridad.net/la-ideologia-de-genero-somete-a-los-paises-africanos-a-un-nuevo-colonialismo/  https://saludysolidaridad.com/2017/03/18/la-cooperacion-como-negocio/

[13] Martín Moreno, José M.ª. Gorgojo Jiménez, Lydia, . El papel de la OMS y de otras organizaciones supranacionales. Emergencias pandémicas en un mundo globalizado: amenazas a la seguridad. 106. Instituto Español de Estudios Estratégicos. Febrero 2020.   http://www.ieee.es/Galerias/fichero/cuadernos/CE_203_2p.pdf