La primavera de tu sonrisa (María del Mar Fernandez, DEP)

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Hola Mari Mar:

Llevamos confinados varias semanas y no hemos podido vernos ni abrazarnos. Y ahora, las circunstancias han hecho que no volvamos a poder vernos personalmente hasta que no nos presentemos ante el Padre. Tú ya estás en su casa, que es la tuya. Nosotros aquí, esperando atónitos. Porque te has ido demasiado temprano. Pero cuando ya había amanecido. Te has ido con la luz y hacia la Luz. Y tu ángel de la guarda ha sufrido también un ERTE, como muchos otros. Pero en el caso de Jesús, tu ángel de la guarda, es un ERTE con fecha de caducidad, solo que esa fecha no nos toca ponerla a nosotros.

Maria del Mar en un acto solidario

Por aquí todos mal. Encerrados, confinados, consumidos y cabreados. Pero no perdemos la ESPERANZA, porque tú formas parte de ella. Con mayúsculas y en negrita. Porque tú tienes esa forma tan bonita de decirnos que nos quieres. Esa forma que solo en tus labios transmite tan maravillosamente tu cariño por nosotros. Cada vez que nos dices “ERES LO PEOR” ¿Te suena? Acto seguido nos aclaras: “bueno, no. Lo peor soy yo. Pero detrás vas tú”. Yo no veo otra forma más bonita de expresar al mismo tiempo el amor y el humor de Dios. Porque el amor y el humor en tu vida son lo mismo. Y hasta los chistes que cuentas llevan ese aroma amoroso que refresca el humor que tú les pones. Porque mira que eres graciosa, ¡Condenada! Mira que sabes reírte, no de los demás, sino con los demás. Lo que más falta le hace a este puñetero mundo. El humor amoroso.

Y estoy triste, cómo no lo voy a estar. Si ya no te vamos a tener en persona. Esos cafés todos los días en el recreo. Benditos cafés. Ahora me los tomaré sin ti físicamente. Pero no te pienso dejar escapar ¡No haberte hecho amiga mía! Ahora, como diría el Principito, me has domesticado y te necesito, y nunca voy a dejar de necesitarte. Ahora copio sin pudor los versos del poeta y quiero escribir los versos más tristes, y quiero escarbar la tierra con los dientes, y quiero sacarme del pecho el corazón y meterlo debajo de un zapato. Ahora cobran para mí un nuevo sentido estas palabras. Porque sé que son un sentimiento real. Pero también sé que eres un ángel. Siempre lo has sido. Y los ángeles tienen poderes que los pobres ignorantes como yo ni nos imaginamos. Por eso a ti me encomiendo, en la confianza de que vas a llenarme de esperanza. En la confianza de que los auténticos amigos lo son para la eternidad.

Y, por eso, tengo que señalar la generosidad de tu vida. Siempre manteniendo a la familia, siempre en un segundo plano. No le das importancia a esa generosidad que te sale por los poros. Por vuestra casa ha pasado media España (y me quedo corto). Hemos comido, hemos dormido y hemos disfrutado de vuestra compañía tantas veces como hemos querido.

¡Y qué bien cocinas! Sobre todo cocinas bien la amistad. Le das ese punto de acogida y cariño que la hacen más deliciosa. No sé cómo has conseguido la receta. Pero funciona. Y la puedes acompañar con lo que quieras: amistad al alioli, amistad en pepitoria, en salsa verde… sazonado con abundante ternura. Así a ver quién se niega a un plato tuyo. Hasta con el cáncer muy avanzado nos has invitado a comer y cenar a tu casa. Hasta casi sin fuerzas en el hospital has pedido por nuestros hijos por nuestras familias, has estado pendiente de cómo nos iba a todos. Eres increíble.

Quiero que sepas que tu trabajo callado en tu casa sostiene el trabajo de toda la organización. Porque los niños no se cuidan solos, ni la casa se limpia sola, ni la cocina tiene piloto automático. Y sin esos “detalles” a ver quién es el guapo que sale a difundir o a preparar ponencias o a trabajar en el apostolado. Y encima, siempre que se te ha pedido, preparas tus ponencias, nos haces power points. A mí ni sé los que me has hecho, para el trabajo y para los grupos de formación. Tú eres una persona por la que sigo metidos en estos fregados de la asociación apostólica. Tú me haces sentir que todo esto merece la pena. No eres la única, claro, pero sí una de esas personas que no cambiaría por absolutamente nada en esta vida. Por eso entiendo tus frases sobre que no tienes fe, que no eres una militante cristiana, como otro detalle del Humor de Dios. Porque tú lo dices sinceramente, pero todos sabemos que es mentira. Te dejamos decirlo, pero no nos lo creemos, porque te conocemos y, por eso, te queremos.

Y en las clases, con tus alumnos.

“No eres del Amor de Dios si no… amas incondicionalmente a Mari Mar”.

Este fue un hastag que corrió como la pólvora hace unos años. Y que a mí me hizo sentirme muy orgulloso de ser tu amigo. Esa forma de tranquilizar a los alumnos cuando tenían un examen. Tú, que eres un manojo de nervios… los relajabas y los ponías a hacer el examen serenamente. El Humor de Dios. Ahora me toca a mí insistirles en que recuperen el hábito tan injustamente denostado de la oración, esa que tú practicas como una experta… P’a que luego digas que no tienes fe. Si rezásemos más odiaríamos menos, amaríamos más. Tú, de hecho, ya has conseguido el milagro de que tus hijos adolescentes se uniesen contigo a rezar el rosario.

Solo me queda despedirme hasta la próxima oración. Ahora vas a estar en todas mis oraciones, junto con mi madre, la señora Isabel. Tronchándoos de risa las dos. De risa de la buena, de esa que limpia el alma y sana el cuerpo. Si me dejas elegir un regalo, me quedo con tu sonrisa. Con la eterna primavera de tu sonrisa.

Juan Antonio Tapia

Militante del Movimiento Cultural Cristiano.

Amigo, hermano apostólico y compañero profesional de María del Mar Fernández

Nota:

El Movimiento Cultural Cristiano ora por el eterno descanso de nuestra hermana Maria del Mar Fernández, que desde hoy está con el Padre, y desde el cielo impulsa nuestra tarea. Pedimos también por su familia, para que el Señor les de fortaleza en estos momentos.

Un fuerte abrazo. DEP