“Las riquezas congoleñas son un paraíso para el mundo, pero para las poblaciones locales un auténtico infierno”

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Lumumbashi, Democratic Republic of Congo, Geca /© OIT / Lord R.Mines, copper and cobalt processing plant, miners load railway car

Imagen © OIT / Lord R.

“La guerra en la República Democrática del Congo es como un árbol que esconde un bosque” ha dicho Pierre Kabeza desafiando la cómoda representación de la guerra de 30 años en el este de la RDC como una “guerra civil”, durante la conferencia de prensa “¿Cuándo habrá paz en el Congo?” celebrada en Roma el pasado 25 de enero.

“Las raíces de un árbol no se ven. Las raíces son las grandes potencias del mundo, junto con sus multinacionales. El tronco del árbol son los países vecinos de la RDC (Ruanda y Uganda) que reciben ayuda de las grandes potencias y, por último, las ramas, son los diversos grupos guerrilleros que operan en territorio congoleño. La savia que nutre el árbol son los intereses económicos”, ha afirmado Pierre Kabeza, antiguo sindicalista defensor de los derechos de los niños congoleños y ex presidente de asociaciones juveniles de la región de Kivu del Sur, al este del país.

Precisamente para sensibilizar a la opinión pública sobre la guerra en las tres provincias congoleñas de Kivu Norte y Sur e Ituri, con motivo de la visita del Papa Francisco a la RDC, 107 asociaciones, comités y grupos de la sociedad civil italiana, muchos de ellos presentes en el país, enviaron una carta al Pontífice, con la petición de que dé voz al clamor del pueblo congoleño dando a conocer su sufrimiento y denunciando al mismo tiempo las “causas estructurales” y las responsabilidades políticas y económicas de Occidente, que se apropia impunemente de los recursos naturales, los mercados y los recursos humanos de este país.

Entre las “causas estructurales” están los enormes recursos naturales de la región, en particular el coltán y el cobalto (pero también varias de las llamadas “tierras raras”), minerales cada vez más estratégicos de cara a la llamada “transición energética”, presentada como un avance “ecológico”.

“Estos minerales hacen de mi país natal un paraíso, mientras que en cambio las poblaciones viven en un verdadero infierno”, ha afirmado John Mpaliza, activista ítalo-congoleño de derechos humanos, que recuerda cómo la “RDC es un país estratégico para el mundo”, no sólo por sus recursos minerales, sino también “por su posición geográfica en el centro de África, y porque posee la segunda selva tropical más grande, el pulmón verde del planeta”.

La esperanza viene de los jóvenes que animan una sociedad civil muy activa representada por asociaciones como Lucha, cuyo portavoz en la conferencia ha sido Micheline Mwendike: “Queremos decirles que hay quienes luchan cada día por elecciones libres, carreteras, salarios, seguridad”, ha afirmado. “Tenemos la impresión de que el mundo prefiere dejarnos en el caos porque es la única manera de sacarnos minerales a precio cero. No nos pagan por el CO2 que absorbe la selva ecuatorial congoleña. Pero a pesar de ello, luchamos por mejorar la situación”.

“Las nuevas generaciones africanas se dan cuenta de esta situación. Espero que los jóvenes africanos y europeos se unan para ayudar a cambiarlo”, ha subrayado John Mpaliza.

El padre Giovanni Piumatti, misionero fidei donum de la diócesis de Pinerolo en Kivu desde hace más de 50 años, ha recordado el drama de los niños soldados reclutados por los distintos grupos guerrilleros presentes (al menos un centenar) y ha subrayado que “en los últimos años tenemos cientos de chicos que quieren dejar las armas pero no hay ninguna estructura capaz de acogerlos” y reintegrarlos después en la sociedad.

(L.M.) (Agencia Fides 26/1/2023)