Los pobres son los verdaderos protagonistas de los avances técnicos

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La experiencia de la Iglesia, la vida de solidaridad de los empobrecidos, la sociedad científico-técnica no es ajena a ninguna realidad de solidaridad.

La Iglesia y los empobrecidos

En el desarrollo técnico de la cultura del siglo XX es esencial la cultura cristiana, la cultura de los pobres. Y lo social no es apéndice del cristianismo, así numerosos teólogos han desarrollado la teología del trabajo, así como los papas lo han recogido en distintas encíclicas de la doctrina social de la iglesia.

Pero el sentido profundo del trabajo en el cristianismo, es que el hombre cumple aquellas palabras de «haced esto en memoria mía», y así «co-crea» con Dios creador, desarrollando los instrumentos necesarios (técnica).

El sentido de la historia del cristianismo colabora con el desarrollo de la técnica desde la primeras comunidades.

En el curso sobre técnica y solidaridad en el mundo del trabajo se presentó la vida de científicos y técnicos solidarios que buscaron la verdad y no permanecieron indiferentes ante la realidad que les rodeaba.

Experiencias solidarias de los pobres

En la jornada de ayer se mostraron múltiples experiencias de pobres que han hecho de la técnica una posibilidad de liberación, redes de pobres en colaboración, tecnologías basadas en el conocimiento que ya tienen los pobres, conocimiento compartido, que en muchas ocasiones es robado por los grandes. Una exposición sobre la experiencia de los pobres en el mundo de la técnica y su promoción asociada jalonan la Casa Emaús; en ella aparecen experiencias de los continentes más empobrecidos de la tierra, electrificación, educación, agua… todo protagonizado por los últimos.

Robo a los pobres

Como ejemplo se puso la fuga de cerebros africano deja sin profesionales a África, muchos de ellos llegan en patera al norte enriquecido, o que la mayoría de las enfermedades del mundo viene del agua en mal estado, bebiendo en charcas contaminadas: el agua mata más que las guerras, cuando las multinacionales del agua tienen monopolio sobre la misma.

«Solo dos cosas son infinitas, el universo y la estupidez humana, y no estoy seguro de la primera», dijo Albert Einstein. La técnica no sirve al hombre por la estupidez de los hombres, se convierte así en dominación e ideología.

Pongamos pues el conocimiento, que los pobres ponen al servicio de la humanidad, en el lugar que le corresponde.