Los rechazados y excluidos son iconos vivos de Cristo

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Hoy hay tantos «Cristos abandonados»

El Santo Padre manifestó en su homilía del Domingo de Ramos: «Cristo abandonado nos mueve a buscarlo y amarlo en los abandonados. Porque en ellos no sólo están los necesitados, sino que está Él, está con ellos, Jesús abandonado, Aquel que nos salvó descendiendo hasta lo más profundo de nuestra condición humana. Él está con cada uno de ellos, abandonado hasta la muerte». El Papa pensó en algunos, como la persona en situación de calle, procedente de Alemania, que falleció en noviembre de 2022 bajo la columnata de Bernini, «solo, abandonado».

«Y es Jesús para cada uno de nosotros. Tantos necesitan nuestra cercanía, tantos abandonados. Yo también necesito que Jesús me acaricie y se acerque a mí, y por eso voy a verle a los abandonados, a los solos».

El Pontífice evidenció la existencia de tantos «Cristos abandonados» en la actualidad: pueblos enteros explotados y abandonados a su suerte; pobres que viven en los cruces de las calles, con quienes no nos atrevemos a cruzar la mirada; hay migrantes que ya no son rostros sino números; hay presos rechazados, personas catalogadas como problemas.

«Pero también hay tantos cristianos invisibles, escondidos, abandonados, que son descartados con guante blanco: niños no nacidos, ancianos abandonados, ancianos que pueden ser tu padre, tu madre quizás, abuelo, abuela… abandonados en geriátricos, enfermos no visitados, discapacitados ignorados, jóvenes que sienten un gran vacío interior sin que nadie escuche realmente su grito de dolor. Y no encuentran otro camino (que el suicidio)… Los abandonados de hoy. Los Cristos de hoy».

Los rechazados y excluidos son íconos vivos de Cristo

Jesús abandonado -dijo el Pontífice- nos pide que tengamos ojos y corazón para los abandonados. Y para nosotros, discípulos del Abandonado, nadie puede ser marginado, nadie puede ser abandonado a su suerte; porque, recordémoslo, los rechazados y excluidos son iconos vivos de Cristo, nos recuerdan su amor loco, su abandono que nos salva de toda soledad y desolación.

El Santo Padre nos invitó a pedir la gracia de saber amar a Jesús abandonado y saber amarlo en cada persona abandonada, de saber ver y reconocer al Señor que todavía grita en ellos. Exhortó a no dejar que su voz se pierda en el silencio ensordecedor de la indiferencia. Puesto que Dios no nos ha dejado solos, Francisco nos instó a ocuparnos de los que están solos.

«Entonces, sólo entonces, haremos nuestros los deseos y sentimientos de Aquel que por nosotros «se anonadó de sí mismo» (Flp 2,7). Se anonadó (se anonadó) totalmente, por nosotros»