Mi pueblo ha sufrido mucho más que yo, no tengo derecho a quejarme

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Aung San Suu Kyi es la figura emblemática de la oposición birmana contra la dictadura

Su inspiración en los movimientos no violentos y su compromiso por los Derechos Humanos le valieron el máximo reconocimiento internacional. En 1991 le fue concedido el premio Nobel del Paz, gracias al cual dio a conocer su combate rechazando el exilio que se le proponía a cambio de su silencio. Suu Kyi declaraba: “No me gusta utilizar la palabra sacrificio. Siempre he dicho que la vida es una elección y yo he elegido implicarme en el movimiento por la democracia en Birmania. Nadie me ha forzado a hacerlo. No estaría bien decidir que vas a hacer algo y después decir: `Oh, cuánto estoy sacrificando`. Si te sientes así lo mejor es que no te impliques. Gran parte de nuestro pueblo ha sufrido durante esta lucha y puedo decir sin temor a equivocarme que muchísima gente ha sufrido más que yo, mucho más. No tengo ningún derecho a quejarme. Si lo hiciera no estaría siendo seria en mi compromiso”.

El pasado 7 de noviembre de 2015, en Myanmar (antes Birmania), el partido oficial, respaldado por el Ejército, que hasta hace poco ejerció una brutal dictadura, fue derrotado por la oposición encabezada por Aung San Suu Kyi, presa durante más de 15 años. Su partido, la Liga Nacional para la Democracia, ya había ganado en 1990, con un apoyo del 80%, pero los militares burlaron su triunfo. La victoria de Aung San Suu Kyi demuestra que las dictaduras, los gobiernos autoritarios y opresores, deben y pueden ser derrotados por un pueblo que ejerza la presión moral liberadora de la noviolencia, el poder de los sin poder.

“Madre Suu”, como también llaman a Aung San Suu Kyi, inspira gran cariño entre sus partidarios. Hija del héroe de la independencia birmana, el general Aung San, aunque apenas le conoció: fue asesinado cuando ella tenía apenas dos años. Tras pasar la mayor parte de su vida en el extranjero, regresó a Birmania en 1988 para cuidar de su madre, muy enferma. Las masivas manifestaciones contra la junta militar la encontraron allí. Y se puso al frente. Fue detenida. Su lucha contra la dictadura militar a través de la resistencia pacífica le ganó el respeto de su pueblo. Suu Kyi ha seguido el sendero trazado por Gandhi y llamó a su pueblo, especialmente a los jóvenes, a no recurrir a la violencia. “No creo en la lucha armada porque perpetúa la tradición de que quien mejor empuña las armas, ejerce el poder. Eso no ayuda a la democracia. La no violencia significa una acción positiva… No es que uno se quede sentado sin hacer nada… sino hacerlo de una forma no violenta”, plantea. Como Gandhi, Suu Kyi confía en la capacidad humana para el cambio y busca transformar al opresor, no destruirlo.

La indiscutible líder moral ha pedido un diálogo de reconciliación nacional. El país tiene numerosos problemas como son los conflictos étnicos en las zonas fronterizas, el extremismo budista, el maltrato a la minoría musulmana rohinyá y con un tercio de sus 52 millones de habitantes viviendo con menos de un euro al día.

Algunos de los ministerios más poderosos, como Interior o Defensa, o instituciones como la Comisión Nacional de Seguridad seguirán bajo el control del Ejército. Según recuerda la organización Burma Campaign, “los militares siguen controlando una enorme proporción de la economía birmana mediante compañías que controlan directamente y a través de una compleja red de asociaciones de varios individuos”. Y es que, a pesar de su abundancia de petróleo, gas, madera, jade y piedras preciosas, esta bellísima nación del Sudeste Asiático es una de las más pobres del planeta.

Un mercado codicioso

El Foro Económico Mundial ha servido para atraer a Myanmar a más de 900 delegados de 50 países que ansían una tajada de los suculentos recursos naturales y la mano de obra barata del país asiático, hasta ahora explotados casi exclusivamente por China, el mayor aliado de los militares. Myanmar es rica en recursos naturales (madera, minerales, piedras preciosas, gas y petróleo, entre otros) y está en un enclave estratégico: entre la India y China y con acceso al océano Índico. Esa es la razón que explica el desfile de representantes de países occidentales (Estados Unidos, Australia, Unión Europea, Gran Bretaña, Francia, Noruega…) que hacen de embajadores de las grandes empresas nacionales y multinacionales.

Voz sin miedo, como también llaman los birmanos a Suu Kyi declaró durante la dictadura que «Las multinacionales que como Pepsi o Texaco invierten en mi país no entienden que sólo alargan la agonía de mi pueblo, que los beneficios no llegan nunca a la gente» y llegó a afirmar que la empresa Total Fina Elf eran el mejor pilar del gobierno militar encabezado por el entonces general Than Shwe.

A pesar de la violación sistemática de los derechos humanos de la dictadura militar son hasta cuatrocientas las empresas extranjeras y multinacionales que no dudaron en instalar su negocio en Birmania: Air France, Alcatel, American Express, Axel Springer, Caterpillar, Crédit Agricole, Daewoo, Deutsche Bank, DHL, Fuji, General Motors, GlaxoSmithKline, Hyundai, Lufthansa, Nestlé, Oracle, Siemens, Suzuki, Swatch, Total o Unocal….

En 2004 un pueblo de aldeanos de Birmania denunció a la petrolera Unocal (United Oil California) por violación de los derechos humanos. Unocal había decidido construir un gaseoducto y no dudó en pasar por encima de los pueblos asentados en el trayecto utilizando la tortura, el asesinato y los rentables trabajos forzados. Más recientemente, en julio de 2015, Coca-Cola ha reconocido que su director local tiene lazos con el comercio de jade (joyas ornamentales), sobre el que aún existen sanciones económicas. La ONG Global Witness denunció que en la industria del jade, valorada en unos 31.000 millones de dólares, están implicadas personas como Than Shwe, el jefe de la última junta militar, ex señores de la guerra como Lo Hsing-Han y narcotraficantes cercanos a la guerrilla wa.

No cabe duda, que la mayoría de los gobiernos occidentales han sido traidores a la defensa honrada de la democracia y los derechos humanos en Birmania. Ahora aplaudirán a esta luchadora, mientras siguen jugando al silencio cómplice de una alianza entre la corrupta élite militar y los grandes intereses imperialistas en la zona. Detrás de la agenda americana y aparente democratización existe también un lado mucho más oscuro y poco conocido en Birmania: El negocio de la droga. Y erradicar la droga va contra los intereses del mundo financiero. Myanmar es el segundo país productor después de Afganistán.

La erradicación de la droga de Triángulo Dorado (Birmania, Laos y Tailandia) va en contra de los intereses de los principales bancos occidentales, sus gobiernos y las corporaciones transnacionales, cuyos sistemas financieros dependen del flujo multimillonario que proporciona el nefario negocio de las drogas. La droga se ha convertido en un negocio imprescindible para sostener algo insostenible.

Acabamos con estas hermosas palabras de Suu Kyi sobre el miedo, que tienen plena vigencia en un mundo imperialista donde el miedo nos hace sumisos: «No es el poder que corrompe sino el miedo. El miedo de perder el poder corrompe a los que lo tienen, y el miedo del abuso del poder corrompe a los que viven bajo su yugo. La ausencia del miedo puede ser un regalo, pero quizá el regalo más precioso sea el coraje adquirido a través de la persistencia, un coraje que procede de cultivar el hábito de impedir que el miedo dicte nuestras acciones, un coraje que puede ser descrito como gracia bajo la presión, una gracia que es renovada constantemente en el rostro de crueldad”

Autor: Francisco Rey