NACIMIENTO DEL MOVIMIENTO OBRERO ESPAÑOL

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´Contra la ignorancia, escuelas, periódicos y libros. Contra la miseria, Asociación.´ …La solidaridad de los pobres constituyo su gran intuición cultural y su gran poder social, y no las genialidades intelectuales de Marx, Bakunin,…, que más bien condujeron a la división y al aplastamiento de los valores culturales-vitales de los empobrecidos….
1.-INTRODUCCIÓN

Históricamente, la vida metía al que se acercaba a la militancia en el descubrimiento de esa necesidad para poder ser persona. Apenas se requería esfuerzo para tomar conciencia de la necesidad de la vida militante. Sin embargo, en el Hemisferio Norte enriquecido para ser persona militante es necesario un esfuerzo proporcional al nivel de alienación que padecemos. Hoy en la mayoría de los casos, sólo podemos plantearnos la militancia por conciencia, por opción libre y consciente; la necesidad de emancipación apenas cuenta y esto se debe a que existe una serie de dificultades que nos impiden aceptar la militancia. Dificultades tanto objetivas como subjetivas.

No podemos plantearnos el estudio del nacimiento de movimiento obrero español sin tener en cuenta una serie de puntos:

1.- Reflexionar sobre la militancia obrera en la historia de los dos últimos siglos, aunque esto ya no se haga ni en las facultades de Historia. Los poderes de nuestro tiempo ocultan la Historia de los pobres del siglo XIX y primer tercio del siglo XX, porque tienen necesidad de que las juventudes actuales no la conozcan. Si la conocieran es posible que no tuvieran la sensación de importancia que viven ante los problemas sociales.

2.- La Historia del movimiento obrero de los países enriquecidos, es a lo largo de los siglos XIX y principios del XX, el testimonio de solidaridad más grande de todos los tiempos, a la vez que una lección de traición, en el siglo XX, por parte de las organizaciones específicas. Del Viejo internacionalismo de los pobres, hijo de la solidaridad obrera, se ha pasado a los conglomerados de países estilo Unión Europea y a un furibundo micronacionalismo, servidores del imperialismo transnacional.

3.- Las lecciones que nos han dejado la historia de la militancia obrera contiene las siguientes claves:

.- La solidaridad de los pobres constituyo su gran intuición cultural y su gran poder social, y no las genialidades intelectuales de Marx, Bakunin,…, que más bien condujeron a la división y al aplastamiento de los valores culturales-vitales de los empobrecidos.

.- Las asociaciones específicas de los trabajadores -sindicatos- fueron manipuladas por ideologías políticas extra clase obrera.

.- La cultura obrera que se basaba en el derecho de la persona a protagonizar su vida personal y colectiva, en la ayuda mutua y en la Solidaridad ha sido sustituida por una cultura positivista individualista «del sálvese el que pueda».

Por último, es necesario dedicar unas breves palabras a quien protagoniza la historia: El militante obrero.

Ser militante obrero significaba elegir entre la dignidad frente a la humillación, la rebeldía frente al servilismo, la acción frente a la resignación, la lucha frente a la pasividad. Significaba decir NO a la injusticia, a la explotación.

Militar en defensa de la causa del trabajo suponía sumir un riesgo, estar en peligro, vivir en medio de la inseguridad. El cumplimiento de su misión puede costarle la pérdida de su trabajo, la miseria, cárcel e incluso la muerte.

Hombres capaces de actuar con esta generosidad no pueden ser vulgares, necesitan al contrario, poseer grandes virtudes humanas, morales y espirituales, pues sin ellas no podrían cumplir la obra.

El militante obrero no lucha para ganar un poco más de jornal o trabajar menos, esas son motivaciones externas. El hambre y la pobreza no explican por si solas la lucha de clases. Detrás de esas demandas está la vocación inmensa de servir a un ideal generoso, a una gran causa. Julián Besteiro que procedía de la pequeña burguesía decía:

» Y os hablo yo, que por no poder resistir la vacuidad de algunos de los medios que se llaman ilustrados he ido buscando espiritualidad y elevación del alma en el proletariado: os lo digo yo ,que sí se quiere encontrar hombres ejemplares con espíritu de sacrificio, y al mismo tiempo, con espíritu de justicia, no digo que no puedan encontrarse en otras clases, pero en ninguna en el grado y con la intensidad que en el proletariado organizado y activo».

Ser militante es lago integral y para toda la vida, algo que requiere una fe y una firmeza inquebrantable. Eso no significa que se sea insensible a la desmoralización, a las dudas y debilidades. El militante tiene que comprobar a veces con íntima desolación que sus mejores intuiciones y esfuerzos son acogidos con ingratitud e incomprensión. Anselmo Lorenzo, modelo de militante obrero, conoció la amargura de verse combatido y perseguido por sus propios compañeros, que llegaron hasta negarle el saludo.

Pero el verdadero militante supera esas experiencias y sabe proseguir la lucha porque es perseverante, insobornable en su fe, fiel al ideal.

2.-NACIMIENTO DEL MOVIMIENTO OBRERO ESPAÑOL.

Vamos a referirnos al inicio del M.O. español hasta la llegada de Giuseppe Fanelli a España y la fundación de la sección española de la Internacional de los trabajadores, período en el que el movimiento obrero español se encuentra en su apogeo.

El industrialismo llego a España en el siglo XIX, con un retraso considerable si lo comparamos con Inglaterra o Francia. El movimiento social igualmente fue más lento e interrumpido por las vicisitudes políticas.

Después de la revolución de 1840 se constituyó en Barcelona una sociedad de tejedores que funcionó en beneficio de sus miembros hasta que en 1843 la reacción la destruyó por dar gusto a los fabricantes.

En la misma época se fundaron en varias ciudades asociaciones de producción de diversos oficios: sastres, zapateros,…

Desde 1840, la propaganda socialista comenzó en España y poco a poco fue dando sus frutos. Los primero propagadores de las doctrinas socialistas fueron discípulos de Fourier, figurando Joaquín Abreu, diputado de las Costes de 1823.

Al cabo de los años reunión un grupo de activos propagandistas entre los que sobresalieron, Pedro Luis Vogante, Manuel Sagrario de Veloy y Faustino Alonso.

En 1841,Manuel sagrario de Veloy intentó fundar su falansterio, pero el gobierno de Madrid le negó lo que pedía y abortó el proyecto.

Posteriormente, en 1845 se estableció en Madrid y comenzó la publicación de una revista decenal titulada «La Atracción», primer periódico socialista que se publicó en España y sólo duró tres meses; pero gracias a esta publicación se unieron una porción de jóvenes ilustrados que formaron el primer núcleo socialista de Madrid. En 1847 se publicó «La Organización del Trabajo», periódico bisemanal, que en mayo de 1848 cerró el gobierno de Narváez por decreto.

La revolución Francesa de 1848 produjo en España un gran movimiento socialista. En 1849 aparecen dos periódicos socialistas: «La Reforma Económica» , dirigida por Sixto Cámara y «El Eco de la Juventud», dirigido por Fernando Garrido. Ambos periódicos se refundieron en «La Asociación» que en 1850 reunió 2000 suscriptores. Se comenzó la publicación de una serie de folletos de cuyos títulos destacamos: «Propaganda Democrática»; «Defensa del Socialismo».

De nuevo el gobierno, por decreto, suprimió el periódico y por el folleto, que llevaron a tribunales, condenaron al autor a 54.000 reales de multa o a 54 meses de cárcel. El autor tuvo que pasar 12 meses en prisión.

Murió el periódico «La Asociación» , pero bajo otra forma nació «El Amigo del Pueblo». El periódico cambiaba de nombre continuamente, debido a las persecuciones, llamándose sucesivamente «El Trabajador», «El Taller», «La Fraternidad».

Entre las ideas propagadas por aquella época podemos señalar: ¿La miseria y la ignorancia son las principales plagas que sufre el pueblo?. Pues guerra a ambas. Contra la ignorancia, escuelas, periódicos, y libros; contra la miseria asociación.

No podemos pasar esta reflexión sin tener en cuenta a Antonio Ignacio Cervera, propagandista de las ideas de la Asociación y amante de la emancipación del pueblo,. Suya fue la idea de fundar asociaciones de Socorros Mutuos. Se formaron este tipo de asociaciones en muchas localidades, algunas de ellas reunieron más de cien socios.

Para combatir la ignorancia, Cervera alquiló una escuela convirtiéndola en escuela gratuita de adultos, pero los discípulos brillaban por su ausencia. !El pueblo no quería instruirse!. Al cabo de un mes de presentó un alumno de 70 años, no sabía ni leer ni escribir. En 1851 llegaron a ser más de 600.

Pero la escuela no era legal, y era menester regularizar su situación. Bravo Murillo era ministro y comentó: «¿Que legalice la existencia de una escuela de adultos donde van 600 jóvenes y hombres del pueblo a instruirse?. No en mis días. Aquí no necesitamos hombres que piensen, sino bueyes que trabajen.»

La escuela del trabajador que fundó Antonio I. Cervera fue precursor de la Escuela moderna de Francisco Ferrer. Cervera, maestro y periodista, fue muy perseguido y reiteradamente encarcelado.

Los obreros de la industria naciente se las ingeniaban para vincularse en secreto y formar sociedades de defensa y resistencia, a pesar de todas las restricciones y constante vigilancia policial. A mediados del siglo XIX había en Cataluña una sociedad de tejedores a mano, otra de tejedores a máquina, sociedades de tipógrafos, de tintoreros, de pintores, de herreros, de zapateros. Unos de los primeros ejes de la organización obrera se tuvo en Barcelona, donde se había establecido ya una industria textil importante, con la Sociedad de Tejedores. Fue una de las primeras manifestaciones de resistencia al capitalismo avasallador, y que procedía con espíritu feudal.

Una ley de 1839 autorizó la constitución de sociedades obreras con fines benéficos y en 1840 aparece La Asociación Mutua de Obreros de la Industria Algodonera. Su inspirador principal fue Juan Muns, que llevó la voz de los trabajadores del gremio a que pertenecía al seno de una comisión paritaria (1840) y obtuvo del Ayuntamiento de Barcelona un préstamo para establecer una sociedad cooperativa con el nombre de Compañía Fabril de Tejedores de Algodón (1842), fábrica que subsistió hasta 1848.

En las sociedades obreras clandestinas se difundieron las ideas de Cabet y los obreros de Cataluña comenzaron a vincularse. En esa labor aparece también el tejedor Juan Barceló, ejecutado en 1855 por orden del general Zapatero.

Hacia 1848 se quiso dar carácter legal a las organizaciones obreras constituidas y dos obreros, Juan Muns y Simón Boldú fueron a Madrid a pedir al gobierno de Espartero que se autorizase el funcionamiento de la Sociedad de Tejedores integrada por 1000 afiliados. El 20 de mayo de 1842 el ministro de gobernación dictó una Real Orden que autorizaba la constitución de sociedades obreras. Pero aquello duró poco y el gobierno inició la persecución a las sociedades obreras, persecución que no fue interrumpida más que en algunos periodos efímeros.

Resaltar, entre los periódicos de esta época, «El Padre de Familia» en Barcelona; desde el 7 de octubre de 1849 hasta el 4 de mayo de 1850. Desapareció por la oposición del Gobierno.

Se va viendo surgir una prensa auténticamente obrera. A comienzos de 1854, aparece «El eco de la Clase Obrera», fundado y dirigido por Ramón Simeó y Badía. La idea de una vasta asociación obrera fue entrando en la conciencia de las masas.

En 1854, siendo Ordóñez gobernador de Barcelona y La Rocha Capitán General, se prohibió a los obreros que presentasen demandas a sus patronos, no autorizó más que los convenios individuales. Esto provocó una huelga de protesta. Pero una Real Orden del 31 de mayo de 1854 volvió a dar vida legal a las asociaciones obreras.

Pero en 1855 se produjo en Barcelona un motín de carácter político, de nuevo se prohíben las sociedades obreras. Se quiso terminar, incluso, con las sociedades benéficas. Los gremios organizados se dispusieron a la defensa de sus derechos con el arma de que disponían: la Huelga general.

El paro en las fábricas se intensificó. En una bandera improvisada se leía ¡Asociación o Muerte!, ¡Pan y Trabajo!. La huelga no tenía carácter revolucionario, sólo reivindicaba el derecho de asociación y la jornada de 10 horas.

La lucha en favor del derecho de asociación fue dura. Después aparece públicamente la primera confederación de sociedades obreras, la Unión de Clases, cuyos núcleos principales eran los tejedores. De esta Unión surgió luego la Sociedad de las Tres clases de Vapor.

Existía en Madrid, una asociación liberal llamada Fomento de las Artes, fundada en 1847 con el nombre de Velada de los Artistas y , antes, de 1868 era uno de los centros favoritos de reunión de los obreros madrileños con inquietudes políticas y sociales. Se daban clases de instrucción primaria para niños durante el día y por la noche para adultos. Semanalmente se tenían secciones sobre temas filosóficos y sociales. El Fomento de las Artes era frecuentado por Pi y Margall, Emilio Castelar, Segismundo Moret. Surgían polémicas entre obreros jóvenes, republicanos, y socialistas.

Anselmo Lorenzo reconoció que esa polémica preparó el terreno para la llegad de Giuseppe Fanelli, emisario de la sección bakuniana de la Internacional. Otro de los que frecuentaba aquellas reuniones era Tomás González Morago, grabador de metales, elocuente y expansivo, de ideas socialistas libertarias.

El Fomento de las artes, republicano y liberal, en su reunión del 31 de diciembre de 1864 informó que procuraba establecer relaciones con las entidades similares de provincias: La Filantrópica Artística de Valladolid; El Porvenir de Zaragoza; Circulo de Artesanos de Alicante y Cáceres, El Camino Artístico de Albacete. También establecieron contacto con capitales donde no existían todavía. En Barcelona existía algo similar: El Ateneo de la Clase Obrera.

En los primeros meses del destronamiento de Isabel II apareció en Madrid Giusppe Fanelli, internacionalista italiano enviado por Bakunin a Esapaña para propagar las ideas de la asociación internacional de los Trabajadores y de la Alianza de las Democracia Socialista.

Aunque la Internacional había sido fundada en 1864, en Londres; y en 1865 había acudido a uno de sus congresos una legión Ibérica representada por Sanio Magallán pero que no mantenía ninguna relación con España.

Fanelli fue dirigido a Tomás González Morago.
Probablemente fue en el domicilio de José Rubau donde tuvo lugar la primera reunión convocada el 24 de enero de 1869 y así se constituyó el núcleo organizador de la Internacional Española en Madrid.

Las ideas de las que era portavoz Fanelli estaban en el ambiente de los obreros más esclarecidos. Fanelli en su viaje a España dejó manifiestos, programas, documentos de la Internacional, que importantes núcleos de obreros españoles comprendieron inmediatamente. La idea de Asociación obrera vivía en España como idea definitiva desde hacía tres decenios.

El 4 de septiembre de 1864 se publicó en Barcelona «El Obrero» redactado por Antonio Gusart, periódico destinado a defender los intereses de la clase obrera. En 1865 se reunió en Barcelona un congreso obrero convocado por Antonio Gusart y presidido por él. Participaron 40 cooperativas que votaron a favor de una federación de sociedades obreras. El centro general residirá en Barcelona y el órgano oficial será «El obrero».

El 1º de Abril de 1866 comenzó a publicarse en Barcelona otro periódico «La Asociación» por José Roca y Galés, de orientación cooperativista. Las cooperativas, una corriente asociacionista estimulada desde varios sectores, fueron aumentando en número. Las cooperativas más notables de producción fueron las de Valencia. En 1869 había 11 en el oficio de tejedores de seda; había también cooperativas de peineros, calafates, ebanistas, carpinteros, curtidores y sogueros, que agrupaban a un centenar de trabajadores.

Desde Madrid, Fanelli se dirigió a Barcelona. Se reunió en el taller del pintor Jose Luis Pellicer con una veintena de personas. Lo mismo que en Madrid se formó el núcleo organizador que tuvo por presidente y secretario a Pellicer. La sección de Barcelona de la Internacional se fundó el 2 de mayo de 1869 y el 2 de agosto apareció el periódico «La Federación». En el primer número se publicó:

«La Federación declara que la República democrática federal es la forma de gobierno que más conviene a los intereses de los trabajadores; forma política necesaria para obtener su emancipación».

Esta declaración disgustó a los internacionalistas madrileños que fundaron en enero de 1870 «La Solidaridad». Pero «Federación» se convirtió pronto en una publicación valiosa, clara y combativa.

El 24 de diciembre de 1869, los internacionales madrileños publicaron un Manifiesto de los Trabajadores de España y que firmaron los miembros de las tres comisiones del núcleo organizador: la comisión administrativa, la comisión de correspiondencia, y la comisión de propaganda.

Poco después de constituidos los núcleos internacionalistas de Madrid Y Barcelona, el Centro Federal de Sociedades Obreras de Palma de Mallorca se adhirió también a la Internacional.

No pasó mucho tiempo sin que los jóvenes militantes se hiciesen presentes ante el público como portavoces de una plena autonomía del mundo de los trabajadores para resolver sus propios asuntos y ofrecer las propias soluciones.

No quisiera concluir sin tener en cuenta dos notas de máxima importancia para la lectura de esta reflexión:

– Plasmar la vida militante asociada en unas pocas hojas no deja de ser una simplicidad. Aquí, tan sólo, se han reflejado unas pinceladas de lo que fue el nacimiento del Movimiento Obrero Español.

– Si me permiten, quisiera citaros el capítulo dedicado a España del libro «Lo cristiano y los cristianos en los orígenes del Movimiento Obrero». Ed. «Voz de los sin Voz». Madrid. 1987. No es entendible esta parte de la historia sin tener en cuenta los valores que impregnaban la conciencia y el ambiente de estos hombres y mujeres militantes.

«Salud, Trabajo y Justicia»

Por Maria del Mar Araus Segura. Doctora en Historia