Navarra y España

1832

Navarra, lejos de formar parte de una inexistente Euskalherria, siempre ha sido uno de los quicios sobre los que giró la Historia de España.

En torno a 1234, un grupo de juristas de la corte de Teobaldo I llevó a cabo una recopilación de normas jurídicas de aplicación en Navarra. Fue así como nació lo que conocemos con el nombre de Fuero General de Navarra. El texto no sólo presentaba una enorme importancia legal. Además describía de forma difícil de superar la manera en que se concebía Navarra a sí misma.

Así, al referirse a la invasión islámica que asoló España a partir del año 711, el Fuero General de Navarra, escrito no en vascuence, sino en lengua romance, afirmaba lo siguiente: «Entonz se perdio Espayna ata los puertos, sinon Galicia, las Asturias, et daqui Alava et Vizquaya, et de la otra part Baztan, et la Berrueza, et Deyerri, et en Ansso et sobre Jaca, et encara en Roncal y Sarasaz, et en Sobrarbe, et en Aynssa». El texto no podía resultar más claro. En pleno siglo VIII había existido una España que se perdió al ser invadida por los musulmanes y en esa España estaban, entre otros territorios, Galicia y las Asturias, Álava y Vizcaya, y, por supuesto, las tierras de lo que sería el futuro reino de Navarra.

Aquellas afirmaciones no eran una invención delirante de unos juristas navarros. Se trataba, por el contrario, de la puesta por escrito de una línea de acción que había recorrido fecunda la Historia española desde el momento en que, tronchada por la llegada del islam, los españoles habían decidido combatir desde distintos núcleos de resistencia para recuperar la unidad política del pasado. Era lo mismo que había deseado Alfonso III de León al denominarse «rey de toda España» en el s. IX, pero también era lo mismo que había ansiado el gran Sancho de Navarra al definirse dos siglos después como «rey de las Españas» y sucesor de los reyes visigodos Witiza y Rodrigo. Porque España era la patria que todos ansiaban recuperar, que estaba por encima de sus distintos reinos y que incluía todas las tierras mencionadas.

Semejantes hechos pueden ser molestos para los nacionalistas vascos, en general, y para ETA-Batasuna en particular; pueden resultar incómodos para López Garrido, para Moraleda y no digamos ya para ZP; y pueden fastidiar a los socialistas que sueñan con aliarse a ETA para poder gobernar en las Vascongadas y en Navarra. La verdad, sin embargo, es que son irrefutables. Navarra, lejos de formar parte de una inexistente Euskalherria, siempre ha sido uno de los quicios sobre los que giró la Historia de España y no resulta extraño que aquellos que ahora desean desquiciar España pretendan apoderarse de Navarra.

Precisamente por eso, hoy en día, el lugar de todos los españoles de bien, de todas las personas decentes es la defensa de Navarra y de sus libertades, esas libertades de las que habló el Fuero General al decir que Navarra también era España.