Nuevamente en el centro de la polémica el ultrasecreto PROGRAMA NUCLEAR de ISRAEL

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Mordejai Vanunu: Abandonó la prisión el hombre que rebeló las armas nucleares de ISRAEL. Vanunu, miembro de una familia judía tradicionalista oriunda de Marruecos y convertido al cristianismo, se considera un objetor de conciencia y ha negado sistemáticamente que hubiera recibo dinero de ese rotativo británico, como aseguran fuentes israelíes.Los expertos consideran que Israel almacena en sus arsenales alrededor de 200 artefactos atómicos pero sus gobiernos no han admitido nunca la posesión de armas nucleares.


 

Mordejai Vanunu: Abandonó la prisión el hombre que rebeló las armas nucleares de ISRAEL
Vanunu, miembro de una familia judía tradicionalista oriunda de Marruecos y convertido al cristianismo, se considera un objetor de conciencia y ha negado sistemáticamente que hubiera recibo dinero de ese rotativo británico, como aseguran fuentes israelíes.Los expertos consideran que Israel almacena en sus arsenales alrededor de 200 artefactos atómicos pero sus gobiernos no han admitido nunca la posesión de armas nucleares.

Mordejai Vanunu quedó en libertad después de pasar 18 años en prisión por haber revelado, en Europa, los secretos del reactor nuclear de Israel en Dimona. A pesar de ello pero tendrá muy restringida su libertad de movimientos. Las prohibiciones ya suscitaron una dura polémica en medios políticos, judiciales y periodísticos.

El ministro del Interior israelí, Abraham Poraz, le prohibió salir del país durante un año, lo que se suma a otros impedimentos, como el de acercarse a zonas fronterizas, entrar en los territorios palestinos, conceder entrevistas a medios sin autorización previa o comunicarse por Internet con extranjeros.
Si Vanunu, de 48 años, se acerca a menos de 500 metros del aeropuerto internacional Ben Gurión o a una embajada extranjera será detenido y devuelto a la prisión de Shikmá. Centenares de pacifistas del Comité por la Libertad de Vanunu en Israel y de otros países, que lo han presentado como candidato al Premio Nobel de la Paz, lo aguardarán cuando cruce el umbral de la cárcel.

Según el Servicio de Seguridad General de Israel, Vanunu, ex técnico del reactor atómico durante once años y activista de la izquierda israelí, podría difundir “nuevos secretos no revelados” cuando en 1986 entregó su información al diario “The Sunday Times” de Londres.

Vanunu, miembro de una familia judía tradicionalista oriunda de Marruecos y convertido al cristianismo, se considera un objetor de conciencia y ha negado sistemáticamente que hubiera recibo dinero de ese rotativo británico, como aseguran fuentes israelíes.

EN LIBERTAD del TECNICO QUE REVELÓ LOS SECRETOS NUCLEARES DE ISRAEL

Mordejai Vanunu insta a la OIEA a inspeccionar el reactor donde trabajó once años antes de revelar su información

Jerusalén. (Agencias).- El ex técnico del reactor nuclear de Dimona, Mordejai Vanunu, reveló hace 18 años los secretos atómicos de Israel, conocido como el “espía atómico”, recuperó su libertad tras pasar estos años en la cárcel Shikmá, de Ashkelón.

“Estoy satisfecho y orgulloso por lo que hice”, manifestó Vanunu al salir esta mañana de la prisión de Shikmá, y exhortó al Organismo Internacional para la Energía Atómica (OIEA) a presionar a Israel para que autorice la inspección del reactor donde trabajó once años antes de revelar su información, en setiembre del año 1986, al diario Sunday Times de Londres.

Vanunu, de 48 años, afirmó que “Cindy”, la mujer que ayudó a capturarlo para ser procesado, no era agente del Mosad sino de los Estados Unidos. Vanunu respondió a una pregunta diciendo que Sherril Janin de Ben Tov, conocida como “Cindy”, sería una “agente de la Agencia Central de Información (CIA) o del FBI, de Estados Unidos, y no del Mosad, los Servicios Secretos de Israel, como se cree desde entonces. Las fotografías censuradas parcialmente de esa agente, difundidas por la prensa israelí, dijo, no pertenecen a “Cindy”.

“Cindy” lo sedujo en Londres, cuando ambos observaban periódicos y revistas en un kiosko, y logró llevar a Vanunu hasta Roma para “un fin de semana de ensueño” en el apartamento de una “amiga”, donde fue apresado y dormido por agentes del Mosad para trasladarlo a Israel, donde fue juzgado por espionaje y traición.

Centenares de pacifistas de catorce países con carteles de agradecimiento por haber revelado los secretos atómicos de Israel “para evitar una hecatombe”, saludaron alborozados a Vanunu al salir del penal. Lo hizo haciendo la “uve” de la victoria, vestido con una camisa blanca y una corbata azul, precedido por el director de la cárcel, Yosi Mikdash.

Vanunu, que no podrá abandonar el país, se negó a hablar en hebreo pues “no me dejáis hablar en el exterior”, explicó en inglés.

El abogado de Vanunu, Oded Feller, de la Asociación Israelí por los Derechos Individuales, apelará ante la Suprema Corte por las restricciones impuestas al “espía atómico”. En medio de una gran confusión debido a la requisitoria de los periodistas, Vanunu declaró que “mi libertad estará limitada” e indicó “yo soy el símbolo de la libertad de expresión”.

Un elevado número de agentes de la policía y del servicio secreto Shin Bet vigilaban el orden mientras que los pacifistas y manifestantes israelíes de la derecha nacionalista, que lo recibieron al grito de “traidor”, intercambiaban sus lemas y consignas a gritos.

La liberación siguió a una serie de procedimientos y después de informar de la dirección de su nuevo domicilio, lo que debió hacer 48 horas antes de cruzar el umbral de la cárcel. Una hora antes de la prevista para salir en libertad, lo hizo uno de sus hermanos.

Según la prensa local, Vanunu se alojará en un lujoso apartamento de las “Residencias de Andromeda”, de la localidad de Yafa, con vista al mar Mediterráneo, pero esto no se ha confirmado. Ante las preguntas de los periodistas, respondió que “no sé dónde me alojaré”. Uno de sus hermanos notificó del nuevo domicilio, aún desconocido, a las autoridades, y esto posibilitó su liberación.

En la primavera de 1986, Vanunu, que trabajó durante once años como técnico en el reactor atómico de Dimona, reveló a un reportero del rotativo londinense Sunday Times la información en su poder y fotografías que había tomado clandestinamente de sus instalaciones. Para los activistas de organismos internacionales contra la profusión de las armas atómicas, Vanunu es candidato al Premio Nobel de la Paz.

En Israel, fue juzgado por espionaje, traición, y por faltar a sus deberes de guardar el secreto como técnico del reactor. En tres ocasiones, el Tribunal Superior de Justicia rechazó recursos de los abogados de Vanunu para que se le redujera el período del castigo en un tercio por buen comportamiento, lo que generalmente se concede a los delincuentes comunes.

Antes de abandonar la prisión de Shikmá, representantes de los organismos de seguridad informaban de la confiscación de varias cajas con documentos relacionados con las operaciones del reactor. Los detractores del “espía atómico”, encabezados por jefes del dispositivo de seguridad, quienes aconsejaban mantenerlo bajo “arresto administrativo”, sostuvieron que Vanunu “guarda todavía muchos secretos”, pero sus defensores insistieron que después de 18 años “no sabe más de lo que reveló, y ya fue castigado por revelarlo”.

Los expertos consideran que Israel almacena en sus arsenales alrededor de 200 artefactos atómicos pero sus gobiernos no han admitido nunca la posesión de armas nucleares.

La liberación del ex técnico nuclear israelí Mordechai Vanunu ha puesto nuevamente en el centro de la polémica al ultrasecreto programa nuclear de Israel.

El país sostiene una política conocida como “ambigüedad estratégica” sobre sus capacidades militares no convencionales, de manera de disuadir a sus enemigos regionales, sin desatar al mismo tiempo una carrera armamentista en la zona.

Las revelaciones de Vanunu hace casi 20 años a un periódico británico fueron los primeros y únicos detalles que se conocieron públicamente sobre las capacidades atómicas del país.
Pero con el desmantelamiento de los desarrollos armamentísticos iraquíes y con Libia abandonando oficialmente su programa de armas de destrucción masiva, vale la pena analizar el destino posible del arsenal disuasivo de Israel.

El poder atómico israelí

El poder atómico israelí, que se ha estimado en hasta doscientas ojivas nucleares, es probablemente el mayor y más sofisticado de todas las nuevas potencias nucleares.

En contraste, India y Pakistán tienen mayores capacidades básicas. Desde hace unos 30 años y hasta el presente, Israel ha logrado desarrollar armamento nuclear junto a misiles aéreos y de largo alcance.

Los expertos creen que los aviones F-16 suministrados al país por Estados Unidos es el tipo de aeronave que más probablemente tenga la capacidad de transportar una eventual bomba nuclear israelí.
Posiblemente un reducido número de estos aviones ha sido especialmente adaptado para esta tarea, aunque el F-15, de más largo alcance, también podría ser un potencial bombardero nuclear.
También se supone que Israel posee alrededor de un centenar de misiles balísticos Jericó, la más reciente de cuyas versiones -desarrollada a mediados de los años 80- tiene un alcance de 800 kilómetros.
Se estima además que el país ha explorado la posibilidad de poner parte de su arsenal disuasivo en el mar, a bordo de submarinos, pero se desconoce qué tan lejos han llegado en este objetivo.

Debate interno

El programa atómico de Israel siempre ha sido visto por los planificadores estratégicos locales como una póliza de seguridad para desalentar un posible ataque nuclear o químico por parte de alguno de sus enemigos en la región.
Pero ahora, Irak y Libia -dos países que alguna vez tuvieron fuertes ambiciones nucleares- han quedado fuera del negocio de las armas de destrucción masiva.

Y esto ha desatado cierto debate en Israel sobre si sus armas nucleares no deberían ser en algún momento puestas bajo algún programa regional de control armamentístico.
Esto no parece posible de ser aceptado por los sectores más duros, al menos no mientras persista la incertidumbre sobre las actividades nucleares iraníes.

 



LAS ARMAS DE DESTRUCCIÓN MASIVA DE ISRAEL

por Neil Sammonds

El décimo aniversario del accidente del vuelo de El Al LY1862 en Holanda pasó prácticamente inadvertido por los medios de comunicación de todo el mundo. El 4 de octubre de 1992 un Boeing 747 de las líneas aéreas israelíes El Al se estrelló contra unos bloques de apartamentos en Bijlmermeer, cerca del aeropuerto de Schiphol, al sudeste de Amsterdam, proveniente de Nueva York y con destino Tel Aviv (cf. números 585 y 598 de Middle East International). Al menos 47 personas fallecieron y más de un millar de habitantes de la localidad sufrieron trastornos respiratorios, neurológicos y motrices, así como un aumento en el número de cánceres y defectos de nacimiento.
A pesar de las trabas puestas por las autoridades holandesas e israelíes, un grupo de investigación nuclear holandés independiente descubrió que el avión utilizaba uranio empobrecido como contrapeso. En 1998, el diario holandés Handelsblad reveló que había material aún más mortífero en el cargamento: el vuelo LY1862 transportaba 10 toneladas de productos químicos, incluyendo ácido hidrofluorico, isopropanol y dimetil metilfosfonato (DMMP) – tres de los cuatro productos químicos que se emplean en la producción del gas nervioso sarín. Una tardía investigación parlamentaria holandesa sobre el accidente descubrió que había vuelos semanales secretos entre Nueva York y Tel Aviv que hacían escala en Schiphol, cuyos cargamentos no eran inspeccionados y que, según el testimonio del fiscal general holandés, el personal de seguridad de El Al trabajaba para el Mossad. En palabras de un investigador que trabaja para los supervivientes de Bijlmermeer, Schiphol era y sigue siendo “un centro comunicaciones para el transporte de armas secretas”.

Instalaciones “invisibles”

El DMMP había sido suministrado por Solkatronic Chemicals Inc. de Morrisville en Pennsylvania y estaba destinado para el Instituto Israelí para la Investigación Biológica (IIBR) en Nes Ziona, cerca de Tel Aviv. Como apuntaba la revista MEI (Middle East international) en 1998, el IIBR es “la organización principal de la comunidad militar y de inteligencia israelí para el desarrollo, pruebas y producción de armas químicas y bacteriológicas”. Un miembro de “alto rango de los servicios secretos israelíes” declaró al Sunday Times que “No hay prácticamente ninguna forma conocida o por conocer de armas químicas o bacteriológicas que no se fabrique en Nes Ziona”. El IIBR no aparece en los mapas, y no se permitió el acceso ni siquiera a miembros de los comités de defensa y de exteriores de la Knesset, que estaban preocupados por los riesgos para la salud de los habitantes de la zona.
El informe de 1993 de la Oficina Estadounidense de Evaluación Tecnológica para el Congreso dice que Israel tiene “capacidad ofensiva no declarada para la guerra química” y que “se cree que tiene un programa ofensivo no declarado de guerra biológica”. El Banco de Información Sussex-Harvard sobre Armamento para la Guerra Química y Bacteriológica informa que Israel supuestamente utilizó gas venenoso en los años 60 y a principios de los 80, que utilizó armas químicas contra fuerzas egipcias en 1948 y contra los palestinos en 1969 y durante la primera intifada. El Sunday Times informó en 1998 de que los F-16 israelíes habían sido equipados para transportar armas químicas y bacteriológicas fabricadas en Nes Ziona, y que el personal de tierra había sido entrenado para montar armas químicas o bacteriológicas minutos después de haber recibido la orden.

El diario también informó de que en Nes Ziona se estaba investigando sobre una “bomba étnica”. Una de las revelaciones más preocupantes que afloraron durante las audiencias del Comité para la Verdad y la Reconciliación Sudafricano fue que el régimen del apartheid y su aliado Israel habían cooperado en un proyecto de esas características. Los científicos habrían localizado con exactitud una característica particular en el perfil genético de ciertas comunidades árabes, especialmente de Iraq, y estaban intentando crear microorganismos que atacasen sólo a quienes poseyesen los genes característicos. La enfermedad podría difundirse pulverizando los organismos en el aire o contaminando con ellos el suministro de agua.

El programa de armamento nuclear de Israel está mejor documentado que su programa de armas químicas y biológicas, pero sin dejar de ser tan “invisible” como la planta de Nes Ziona. Nadie duda de que la capacidad nuclear de Israel se desarrolló a partir de los años 50 en Dimona, en el Neguev, con asistencia francesa y después estadounidense y sudafricana. En 1986, el científico israelí oriundo de Marruecos Mordechai Vanunu desveló las actividades que tenían lugar en Dimona, afirmando que se habían producido “más de 200” cabezas nucleares. Cinco años más tarde, un informe del Mando Aéreo Estratégico estadounidense decía que Israel tenía entre 75 y 200 armas nucleares. El Boletín de los Científicos Atómicos (BAS) calcula que Israel tiene “más de 185” armas nucleares. La Federación de Científicos Americanos (FAS) calcula “más de 100, pero no muchas más de 200”. El Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo calcula unas 200. En el 2000, el congresista israelí Issam Mahoul rompió con el tabú parlamentario de no discutir la política oficial de Israel de “ambigüedad nuclear” y declaró que Israel tenía entre doscientas y trescientas cabezas nucleares. Jane´s Intelligence Review calculaba en 1997 que Israel tenía más de 400 armas nucleares y termonucleares. La Campaña para Liberar a Vanunu calcula 500 cabezas nucleares.
Puntos ciegos
Tanto en la guerra de 1967 como en la de 1973, Israel presuntamente montó cabezas nucleares en algunos misiles. En agosto de este año, Anthony Cordesman del Centro de Estudios Internacionales Estratégicos declaró al Comité de Relaciones Internacionales del Senado estadounidense que si Israel se sintiese amenazado por un ataque Iraquí, podría contraatacar con ataques nucleares contra ciudades iraquíes aún no ocupadas por las fuerzas estadounidenses. A pesar de los indicios abrumadores de la posesión de armas nucleares por parte de Israel y de su disposición a usarlas, Londres y Washington se niegan a verlas. Una portavoz del Foreign Office declaró a MEI: “Gran Bretaña sigue animando a Israel para que firme el Tratado de No Proliferación como estado no-nuclear”. Hay un punto ciego similar en los Estados Unidos, donde un informe del Pentágono del 2001 omitió incluir a Israel en la lista de estados con armas nucleares.

Entre las pruebas sobre el armamento nuclear de Israel que el Foreign Office y el Pentágono, entre otros, se niegan a ver, hay que incluir informaciones fidedignas sobre los sistemas de lanzamiento de Israel. La última edición de Nuclear Notebook dice que los escuadrones de F-16 israelíes estacionados en Nevatim y Ramon son los aviones de combate con más probabilidad de estar armados con cabezas nucleares y que un reducido número de pilotos ha recibido entrenamiento para ataques nucleares. Los F-4, F-15 y Jaguar de Israel también tienen capacidad nuclear. El boletín añade que Israel posee misiles tierra-aire – los Jericó I, Jericó II y Shavit – que pueden ser equipados con cabezas nucleares. El Jericó I tiene un alcance de 500 Km. y puede ser lanzado desde posiciones fijas o desde lanzaderas móviles. Los misiles Jericó II tienen un radio de acción de 1.500 Km. y están desplegados, según el BAS, en la base de Zechariya, 45 Km. al sudeste de Tel Aviv. Los misiles balísticos intercontinentales Shavit, que ponen en órbita los satélites espía Ofek desde la base de Palmahim al sur de Tel Aviv, podrían transportar una carga nuclear a 8.000 Km. de distancia. Entre Julio de 1999 y octubre del 2000, la armada israelí presuntamente recibió tres submarinos de la clase Dolphin – el Dolphin, el Leviathan y el Tekuma – que se cree que han sido modificados para llevar misiles crucero con cabezas nucleares. Numerosas investigaciones sugieren que Israel posee también capacidad nuclear táctica, incluyendo pequeñas minas nucleares y cabezas nucleares tácticas que puede lanzar desde cañones.

Aparte de una visita encubridora y cómplice de un equipo noruego en 1961 que “verificó” que sus exportaciones de agua pesada no se estaban usando de forma ilegal, y una visita ridícula de un equipo norteamericano en 1969 que fue guiado a una sala de control falsa, no ha habido que se sepa ninguna inspección de los programas israelíes de armas no convencionales. Israel no ha firmado la Convención sobre Armas Biológicas y Toxinas, y aunque firmó la Convención sobre Armas Químicas en 1993, aún no la ha ratificado. La resolución 487 del Consejo de Seguridad de la ONU de junio de 1981 “pide a Israel que ponga urgentemente sus instalaciones nucleares bajo la supervisión de la Agencia Internacional de Energía Atómica”, y la resolución 687 de abril de 1991 destaca “la amenaza que todas las armas de destrucción masiva suponen para la paz y la seguridad en el área y… la necesidad de trabajar por el establecimiento de una zona libre de armas nucleares en Oriente Medio”.
Mientras tanto, Washington organiza una campaña internacional para forzar la inspección y desmantelamiento de los comparativamente modestos (en el peor de los casos) programas de armas de destrucción masiva de Iraq y el probable derrocamiento del régimen que los lleva a cabo. Mordechai Vanunu espera ser liberado en el 2004, pero nadie prevé cuándo podría haber una inspección internacional de Dimona y Nes Ziona, o de los vuelos secretos semanales de El Al entre Nueva York y Tel Aviv