Rescatando a los niños de las calles de Manila

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La ONG Anak-TNK rescató a miles de niños de las calles de Manila, de barrios marginales y vertederos, donde con frecuencia los pequeños son abandonados.

Promovida por el sacerdote francés P. Matthieu Dauchez, la ONG trabaja en los barrios marginales desde 1998 para ofrecerle un futuro a quienes están abandonados y corren el riesgo de ser víctimas de las drogas y la violencia. Se calcula que en Filipinas hay 830.000 menores en esta situación. El primer paso: reabrir el diálogo con sus familias.

Fuente/ Manila (AsiaNews) – Acogieron más de 70.000 niños de la calle en sus 25 años de actividad en Manila y otras ciudades del país. Este es el compromiso que lleva a cabo Anak-TNK, una organización sin fines de lucro promovida en la capital filipina por el padre Matthieu Dauchez, de 47 años, un sacerdote de origen francés incardinado en la arquidiócesis de Manila. El acrónimo significa «Tulay Ng Kabataan», que en tagalo -la lengua de Filipinas- significa «un puente para los niños». Gracias a la contribución de cientos de voluntarios, de hecho, la organización se esfuerza por salvar a los niños de la calle y el abandono.

Se calcula que al menos 830.000 niños del país viven en estas condiciones, expuestos a las trampas de la violencia y las drogas: muchos de ellos se ven obligados a mendigar, robar o prostituirse para sobrevivir. Desde su fundación en 1998, Anak-TNK rescató a miles de niños de las calles de Manila, de barrios marginales y vertederos, donde con frecuencia los pequeños son abandonados.

La organización se compromete a «tender puentes» entre los niños y sus familias para que puedan reunirse. Pero el puente también simboliza el trabajo que se realiza en los slum (barrios marginales de la ciudad) para ofrecer nuevas oportunidades a los jóvenes que viven allí. La fundación ofrece un programa basado en la salud, la protección y la nutrición. Además de ayuda física, también ofrece apoyo psicológico, ya que los jóvenes no sólo son rechazados por la sociedad, sino a menudo también por sus familias debido a sus acciones del pasado. «Hay que encontrar la manera de guiarlos, cuidarlos y educarlos para que puedan reintegrarse en la sociedad y reconciliarse con sus familias», explicó el P. Dauchez, «para lo cual hay que establecer con ellos una relación de confianza y aceptarlos tal como son. Con el tiempo, su autoestima crecerá y estarán dispuestos a dejarse guiar».

Anak-TNK acoge actualmente a 305 niños de la calle en 21 centros residenciales, 55 de los cuales son discapacitados. Otras cuatro instalaciones acogen a otros 800 niños que pasan el día buscando materiales en los vertederos. Siete centros que se abrieron directamente en los barrios marginales ofrecen ayuda a las comunidades locales, acogiendo a más de 1.300 jóvenes.

Todo depende de la labor de 190 trabajadores: 60 mujeres voluntarias en los barrios marginales y 125 voluntarios que vienen a Filipinas de todo el mundo para ayudar. El aspecto educativo es uno de los más sentidos. En Filipinas, 1 de cada 3 niños no va a la escuela. «Ayudamos a los jóvenes durante el año lectivo, adaptándonos a sus necesidades», explicó la vicedirectora de la ONG, Gloria Recio. «Además de la educación, la salud es también un reto importante: en las ciudades, más del 40% de la población vive en condiciones higiénicas precarias, carece de alimentos y de atención médica. Uno de cada tres niños está desnutrido. Intentamos hacernos cargo de todo esto”.

En 2015, la experiencia de Anak-TNK también recibió la visita del Papa Francisco durante su viaje a Manila. Entretanto, la organización también puso en marcha proyectos fuera de las fronteras filipinas, también con niños en situación de riesgo: sus instalaciones se encuentran ahora en Singapur, Reino Unido, Francia, España, Italia y Suiza.

Pero el resultado más importante son las historias de los niños que han podido pasar página gracias a esta obra. Nico, un joven que vive en la fundación desde 2016, pudo aprovechar su pasión por la música, formando una banda que ahora toca en todos los eventos de Anak-TNK. «No fue fácil para mí», recordó, «mi familia me abandonó cuando tenía ocho años, pero la música fue mi ancla. Tocando la guitarra, el piano o la batería, encontré la manera de expresarme». Así hoy ya ha dejado atrás su difícil pasado, como todos los miembros del grupo y muchos otros jóvenes a los que la ONG sigue ayudando.