Robo energético, ¡que paguen los pobres!

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Nota: Publicado en la revista solidaria Autogestión con el título «Robo energético, ¡que paguen los pobres!»  antes de la invasión de Ucrania.

La agenda medioambiental de estos últimos años, ha ido paralela a la agenda de negocio en función de las inversiones en energías renovables. El capitalismo verde impone su marcha, y su ideología, y hace pagar a los más pobres el peaje.

El cambio de sistema energético, por el que apostaron hace una década, familias como los Rockefeller (el gran magnate del carbón y el petróleo americano del siglo XX), era el fruto de una planificación financiera a largo plazo. Los inversores privados adivinaban una mayor demanda energética de los grandes países en crecimiento de este tipo de energías, las “fábricas del mundo” necesitaban kilovatios. De la misma manera los países enriquecidos, necesitan un gran consumo per cápita para mantener su nivel de vida, véase sino los ratios de consumo de energía de estos países comparado con los más empobrecidos … Y en el mismo escenario, la presión medioambiental enjuagaba la tormenta perfecta para una subida de precios. Esta subida de precios, no es otra cosa que el traslado de gran parte de la carga de estas grandes inversiones, a las comunidades, a las familias, a las empresas…

En primer lugar decir, que las grandes corporaciones de la producción energética tienen claro que deben amortizar sus centrales de carbón, ciclo combinado (gas), nucleares… Eso no se toca. Cuando se amortizan, o se recibe dinero del estado, se puede empezar a cambiar el discurso. Por otra parte, en España, la connivencia entre gobiernos y oligopolio eléctrico durante décadas sigue siendo un lastre que soportan los ciudadanos.

La subida del precio de la luz y la especulación con el CO2

En la actualidad, una de las principales causas de la subida de la luz en España y en Europa, es la especulación con las emisiones de CO2.

Es lo que ocurre en un mercado con poca oferta y mucha demanda. Se comenzó a comercializar con un precio de 5 a 6 euros por tonelada de CO2 emitida, y hemos llegado a los 50 euros. El mercado europeo del CO2

es un sistema de compraventa de cuotas de derecho a contaminar. La Comisión Europea establece el número de cuotas, cada año más limitadas para incentivar la transición hacia energías más limpias. Y cuanto más caro sale contaminar, más caras son nuestras facturas de energía. Los derechos de emisiones suponen entre un 10% y un 20% de la factura, según distintos cálculos. Hemos de recordar que el gobierno de España ingresará este año (2021) 2.200 millones en este concepto.. ¿Lo utilizará para reducir la factura? Existe una guerra entre gobierno y eléctricas, ya que ninguno quiere cargar con la responsabilidad de aliviar la factura de una sociedad que está sufriendo más pobrezas que las energéticas.

También hemos de decir que el precio de la luz (tarifa regulada en España), depende de las variaciones diarias de la producción/oferta/demanda. ¿Qué quiere decir esto? Que estamos sujetos a variaciones diarias del precio de la luz. Si ha llovido mucho y ha soplado el viento ese día o si ha habido mucho frío, o si una central nuclear está en mantenimiento. Esto no sucede en países como Portugal, donde el precio se estabiliza en previsiones a más largo plazo.

El precio del gas y la guerra geopolítica

La segunda causa de los incrementos de precios en el recibo energético es la subida del precio del gas.

Tiene que ver con diversos factores, algunos son más estacionales como un invierno más largo o una nevada como la de “Filomena”. Pero existen otros factores más importantes, como son, factores (geopolíticos) que interfieren a más largo plazo. Por ejemplo en lo que afecta a Europa, Rusia sigue presionando a la Unión Europea, cerrando el grifo de sus gasoductos y avivando conflictos como el de Bielorusia…Rusia ha estado utilizando la crisis para presionar para que el recién terminado gasoducto Nord Stream 2 entre en funcionamiento, incrementando a su gusto el caudal de gas a la UE.  También se han generado disputas como la de Marruecos y Argelia, que afecta al suministro de gas de España y Portugal (cierre de un gasoducto que pasaba por Marruecos) que nos obliga a usar barcos metaneros, un bien escaso. En el mundo hay 642 embarcaciones que transportan grandes cantidades de gas licuado, y todo el mundo desea sus servicios.

Por otra parte China está cerrando grandes centrales de carbón y generando más demanda de gas.  Los grifos de los gasoductos se cierran y abren, y su control se convierte en arma geopolítica de primer orden, guerra comercial y política. Unas potencias presionan a otras en un tema tan estratégico como es la energía. Además en China y en India, hay apagones en determinadas zonas por falta de suministro, y esto va a endurecer su postura respecto a la energía en el ámbito mundial.

Estas situaciones generan un horizonte de temor por el suministro de energía. Cada uno elige su estrategia: Francia se refugia en abrir más centrales nucleares, Alemania se encomienda sin pudor al carbón, y en España algunos plantean reabrir alguna de las térmicas de carbón (As Pontes en La Coruña), aunque España ya apostó hace años por las centrales de gas de ciclo combinado. De ahí la dependencia del gas en el mix energético peninsular.

Países ricos en recursos energéticos, pero sin energía en las casas. Iberoamérica.

A los países más pobres de la tierra, “países ricos” en agua (centrales hidroeléctricas) o en petróleo y gas, como sucede en Venezuela o en Nigeria, les queda recoger los restos de sus riquezas energéticas. Como ejemplo decir que en Venezuela se tenían que comprar las bombonas gas, para cocina, en el mercado negro a un precio desorbitante, con única alternativa de buscar leña en otros lugares… Países sin apenas una distribución eléctrica decente, sin una infraestructura que pueda dar suministro con garantías a poblaciones aplastadas, pero ricos en materias primas y fuentes de energía.

Además, se prevé, que muchos países iberoamericanos (exceptuando Chile), se verán perjudicados a medio y largo plazo por el declive del consumo de carbón (sobre todo Colombia), petróleo y gas. La corrupción y el robo impidió que se invirtieran esas regalías de los años de bonanza de venta de materias primas, para el bien de los países Iberoamericanos. En el escenario aparecen otros minerales como el cobalto, el litio y las tierras raras, que son hoy el nuevo oro energético, ¿ocurrirá lo mismo que con el petróleo y el carbón?.

Europa se empeña en que la economía verde sea para toda la humanidad. Eso está bien, pero hay un alto grado de hipocresía en reclamar a otros que cierren sus centrales térmicas de hidrocarburos, cuando su industria se está expandiendo, cuando albergan las fábricas de medio mundo, como sucedió en Europa en gran parte del siglo XIX y XX, con esclavos incluidos.

Subidas en los precios de los alimentos y el fantasma de la inflación.

Otro gran problema nada colateral, es que la subida de los precios de la energía tiene consecuencias en los precios de los alimentos, que ha subido durante estos meses a niveles del año 2012, con subidas incluso del 40% en productos básicos….Subidas importantes en el precio del trigo, la cebada o el maíz que generan hambre en los países empobrecidos. El precio de los combustibles (sobre todo del diesel) también está tirando de los precios de los alimentos hacia arriba, del transporte por carretera y del marítimo, limitando incluso los grandes proyectos minero-energéticos.

Esperemos que el fantasma de la inflación no se extienda por más países, como ya sucede en la mayoría de las naciones más empobrecidas. La crisis energética es multifactorial y compleja, no solo de generación, sino también de distribución y tecnológica, pero son los empobrecidos quienes primero pagan esta situación, porque no hay voluntad política de corregirlo.

Alberto M. Redacción Solidaridadnet