SACERDOTE AMENAZADO POR DENUNCIAR LA EXPLOTACIÓN DE MILES DE HAITIANOS EN LAS PLANTACIONES DE CAÑA.

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El Padre Christopher Hartley Sartorius, párroco de San José de los Llanos –a 65 kilómetros al este de Santo Domingo– denunció que miles de haitianos cruzarán en las próximas semanas la frontera con República Dominicana para trabajar en la zafra y vivir durante meses lo que calificó como «antesalas del infierno».
SACERDOTE AMENAZADO POR DENUNCIAR LA EXPLOTACIÓN DE MILES DE HAITIANOS EN LAS PLANTACIONES DE CAÑA.

SANTO DOMINGO, 9 Nov. 03 (ACI).- El Padre Christopher Hartley Sartorius, párroco de San José de los Llanos –a 65 kilómetros al este de Santo Domingo– denunció que miles de haitianos cruzarán en las próximas semanas la frontera con República Dominicana para trabajar en la zafra y vivir durante meses lo que calificó como «antesalas del infierno».

El sacerdote explicó que «son unos 25 mil, con sus machetes, los traen en camiones militares, por la noche, para que no sepan dónde están»; y agregó que «nadie sabe que estos seres humanos existen, no están registrados en ningún sitio».

Según el presbítero, muchos de sus feligreses están al otro lado de la Puerta del Tubo custodiada por guardias que vigilarán armados y a caballo la zafra, que da acceso al ingenio azucarero. «Hay que saber lo que cuesta el azúcar que endulza nuestro café», ! comentó el P. Hartley.

Estos poblados –añadió–, sin luz ni agua potable, están diseminados entre las plantaciones de caña y forman un mundo prácticamente desconocido y aislado del exterior.

«Los haitianos vienen para la zafra y algunos se quedan por decisión propia, como Banika, que llegó con su marido cuando tenía catorce años y hoy, con 20 y tres hijas, dice que no quiere volver a Haití», afirmó el sacerdote y explicó que vienen con promesas de buenos salarios, pero los haitianos de los bateyes cobran en vales menos de 50 pesos –1,3 dólares– por tonelada de caña picada y cargada para su transporte. Los vales se canjean en los almacenes del ingenio y apenas alcanzan para comprar el arroz, las habichuelas y algo de aceite.

«Si no es el Padre, nadie nos ayuda», afirmó por su parte Domingo, que perdió a cuatro de sus diez hijos «por enfermedades».

El P. Hartley, que fue ordenado por el Papa Juan Pablo II y trabajó con la Madre Teresa de Calcuta, recorre con su camioneta los intransitables caminos para repartir ayuda, compañía y esperanza entre sus feligreses.

Llegó a San José de los Llanos desde el Bronx neoyorquino hace seis años, ha bautizado a unos 5 mil niños y trabaja con un grupo de voluntarios para hacer menos penosa la vida de las comunidades haitianas.

Por su parte, los responsables de estos maltratos han enviado una amenaza al sacerdote: «Dile al reverendo que cualquier día lo encontrarán en un carril de lodo con la boca llena de moscas».