Setenta días en Rusia: Lo que yo vi. Campaña de promoción de lectura social

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Setenta días en Rusia. Lo que yo vi
(Informe de Ángel Pestaña)

Curiosamente han pasado 100 años del viaje que realizó Ángel Pestaña a Rusia. Al leer el libro nos llevamos una grata sorpresa de poder encontrar y descubrir una magnífica obra; además de poder ver reflejadas actitudes y formas de vida de cómo se comporta la clase dirigente actual de ideología autoritaria cuando llega al poder.

Desgraciadamente, cuando las ideologías pretenden divinizar un dogma político, persiste la tentación totalitaria, bien a través del populismo o del nacionalismo que vuelven agitar sus banderas.

El anarquista español Ángel Pestaña (1886-1937) representó a la CNT en el Congreso de la Tercera Internacional (1920). Al volver a España redactó informe para la Confederación y sendos libros titulados Setenta días en Rusia: Lo que yo vi y Setenta días en Rusia: Lo que yo pienso. De Ángel Pestaña hay que destacar dos grandes fundamentos de su vida: la defensa de la dignidad humana y la honradez, incluso oponiéndose a su partido cuando estos dos fundamentos llegaban a corromperse.

Ambos son documentos excepcionales, un retrato de la corrupción de aquel nuevo Estado que no fue más que un totalitarismo desde sus inicios. Y que desgraciadamente, muchas personas de buena voluntad creyeron en él. Tras su informe, CNT y el PSOE no se adhirieron a la Internacional Comunista.

En el III Congreso de la Internacional, Ángel Pestaña rebatió el sistema soviético ante todo el Congreso y en presencia de los grandes líderes, Trotsky y Zinoviev, entre otros. La intervención de Pestaña «dejó seco y sin voz a Lenin». Una frase de su intervención fue la siguiente: (…) Se ha afirmado que sin Partido Comunista no hay Revolución. (…) Un partido no hace una revolución, sino en todo caso un golpe de Estado; y un golpe de Estado no es una revolución.»

De Lenin, Pestaña escribió sin dudar: “Autoritario y absorbente”.  No dudó en decirle a Lenin, con toda franqueza, la decepción que se llevó del congreso: “el concepto que tengo de la mayoría de los delegados concurrentes al Congreso, es deplorable. Salvando raras excepciones, todos tienen mentalidad de burgués. Unos por arribistas y otros porque tal es su temperamento y su educación”.

Pestaña queda perplejo al observar hechos como estos: «No faltaba, tampoco, quien cada noche sacara sus botas al pasillo, como es uso en los hoteles de Europa, para que los “camaradas” de servicio las lustrara y abrillantara, con el subsiguiente agradecimiento en reprimendas del “camarada comunista” delegado, cuando descubría en su calzado el más leve descuido.

«…Todavía quedaban otros más repugnantes. Explotando el hambre que sufrían las mujeres encargadas de la limpieza del hotel, las pedían favores especiales a cambio de una parte de la ración que a ellos les correspondía. ¡Cuántas miserias morales! ¡Y aquéllos eran, y siguen siéndolo algunos, los continuadores de Lenin en el apostolado de regeneración social!»

«¿Con qué derecho hablan de fraternidad esos delegados, que apostrofan, insultan e injurian a los hombres de servicio en el hotel, porque no están siempre a punto para satisfacer sus más insignificantes caprichos? A hombres y mujeres del pueblo los consideran servidores, criados, lacayos, olvidando que acaso alguno de ellos se haya batido y expuesto su vida en defensa de la revolución. ¿De qué les ha servido?»

Pestaña observa con sus propios ojos los claroscuros del régimen soviético, especialmente la espiral represiva desatada por el gobierno de los soviets contra cualquier oponente político que les hiciera frente. No hay que olvidar que la Checa fue creada el 20 de diciembre de 1917 por Félix Dzerzhinski con el apoyo de Lenin: “Defendemos el terror organizado –reconoció Dzerzhinski–. El terror es una necesidad absoluta en los períodos revolucionarios”.

La frase “el pueblo que no conoce su historia está condenado a repetirla” encierra una gran sabiduría. Es muy preocupante que nos estén robando la conciencia histórica… o como decía Aldous Huxley: «Quizá la más grande lección de la historia es que nadie aprendió las lecciones de la historia».

Un libro de obligada lectura para saber que un partido o grupo de dirigentes (siempre una minoría en el poder) que se dejan llevar por dogmas y consignas políticas «de falsa izquierda», viviendo a «cuerpo de rey» poco va a respetar la dignidad de la promoción del pueblo.

Os invitamos a tener una lectura compartida de este libro y realizar una reflexión crítica analizando la realidad del momento. Seguro que encontraréis muchas similitudes.