Inicio Mundo África Vuelve la guerra civil a Etiopía, con riesgo de hacerse regional

Vuelve la guerra civil a Etiopía, con riesgo de hacerse regional

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  • El surgimiento de una alianza armada que conecta conflictos en varias regiones.

  • Ataques renovados que ponen en riesgo más víctimas civiles y desplazamientos masivos.

  • Las crecientes tensiones con Eritrea podrían llevar los conflictos de Etiopía a una confrontación regional más amplia. Etiopía desea una salida al mar Rojo.

  • Para evitar una guerra a mayor escala en Etiopía se requiere más que un simple retorno al acuerdo de Pretoria. El país necesita una solución política integral. Esta debe negociarse entre el liderazgo de Abiy y las fuerzas antigubernamentales, y no simplemente otro acuerdo bilateral con Tigray.

La guerra ha vuelto a estallar en Etiopía. Cuatro años después del acuerdo de Pretoria –con el que se cesaban las hostilidades entre el Frente Popular de Liberación de Tigray (TPLF) y el gobierno etíope– los combates vuelven a sucederse en el norte del país, concretamente en las regiones de Tigray, Afar y Amhara.

El anuncio de la creación de la Alianza de Fuerzas Populares de Etiopía para la Supervivencia le añade más complejidad y alcance territorial al conflicto, lo que agrava el riesgo de convertirse en una guerra todavía más devastadora que la que, entre 2020 y 2022, acabó con la vida de centenares de miles de personas.

La nueva alianza reúne a organizaciones que hasta hace pocos años combatían en bandos enfrentados y que ahora comparten el mismo objetivo de acabar con el gobierno de Abiy Ahmed.

Su aparición vuelve a poner sobre la mesa las profundas fracturas territoriales y políticas que atraviesan Etiopía y plantea la cuestión de hasta qué punto se encuentra el país ante una crisis de su propio modelo de Estado e incluso de si lo que está en riesgo es su propia desintegración.

El (no) acuerdo de Pretoria

Para entender por qué Etiopía vuelve a encontrarse en una situación de guerra es necesario regresar al acuerdo de Pretoria. El pacto, firmado en noviembre de 2022, puso fin a dos años de enfrentamientos entre las fuerzas federales y el TPLF y permitió detener una de las contiendas más destructivas de la historia reciente de África. Las estimaciones sobre las víctimas varían, pero la Unión Africana ha situado en torno a 600.000 las muertes provocadas por el conflicto.

El acuerdo establecía el cese permanente de las hostilidades y contemplaba el desarme, desmovilización y reintegración de los combatientes del TPLF, la recuperación de la administración civil y el acceso de la ayuda humanitaria, e intentaba fijar las condiciones para resolver políticamente las cuestiones pendientes. De este modo, el acuerdo consiguió reducir drásticamente la violencia, pero dejó abiertos varios de los conflictos que habían alimentado la contienda.

Uno de los principales fue el del estatus de Tigray Occidental. Durante el conflicto, fuerzas amhara y eritreas ocuparon este territorio, siendo acusadas de genocidio contra la población tigriña. Esta zona quedó enclavada dentro de Tigray tras la reorganización territorial después de la caída de la junta militar del Derg a principios de los noventa, pero desde Amhara lo reclaman como propio.

Desde el TPLF exigen la salida de las fuerzas externas y el retorno de los desplazados, y acusan al gobierno central de haber aplazado indefinidamente la resolución de esta problemática.

Por otro lado, aunque Eritrea y las milicias amhara Fano tuvieron un papel decisivo durante la guerra con su apoyo al gobierno etíope, quedaron luego totalmente relegadas de las negociaciones de paz. Esta exclusión dejó fuera del acuerdo a dos actores que seguían teniendo una importante capacidad militar y cuyos intereses tampoco habían desaparecido con el final de las hostilidades.

En el caso de Eritrea, las relaciones con Adís Abeba se deterioraron progresivamente en los años posteriores, especialmente a raíz de las aspiraciones etíopes de obtener acceso al mar Rojo. Fano, por su parte, pasó de combatir junto al gobierno federal contra el TPLF a enfrentarse a él en 2023, después de que Abiy Ahmed anunciara la disolución de las fuerzas especiales regionales.

Sudán

El conflicto también podría entrelazarse con la guerra de Sudán. Según un informe de Reuters , Etiopía alberga un campamento utilizado para entrenar a combatientes paramilitares de las Fuerzas de Apoyo Rápido de Sudán. Etiopía ha negado su participación y acusa a las fuerzas armadas sudanesas de apoyar al Frente de Liberación Popular de Tigray. Sudán lo niega .

Si estas alianzas se consolidan, los conflictos entre Etiopía y Sudán podrían proporcionarse mutuamente rutas de suministro de armas. También podrían suministrarse reclutas, bases de retaguardia y apoyo externo. Esto aumenta el riesgo de que el conflicto se extienda desde Sudán, a través del norte de Etiopía, hacia Eritrea y el Mar Rojo.

Fuentes:

nuevarevolucion.es

Descifrando la guerra

 

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