Un año más el Movimiento Cultural Cristiano ha organizado el Aula de Verano Malagón Rovirosa en España y el Aula de Verano Julián Gómez del Castillo en Venezuela. Son dos realidades de formación que ponemos en marcha para la promoción integral y colectiva de las personas, las familias, en definitiva, del pueblo, definido este como el conjunto de personas excluidas de los privilegios del poder y del dinero.
A estas plataformas formativas muchas veces las denominamos la «universidad de los empobrecidos» porque su objetivo fundamental es que todas las personas, pero especialmente los más agredidos por el actual sistema neocapitalista, adquieran la formación militante necesaria para su liberación.
A lo largo de la historia, todos los sistemas de poder siempre han impuesto de manera simultánea una explotación económica, una dominación política y una subordinación cultural y religiosa del pueblo en favor de las minorías hegemónicas. Esto ha sido y es una auténtica ley de hierro histórica de la guerra de los poderosos contra los débiles.

El Movimiento Cultural Cristiano, como parte de la Iglesia Católica, no es ni puede ser neutral y por ello toma opción radical por la Justicia y, por tanto, por los débiles en favor de una promoción humana auténticamente liberadora: integral y comunitaria, es decir, que abarque todas la dimensiones del ser humano desde lo económico y político a lo religioso y, al mismo tiempo, vaya conformando una comunidad política solidaria orientada hacia el Bien Común, sin exclusión de nadie ni en los beneficios ni en las responsabilidades.
Este proyecto emancipatorio solo se puede conseguir si se combate dos de las asechanzas más graves que ha ejercido el poder y las clases privilegiadas contra los pobres. Una es el asistencialismo. Gran mentira que aparenta ser un bien y, sin embargo, funciona como una espada de dos filos. En lugar de combatir las causas de los problemas y las injusticias, engaña, paliando levemente algunos síntomas y provocando que el opresor aparezca como benefactor. Y lo peor, haciendo creer a las víctimas un relato en el que ellas mismas aparecen como responsables principales de su propia miseria, tachándolas de ignorantes, idiotas, vagos, delincuentes, inferiores, etc. El asistencialismo es un auténtico crimen, aunque reparta subvenciones y financie proyectos humanitarios por todo el planeta. La universidad de los empobrecidos combate el asistencialismo porque descubre las causas políticas que normalmente permanecen deliberadamente ocultas, poniendo de manifiesto la perversidad del mismo.
Otra mentira contra los empobrecidos que, además, se deriva del asistencialismo anteriormente citado, es la creencia de que el pueblo tiene que ser dirigido, tutelado, guiado, acompañado, por unos dirigentes, líderes, caudillos, que le van a ayudar a salir del agujero que los propios empobrecidos han cavado con su incompetencia. Todas las instituciones del poder, para solucionar los problemas del pueblo, abogan teórica y prácticamente por la formación de líderes que, lógicamente, perpetúan inexorablemente las injusticias de las que se benefician. Sería absurdo que el poder político, económico o cultural promoviera eficazmente su propia destrucción. Creer en ello es pura necedad.
Las clases dirigentes y privilegiadas son educadas y formadas en la excelencia para sostener y ampliar sus privilegios. Al resto, el pueblo, se le da basura en la escuela, en la TV, en las redes sociales, para encanallarlo y esclavizarlo. Por el contrario, para construir una comunidad política orientada hacia el Bien Común es necesario promover en el pueblo una auténtica cultura solidaria y autogestionaria. Solidaria significa que trabajar por el Bien Común como un deber de todos los miembros de la comunidad, con los consecuentes sacrificios que conlleva. La solidaridad no es dar un poco de lo que sobra y tranquilizar la conciencia; es comprometerse eficazmente. Por otro lado, autogestionaria significa que cada persona asume de manera responsable el protagonismo de las decisiones, de las deliberaciones y de las acciones necesarias para construir el Bien Común. Es simultáneamente la antítesis tanto de una dictadura como de una democracia liberal.
Por ello, el Aula Malagón Rovirosa y el Aula Julián Gómez del Castillo se desarrollan sin subvenciones de ningún tipo para garantizar su absoluta independencia. La fuente de financiación principal es el trabajo gratuito de los militantes. Ello elimina cualquier tipo de censura económica y sobre todo hace posible que se pueda organizar por los más empobrecidos de la Tierra siendo protagonistas de su propia liberación.
El Aula Malagón Rovirosa y el Aula Julián Gómez del Castillo se llevan celebrando desde hace más de 40 años, siendo un instrumento fundamental de combate militante contra el asistencialismo y el dirigismo.
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