China y la deuda Africana, una trampa más para los empobrecidos

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El Áfica subsahariana multiplicará su pobreza con el coronavirus. El robo a los pobres genera esta situación sanitaria y económica.

China lleva años situándose en el continente con sus préstamos e inversiones en infraustructuras para llevarse todo tipo de riquezas e instalar sus fábricas…

Millones de mascarillas donadas por China llegan al aeropuerto internacional Bole en Adis Abeba, Etiopía, para ser repartidas por toda África. El presidente de Etiopía tuitea agradeciendo el esfuerzo chino. Los embajadores de Pekín en los países subsaharianos se hacen eco.

En las cajas de las mascarillas, en los medios de comunicación, en todos lados, la bandera china. La ampliación del propio aeropuerto de Bole ha sido sufragada con préstamos chinos, convirtiéndolo en el ‘hub’ del transporte en África oriental y la puerta de China al resto del continente negro. La imagen es potente.

¿Habrá condonación de la deuda?

«Suprimir la deuda»: Así lo está pidiendo la Iglesia desde hace tiempo, sobre todo en esta Pascua. Lee artículo de solidaridadnet

Con el coronavirus, los países subsaharianos se enfrentan no solo al colapso de sus débiles sistemas sanitarios y a proyecciones de miles de muertos, sino a una crisis económica que se puede llevar por delante millones de empleos, especialmente de la economía informal. Las últimas previsiones del Fondo Monetario Internacional (FMI) proyectan una contracción del 1,6% en 2020, en lo que supondría la primera recesión en un cuarto de siglo. Brookings, por su parte, estima una pérdida de 2,1 puntos porcentuales del PIB para África Subsahariana si se prolonga la pandemia.

En este contexto, cada vez más voces advierten de la dificultad de los gobiernos africanos de hacer frente a sus pagos a los acreedores. Y más y más voces (incluidos el FMI y el Banco Mundial) hablan de una suspensión temporal o condonación general de la deuda. Es también el caso del presidente francés, Emmanuel Macron, que en su tercer discurso a la nación desde que comenzó la crisis del coronavirus instó a la comunidad internacional a suspender los pagos de la deuda africana, como un paso previo a la condonación de la deuda.

Perdón de la deuda

“Esta moratoria significaría suspender el pago de intereses y dar un respiro [a las economías africanas]. Extendemos la deuda y, quizá con el tiempo, esto llevará a un acuerdo sobre la suspensión [general] de la deuda”, detalló más tarde en una entrevista con RFI. El guante fue recogido por ‘Le Monde’, que en un editorial señaló directamente a China como la que debe «también» cancelar sus deudas con estos países.

Sin embargo, la condonación de la deuda china, diversificada y tremendamente opaca, es un asunto mucho más peliagudo de lo que parece. Porque nadie tiene muy claro cuál es la verdadera cantidad de deuda que los países en vías de desarrollo han contraído con China. Además, Pekín podría mostrarse reticente a perder el músculo diplomático que ha ido atesorando en África.

«Estamos dispuestos a estudiar la posibilidad, si se hace en conjunto con la comunidad internacional», afirmaba esta semana el Ministerio de Exteriores chino en declaraciones a la agencia Reuters. Según anunciaba el jueves pasado el G-20, se ha acordado una «congelación», es decir, retrasar pagos de la deuda (no implica una condonación) a los países africanos durante un año. Pero incluso este acuerdo de mínimos ha sido alcanzado con la reticencia de China. Por el momento, Pekín se ha inclinado más por una renegociación bilateral país por país, sin una solución conjunta.

El mayor prestamista de África

Tras casi dos décadas de créditos baratos y muy diversificados, China ha superado ya al Banco Mundial como el mayor ‘prestamista’ individual para África. Pekín y el Banco de Desarrollo de China prestaron más de 152.000 millones de dólares a los países africanos entre 2000 y 2018, según un informe del instituto CARI (Iniciativa de Investigación China-África, por sus siglas en inglés) de la Escuela de Estudios Internacionales de la Universidad estadounidense Johns Hopkins. Según el Banco Mundial, China representa el 17% de la deuda africana. El Jubilee Debt Campaign, que aboga por la condonación de la deuda de los países pobres, alza el porcentaje hasta al menos el 20%.

El problema, sin embargo, es que la cantidad de deuda de los países africanos con China puede ser mucho más grande de lo que reportan las cifras oficiales. Un estudio publicado en 2019 de Sebastian Horn y Cristoph Trebesch, del Instituto Kiel, y Carmen Reinhart, de la Universidad de Harvard, demostraba que casi la mitad de los préstamos chinos a países en desarrollo está «oculta»: ni el Banco Mundial ni el FMI tienen datos sobre ellos. Los investigadores apodan a esa financiación “deudas escondidas”.

Casi la mitad de los préstamos chinos a países en desarrollo está «oculta»: ni el Banco Mundial ni el FMI tienen datos sobre ellos

Antes de la crisis del coronavirus, Pekín reconocía que debía hacer que sus préstamos fueran más sostenibles. Sin embargo, hasta el momento, todo sigue igual. ¿El motivo? Mientras el Banco Mundial promueve la financiación de países en vías de desarrollo con el objetivo de aumentar su progreso, China reconoce que busca “el beneficio mutuo”. Y aquí llega el One Belt, One Road, conocido como Belt and Road Initiative (BRI). Este megaproyecto busca invertir aproximadamente 150.000 millones al año en infraestructuras en gran parte del planeta, en ferrocarriles, carreteras, puertos y plantas energéticas, que desarrollen esas zonas geográficas y sirvan para impulsar las exportaciones chinas y aumentar el peso diplomático y geopolítico de China. Otros, sin embargo, advierten de que no se trata de otra cosa que de la “trampa de la deuda”.

“Para los países en desarrollo con economías frágiles, el Belt and Road establece una trampa de deuda despiadada”, defendía el antiguo consejero en Seguridad Nacional de Donald Trump, H. R. McMaster, en el último número mensual de ‘The Atlantic’. “Cuando algunos países son incapaces de pagar sus deudas, China las intercambia por participaciones para hacerse con el control de sus puertos, aeropuertos, presas, plantas eléctricas y redes de comunicación. En 2018, el riesgo de impago de deuda estaba creciendo en 23 países con financiación de Belt and Road. Ocho países pobres con financiación de la nueva Ruta de la Seda —Pakistán, Yibuti, las Maldivas, Laos, Mongolia, Montenegro, Tayikistán y Kirguistán— ya tenían niveles insostenibles de deuda”.

No todo el mundo está de acuerdo con la premisa de la trampa de deuda china: “La Administración Trump ha avivado estos temores de que los países [africanos] pierdan soberanía, pero no hemos visto evidencias de este tipo de confiscación y embargo de bienes y activos en África”, asevera Deborah Brautigam, directora del CARI, en una tribuna en el diario ‘The Diplomat’.

¿Está China construyendo África?

Conduciendo desde la capital keniana, Nairobi, paralelos a la carretera pueden verse numerosos carteles en chino e inglés. Se trata de uno de los proyectos más napoleónicos del continente con dinero y empresas chinas: la línea ferroviaria Kampala-Nairobi-Mombasa. La mayoría de esa “deuda escondida” a la que hace referencia el mencionado estudio se hace a través de préstamos a constructores chinos.

En los últimos años, varios países africanos se han enfrascado en la construcción de infraestructuras de las que muchos carecen, de aeropuertos a autopistas y circunvalaciones. En Etiopía, por ejemplo, préstamos y compañías chinas han levantado una moderna red de metro ligero. Hoy día, solo la utilizan cerca de 200.000 pasajeros diarios en una ciudad de casi tres millones de habitantes. Incapaz de hacer frente a los pagos, en República Democrática del Congo el Gobierno entregó la concesión de una autovía de 535 kilómetros a un consorcio con participación china.

Una de las características que los autores del informe sobre la ‘deuda escondida’ recalcan es que alrededor del 60% de los préstamos chinos se otorgaba a tasas de interés más altas y vencimientos más cortos que los del Banco Mundial. Y si esos países son incapaces de pagarlas, China puede tomar el control de algunos bienes estratégicos, como apuntaba McMaster en su artículo.

Sin embargo, China puede no ser tan inflexible con su deuda como la pintan: en los últimos años, ha cancelado o reestructurado deudas de varios países, desde Etiopía (para la construcción de la línea de tren que una Adis Abeba con Yibuti) al Congo. Según el Gobierno chino, Pekín ha cancelado más de 4.000 millones de deuda de países pobres. “Sin embargo, estas deudas canceladas fueron casi todas de una pequeña categoría de los préstamos chinos: partidas de ayuda sin intereses. En África, los préstamos sin intereses son apenas el 5% de los préstamos de China”, apunta Brautigam.

En esta línea, la analista del China-Africa Research Initiative concluye: “Es poco probable que veamos a Pekín aceptar un alivio real y de largo alcance de la deuda a corto-medio plazo”. Está por ver si una dura postura china con las ayudas a la deuda africana acaba dinamitando sus esfuerzos diplomáticos y propagandísticos con el coronavirus en el continente

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