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¿Cuál es la verdadera prioridad nacional?

La auténtica prioridad nacional es modificar la estructura económica y sus dinamismos, de tal manera que la riqueza acumulada injustamente sea distribuida tanto a nivel nacional como internacional

Foto en Pixnio

Por Equipo de Política de la revista Autogestión. Publicado en la revista solidaria  AUTOGESTIÓN.

El debate político sobre la llamada Prioridad Nacional está totalmente adulterado y manipulado. Incluso muchos de los que están en contra contribuyen a la polarización social que empuja al enfrentamiento entre la población autóctona y los inmigrantes empobrecidos. Este artículo propone profundizar y combatir las verdaderas causas de la situación actual para evitar una guerra inducida entre los empobrecidos.

Vivimos tiempos muy convulsos y confusos donde los conceptos y sus realidades tradicionales ya no encajan. Diferenciar hoy izquierda y derecha en un sistema capitalista que de hecho es aceptado por todos los partidos parlamentarios no tiene sentido. Desde la extrema izquierda a la extrema derecha parlamentaria son decididamente procapitalistas y forman parte del sistema hegemónico de poder. Les diferencian matices que se encargan de engrandecer para mantener el espectáculo político de la democracia liberal.

Pero si además introducimos el concepto de nación la cosa es hilarante. Vemos a izquierdas y derechas apoyando privilegios nacionalistas y nacionales de todo tipo sin despeinarse, dependiendo del momento electoral y demostrando que el concepto de Bien Común está totalmente ausente de la realidad política española.

En este contexto de confusión política radical y egoísmo colectivo surge el debate de la prioridad nacional frente a los inmigrantes empobrecidos que llegan a España. Para analizar esta situación no debemos dejarnos despistar por los términos izquierda y derecha ni por el término nacional. Hagamos primero un análisis formal y luego profundicemos.

En el debate político español, el concepto de «prioridad nacional» (también denominado en ocasiones «preferencia nacional») se ha convertido en un eje central de discusión, especialmente impulsado por formaciones como Vox y adoptado en ciertos matices o discursos por sectores del Partido Popular (PP), generando un fuerte rechazo en los partidos denominados izquierda y en organizaciones religiosas y de derechos humanos.

Sin embargo, en Europa la idea de prioridad nacional no solo está impulsada por la derecha política, también se van incorporando cada vez más sectores de la llamada izquierda. Nos atrevemos a vaticinar que en no mucho tiempo la llamada izquierda va a defender la prioridad nacional porque la base electoral obrera de la izquierda está corriendo hacia la derecha.

A grandes rasgos, las definiciones y posturas se dividen en tres grandes enfoques:

  1. Definición teórica e ideológica. Desde una perspectiva politológica y general, la prioridad nacional se define como la exclusividad de derechos: la idea de que una serie de derechos políticos, económicos o sociales deben reservarse, de forma exclusiva o prioritaria, para los ciudadanos nacidos o naturalizados en una nación frente a la población extranjera. Se vincula directamente con conceptos como el nativismo y el chovinismo welfare o chovinismo social (la tesis de que los beneficios del Estado de bienestar deben ser solo para los «nativos»).

  2. La postura de quienes la defienden. Los sectores que promueven este concepto en España argumentan que el Estado tiene una «responsabilidad política elemental» primordial con sus propios ciudadanos. En sus mociones y propuestas legislativas, lo definen bajo estos términos. Asignación de recursos: un principio por el cual los recursos públicos (que consideran limitados y saturados por la inmigración) se deben asignar de forma prioritaria a quienes tienen un «arraigo real, duradero y verificable». Ámbitos de aplicación: Exigen aplicar esta prioridad específicamente en el acceso a ayudas sociales, programas de vivienda y servicios públicos. Sostienen que los nacionales han contribuido históricamente vía impuestos al sostenimiento del sistema y, por ende, deben ir primero en las listas de espera frente a los recién llegados o personas en situación irregular.

  3. La postura de quienes la critican. Para los detractores y analistas jurídicos, la «prioridad nacional» es vista como una medida discriminatoria y contraria al ordenamiento legal. Sus definiciones se centran en los efectos y su encaje constitucional. Discriminación por origen: se define como un mecanismo de exclusión institucional que discrimina a las personas únicamente por su origen o nacionalidad, quebrando el principio de igualdad. Juristas y constitucionalistas señalan que este concepto choca frontalmente con el artículo 14 de la Constitución Española (que prohíbe la discriminación) y con los tratados de la Unión Europea, especialmente el principio de no discriminación entre ciudadanos comunitarios y la libre circulación de trabajadores. Los detractores del concepto argumentan que esta retórica busca crear «ciudadanos de primera y de segunda», rompiendo la cohesión social y el modelo de sociedad abierta.

Con el último proceso de regularización de inmigrantes empobrecidos que se ha impulsado en España este debate se ha encendido más, polarizando y enfrentando a la población a base de mentiras.

Vamos a intentar profundizar para intentar descubrir la verdad del asunto.

Hay dos premisas de las que no se habla casi nunca. La primera es el principio del Destino Universal de los Bienes que condiciona todo. La creación es un don al servicio de todos los hombres y tenemos la responsabilidad de custodiar con justicia para permitir el desarrollo integral de todos los seres humanos presentes y futuros. Eso hace que los derechos de propiedad sobre las cosas tengan un carácter relativo por estar subordinados a este principio.

La segunda premisa es que toda la riqueza es fruto del trabajo que realizan las personas. El capital, como factor productivo, es trabajo acumulado. Y por ello tiene una doble subordinación a la persona humana, ya que la persona es siempre un fin y no un instrumento, y, como consecuencia, el trabajo que realiza tiene la máxima dignidad.

El sistema capitalista se caracteriza por que el capital se ha impuesto sobre las personas y no pertenece a los trabajadores que lo han producido, sino que ha sido desviado mediante diferentes mecanismos, acumulándose en las estructuras de poder capitalistas (comerciales, financieras, tecnológicas y estatales) que son las que realmente gobiernan. Ningún partido parlamentario defiende esta verdad porque todos están atados financieramente a los bancos y al Estado.

Dicho esto, la riqueza de España tiene dos orígenes fundamentalmente: el trabajo de la población, la mayoría trabajadores, que ha habitado y habita en nuestro país, y la estructura económica capitalista nacional y trasnacional, que se ha ido construyendo en los últimos 100 años, y que ha situado a España dentro del contexto de la Unión Europea y del Occidente capitalista en general. Esta estructura capitalista tiene una conexión directa con el sistema colonial y neocolonial de los últimos 300 años, que ha expoliado y sigue expoliando a los pueblos empobrecidos de África, Asia, Centro y Suramérica, robando recursos y población en beneficio de los países capitalistas avanzados o enriquecidos y en detrimento de sus poblaciones. El Estado de bienestar europeo y, por tanto, el español no hubiera sido posible sin esta estructura y dinamismo colonial imperialista subyacente, deliberadamente ocultado ante la opinión pública.

La riqueza que hay en Europa y en España, por tanto, en un porcentaje no pequeño, proviene del expolio a los pueblos empobrecidos de la Tierra. Históricamente, esto fue aceptado por el movimiento sindical y político socialdemócrata (en Gran Bretaña desde el siglo XIX), que prefirió traicionar a los trabajadores pobres del Tercer Mundo y aliarse con el colonialismo imperialista del cual se beneficiaba, a cambio de la paz social que han gozado los países capitalistas occidentales. Con ello se frenó la expansión del comunismo en occidente al precio de que la clase trabajadora y, por supuesto, la clase media, fuera cómplice del expolio de los pobres. La clase obrera y la nueva clase media que surge después de la II Guerra Mundial aceptan la cultura capitalista individualista y consumista a cambio de las ventajas-migajas del estado del bienestar, mientras el 80% de la población mundial moría y muere por hambre, guerras neocoloniales y miseria.

Con el fin de la Guerra Fría, el imperialismo y totalitarismo comunista (100 millones de muertos) ya no es un peligro para Occidente. Mediante la revolución tecnológica capitalista y la globalización empieza el progresivo desmontaje del estado de bienestar, el endeudamiento público del Estado y la descapitalización de la clase obrera y la clase media occidental que se ven sometidas a un proceso acelerado de precarización y pérdida de poder social. El mismo capitalismo que sigue expoliando al Tercer Mundo, ahora, de una manera frontal, empobrece a los trabajadores y a la clase media de los países enriquecidos que entran en un proceso de declive social, económico y demográfico. Al mismo tiempo, la globalización moviliza al capital en todas sus formas (financieras y tecnológicas fundamentalmente) otorgándole un poder ubicuo y las poblaciones empobrecidas del Tercer Mundo son forzadas a emigrar para compensar los déficits demográficos y laborales de los envejecidos países ricos. La tormenta perfecta está servida.

En estos momentos confluyen, por un lado, una inmigración forzada, y por tanto desarraigada y desestructurada, de jóvenes empobrecidos cuyo trabajo es necesario para sostener la economía de los envejecidos países ricos, y, por otro lado, unas poblaciones envejecidas, precarizadas, cada días más desestructuradas que se han visto progresivamente alejadas de los niveles de bienestar de antaño. El Estado, como las familias, ha sido descapitalizado con incesantes trasvases de renta del trabajo hacia el capital (especulación de la vivienda, sueldos muy bajos, presupuestos estatales que socializan pérdidas corporativas y privatizan sectores con beneficios…) cada día más concentrado. Como consecuencia hay una competencia por recursos y servicios públicos entre los inmigrantes empobrecidos y las poblaciones trabajadoras precarizadas. Es decir, se ha inducido una guerra entre los pobres mientras el capitalismo contempla la escena con fruición.

Desde aquí se puede hacer mejor un juicio de la situación y del debate sobre la prioridad nacional:

  • Hablar de prioridad nacional sin tener en cuenta el contexto histórico político y económico de la situación es una manipulación muy grave que provoca enfrentamientos entre la población. El pueblo debe conocer las causas verdaderas que han provocado la situación actual.

  • La riqueza de nuestro país está mayoritariamente en muy pocas manos y cada día se concentra más. Los niveles de desigualdad son escandalosos. Estamos en un estado endeudado y en muchos aspectos colapsado, no por la afluencia de inmigrantes empobrecidos, sino por esta concentración de la riqueza producida por mecanismos injustos.

  • Esa riqueza, actualmente expropiada de sus legítimos dueños, es fruto del trabajo tanto de la población trabajadora española como de los empobrecidos del Tercer Mundo de los que la estructura económica de España se ha beneficiado expoliando riquezas y población.

  • Por tanto, la prioridad nacional no puede ser privar a los inmigrantes empobrecidos de los frutos de su trabajo actual y del expolio de sus países. Ellos han contribuido tanto como los trabajadores españoles a la riqueza de nuestro país.
  • La auténtica prioridad nacional es modificar la estructura económica y sus dinamismos, de tal manera que la riqueza acumulada injustamente sea distribuida tanto a nivel nacional como internacional. Esto solo se va a conseguir con la unión solidaria de los trabajadores de España y los inmigrantes empobrecidos.

 

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