Curso Encuentro del Movimiento Cultural Cristiano: «Todos responsables de todos»

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No queremos empezar este Aula sin dejar muy claro que sólo es posible por el aliento de los que están sin aliento, por la fuerza de la debilidad en la que nos sentimos en medio de hermanos que padecen el hambre y la enfermedad y el dolor físico y moral de ver cómo se desvanecen planes y esperanzas y de ver cómo se prolonga la agonía, sin apenas fuerzas para afrontarla. Rezamos especialmente por ellos. Sin olvidarnos de tantos otros que también tenemos en nuestro corazón.

Comenzamos este curso encuentro en circunstancias muy duras para millones de personas. Circunstancias que se han visto agravadas por esta pandemia. De alguna manera, detrás de cualquiera de los análisis que vamos a hacer nos preocupa acercarnos lo más honestamente posible a la realidad de nuestro mundo. Por ello es muy importante que tengamos en la cabeza rostros concretos, experiencias concretas, palpables, de carne y sangre, … En esta mirada debemos volvernos a los cientos de miles de ancianos que han sido condenados a la eutanasia real; a los niños y niñas que, desescolarizados, han vuelto a ejecutar la sentencia de la explotación, la trata y la esclavitud infantil; a los enfermos- físicos y mentales-  que carecen de cualquier asistencia por la ausencia de sistemas sanitarios, de asistencia médica y de las medicinas más elementales; a los nuevos desempleados y descartados y explotados de una economía que ciertamente mata; a los parias inmigrantes empobrecidos retenidos en las fronteras y en los campos de refugiados por el delito que huir de la miseria, la violencia y la guerra; y a tantos otros que convierten esta lista en casi interminable.

Nuestra visión quedará ciertamente mediada por los únicos que nos proporcionan el lugar adecuado para mirar el mundo a la cara: los empobrecidos de la Tierra. Ellos son los jueces.

Hay una certeza compartida en estos momentos: NADA SERÁ IGUAL. Aunque lo que queremos decir con esta expresión pueda en gran medida divergir. El poscovid nos presenta ya varios escenarios que vamos a tener la oportunidad de orar y reflexionar con una intención clara: que nuestro corazón angustiado no descanse sino en la lucha en común por la liberación integral de tantas cadenas.

En uno de los escenarios nos vamos a enfrentar a una sociedad traumatizada, más enferma si cabe. En situaciones de “catástrofes” o de “pérdida de libertad” vividas en primera persona se nos advierte, desde la psiquiatría y la psicología, que se produce un aumento de las adicciones y de los traumas de la soledad patológica. En la actualidad, tienen que ver sobre todo con las heridas que ha generado una sociedad hiperindividualista y desvinculada, desestructura o débil en sus relaciones sociales. El resultado puede llegar a ser, por lo tanto, una sociedad aún más enferma. Tengámoslo muy en cuenta en nuestro diálogo de verdad, justicia y misericordia con ella.

Otro escenario paralelo y convergente tiene que ver con la esfera de la política: es el de la habituación o adaptación a un régimen de “estado de excepción y control” permanente, en dónde el precio a pagar por la seguridad, siempre precaria y susceptible de sentirse incierta, será el absoluto sometimiento a un estado fuerte y totalitario. Este estado de angustiosa ansiedad podría mantenerse con las adecuadas dosis de incertidumbre y miedo premeditadamente inoculadas cuando sea necesario. El sueño de la biopolítica imperialista está conociendo un ensayo sin precedentes.

Este segundo escenario tiene de telón de fondo un proceso de aceleración de las tendencias del neocapitalismo 4.0, dónde la tecnología sitúa el empleo y al trabajo en un horizonte de mercantilización y descarte del trabajo humano sin precedentes. Economía digital, economía uberizada, economía bajo demanda, economía de plataformas, … Esto ya está teniendo consecuencias clareas en los procesos educativos, en los procesos de des-humanización, des-socialización y división social. La desigualdad está llamada a agrandarse hasta el paroxismo.

Pero, en lo más profundo de todo, se ha puesto de manifiesto la raíz antropológica de todas las cuestiones sociales. La pandemia nos sitúa ante dilemas éticos ineludibles y nos interpela en nuestra dimensión más profunda, la dimensión religiosa. El virus ha puesto de manifiesto, para toda la generación del “bienestar” de las sociedades que nos creíamos inmunes al dolor que venía sufriendo la humanidad, la debilidad, la fragilidad y la vulnerabilidad de cada uno de nosotros y, con ello, ha abierto una brecha en nuestras certezas sobre cómo hemos organizado la sociedad y el sistema económico-político en el que nos venimos moviendo.

Creo que las palabras del papa Francisco en la homilía previa a la excepcional bendición Urbi et Orbi impartida desde la Plaza de San Pedro el pasado 27 de marzo, lo expresan de la mejor manera posible: “En nuestro mundo, que Tú amas más que nosotros, hemos avanzado rápidamente, sintiéndonos fuertes y capaces de todo. Codiciosos de ganancias, nos hemos dejado absorber por lo material y trastornar por la prisa. No nos hemos detenido ante tus llamadas, no nos hemos despertado ante guerras e injusticias del mundo, no hemos escuchado el grito de los pobres y de nuestro planeta gravemente enfermo. Hemos “continuado imperturbables, pensando en mantenernos siempre sanos en un mundo enfermo”

Puesto de publicaciones solidarias Voz de los sin Voz

La teología y la pastoral tienen también mucho que decir: en aras al discernimiento sobre lo que el Espíritu Santo nos estará diciendo en este momento de la historia, en aras al discernimiento sobre el ser y la misión la Iglesia, en aras a nuestra manera de orar y aproximarnos a los sacramentos, en aras a la caridad y a la misión evangelizadora.

Estamos, pues, ante un dilema de gran transcendencia: O apostamos por el hombre, sujeto de dignidad sagrada, o aceptamos el relativismo que nos convierte en instrumentos de los más fuertes.  O nos decidimos por una cultura de la cooperación y la colaboración conjunta orientadas al bien común o nos atenemos a las consecuencias de “competir” y “luchar” cada uno por su propio interés y por su propio bienestar caiga quien caiga. El dilema nos interpela como un grito, como una bofetada. Todavía habrá quien diga que él no lo ha escuchado. Será difícil de creer. Todos responsables de todos. O todos esclavos.

Aula Malagón-Rovirosa 2020 (SOTO IRUZ-CANTABRIA)