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Dios no lo quiere, Venezuela

Dios no quiere la miseria ni el abandono de las infraestructuras, ni de las instituciones, ni de las familias... Dios quiere para Venezuela la Justicia, la Solidaridad, la Esperanza...

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Dios no quiere los cientos o miles de muertos (a esta hora no sabemos cuantos) que están sepultados bajo los escombros por el doble terremoto sucedido ayer en apenas 40 segundos en La Guaira.

Dios no quiere la miseria ni el abandono de las infraestructuras, ni de las instituciones, ni de las familias… Dios quiere para Venezuela la Justicia, la Solidaridad, la Esperanza…

El sufrimiento del pueblo venezolano no se puede medir apenas con patrones humanos ni con frías estadísticas. Las losas de hormigón y escombros que han sepultado a tantos hermanos, a tantas familias son la imagen del aplastamiento político, económico y social de un pueblo. Los endebles edificios construidos sobre el terreno de aluvión de la zona de la Guaira, no aguantaron el movimiento del subsuelo. ¿Qué mejoras constructivas se han hecho después del terremoto de 1967 en la misma zona? ¿Qué protección se han dado a los edificios y a las insfraestrucuras después del gran deslave de lodo que arrasó la zona en 1999? Estas preguntas, por desgracia, se reponden casi solas. Nada.

Tanto dolor y sufrimiento. ¿Por qué?

En su visita a España el Papa Leon XIV tuvo un diálogo con jóvenes que habían tenido experiencias extremas de sufrimiento y dolor. El Papa tuvo que responder a varios testimonios que hacían verdaderamente humana y terrenal esta cuestión filosófica-teológica de Dios y el mal. León XIV hizo mención expresa a la libertad, que apunta a los hombres y sus decisiones libres, que son a quienes hay que atribuir la responsabilidad desde la libertad. Como señaló el Papa: «No podemos atribuir a Dios lo que ha sido confiado a nuestra responsabilidad.

Una joven le contó a León XIV cómo su padre trató de matar a su madre cuando ella era niña y le preguntó qué podía hacer para llegar a perdonarle. En su respuesta, el Pontífice aprovechó para seguir la senda marcada por san Agustín y recordar que no es a Dios a quien debemos mirar «si existe la violencia, si triunfa el egoísmo, si incluso el amor entre familiares se transforma en odio».

La «maldición de los recursos» y de quienes los gestionan.

El mismo subsuelo venezolano alberga una de las riquezas más importantes del planeta. Tiene las mayores reservas petroleras del mundo. También oro, minerales críticos, coltan, tierras raras, hierro, bauxita…y un largo etcétera.

Pero decenas de años de saqueo de recursos, de monocultivo petrolero, de no promoción de la industria relacionada con las materias primas…nos han llevado al populismo y a la miseria, e incluso, a la «tutela» exterior. Ocho millones de venezolanos se han ido fuera del país, uno de los mayores éxodos mundiales en los últimos 100 años.

Durante la época de bonanza venezolana, antes del desastre chavista, también existía una gran parte de la población empobrecida, que fué abandonada y olvidada. Esto requiere un examen de conciencia política. Porque  como dice el dicho «aquellos polvos trajeron estos lodos». Mantener sometidos a los venezolanos, bien mediante el subsidio o bien mediante la violencia y la miseria es la estrategia perfecta para robar y saquear a un pueblo.

La esperanza

El pueblo venezolano tiene grandes capacidades, la demostración ha sido la capacidad de supervivencia ante tanta dificultad y miseria impuesta. Algunas líneas de trabajo fundamentales para salir de esta situación a medio y largo plazo que podemos señalar (siempre quedarán otras en el tintero) pueden ser:

  • Creer en los pobres. Creer en la promoción de militantes asociados que den su vida por la solidaridad e impulsen desde la caridad política el bien común. Recordamos aquí una cita de nuestras revistas:

Creer en los pobres…»implica no obstaculizar – como hace el asistencialismo– su acceso a la militancia cristiana ni a las formas de vida solidarias que les son propias; ni a las organizaciones, métodos y medios que les caracterizan y les permiten ser autónomos; decidir solidariamente por ellos mismos y ser fuertes hasta vencer al Goliat que les pisotea» (Id y Evangelizad 145)

  • Fomentar una cultura solidaria que supere el individualismo y los obstáculos que el neocapitalismo va a poner a los venezolanos, para que puedan gestionar sus riquezas y reconstruir institucionalmente del país. Para ello es necesario frenar el robo de los recursos y establecer las condiciones justas (contratos) que reviertan en las infraestructuras del país.
  • Generar estructuras de Gracia (solidarias): asociaciones, empresas, cultura solidaria…Hacer memoria de la historia solidaria sembrada en los pueblos hispanoamericanos. Construir desde abajo.
  • Rechazar de plano la influencia de las sectas que colaboran de forma intensiva y organizada en la ocultación de las causas estructurales de la miseria. Que incluso plantean que lo que sucede es una maldición divina. Porque realmente, Dios no lo quiere, Venezuela.

Ayudemos con todas nuestras fuerzas al pueblo venezolano, pero fijando también la mirada en las necesidades más importantes que hemos apuntado anteriormente, que Dios quiere para Venezuela.

Redacción solidaridad.net

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