Economía bajo demanda: Matías, es tu esclavo. Tú lo serás mañana.

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El mes de Abril fue lluvioso en Madrid, Matías (34 años) subía la calle Bravo Murillo con una bicicleta cargado con una pesada mochila a realizar una entrega de la plataforma tecnológica XXXX. Era sábado, la luz solar se había ido y los coches pasaban a un metro escaso de su bici, salpicando agua con violencia sobre los bajos del cuadro del ciclo. Cenará mal y tarde, y llegará a dormir a casa de sus padres o a una habitación de alquiler. Bienvenidos todos a la nueva economía.

La vida laboral se está transformando y adaptando a las necesidades de la “nueva economía”: más explotación y más esclavitud. Estos cambios para algunos significan oportunidades para muchos trabajadores, y en realidad lo son para unos pocos privilegiados. El nuevo status generado, la relación entre empleador y trabajador en las economías actuales, lo marcan nuevos monopolios tecnológicos, con más poder y podemos así escuchar términos como monopsonio, gig economy, economía de plataformas o trabajo atípico, unos conceptos que reflejan la profunda transición a la que se está sometiendo el sistema laboral.

Estas nuevas formas de trabajo suelen incidir en la flexibilidad de horarios, de ingresos y de la duración de la relación laboral, lo genera de todo menos certidumbre y más precariedad para el trabajador en el corto, el medio y largo plazo. Programar tu vida en el día, en la semana o en el mes es una entelequia, con graves consecuencias psicológicas y familiares.

El trabajo a tiempo completo y con una misma empresa ha sido considerado la norma durante décadas, pero esta relación laboral está cambiando. Sobre todo en España, en el sector servicios, sino véase contratación de la Semana Santa pasada (Abril 2019) [1]

La diferencia es que antes de la crisis de 2008 había mucho de este empleo, sobre todo el temporal en el sector de la construcción, pero no tenía una remuneración por debajo de la media, mientras que en la actualidad la gran parte de esos empleos están pésimamente remunerados.

Ver noticia sobre la muerte de un trabajador de Glovo

Actualmente, el 35% de los asalariados tienen un contrato de este tipo (temporal y/o a jornada parcial), tres puntos porcentuales por debajo de la existente antes de la crisis. Esta evolución se debe, básicamente, a la reducción de la tasa de temporalidad en cerca de un 6% -no por haber pasado a un contrato indefinido sino porque la destrucción de empleo se ha concentrado en este colectivo.

«son empleos que no representan una relación formal entre empleador y empleado»

Si se analiza los empleos que actualmente se están generando a través de las plataformas, se observa un patrón común: son empleos que no representan una relación formal entre empleador y empleado. Se generan empleos menos estructurados y tremendamente más flexibles. Tanto, que el gran debate está en determinar la naturaleza de la relación laboral que se crea (¿son trabajadores autónomos o asalariados?). No señores son esclavos o explotados; trabajadores bajo “demanda”

Este incremento de la concentración de mercado está generando cierta preocupación sobre una posible situación de monopsonio en el sistema laboral, un estado que se produce cuando una empresa domina el mercado y puede mantener unos salarios bajos al no contar apenas con competencia por los trabajadores que requiere.

El desarrollo tecnológico así enfocado, está produciendo a la par una mayor polarización salarial. Segmentando gravemente el mercado de trabajo. Un proceso que ya se está observando… entre otros muchos aspectos, la automatización ha sido más intensa en los empleos de salarios intermedios. En este último elemento, el impacto de la revolución tecnológica, es señalado por algunos economistas como, posiblemente, el determinante más importante.

El debate afecta, políticamente y económicamente hablando, a los demandantes de los servicios (consumidores), a los trabajadores (que son los mismos consumidores, muchas veces con una clara relación generacional), a las grandes plataformas tecnológicas y a los gobiernos que permiten que se incumpla sistemáticamente, entre otras, la legislación de prevención de riesgos laborales, o el derecho a un trabajo digno. Así es imposible arreglar la avería del ascensor social en España.

Incluso Europa le ha dado la espalda, a tener una política común en este aspecto, incluida la unidad fiscal, haciendo cada uno la guerra por su cuenta frente a los grandes.

De este tema se ha hablado poco en la campaña electoral pasada. Quizás porque nadie le quiera meter en diente. Es más fácil colocar en nuestro rostro otros capotes, que entretengan al gran público de lo realmente importante; sino que se lo pregunten a todos los Matías.

[1] El paro registrado bajó en España en Abril en 91.518 personas impulsado por la Semana Santa. El número total en las oficinas del Servicio Público de Empleo se queda en 3.163.566. En el último año 172.302 personas encontraron trabajo, pero el empleo sigue siendo precario y de mala calidad: apenas el 9% de los nuevos contratos son indefinidos.

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