El imperialismo contra los débiles

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Necesitamos la creación de opinión pública solidaria y la lucha política y económica que cambie las estructuras, y ponga al hombre y no al poder en el centro.

El miércoles 20 de agosto, en el encuentro Norte-Sur, hemos centrado el día en analizar las causas de la situación de la esclavitud y trata de personas en el mundo.

Para poder realizar el JUZGAR, hemos contado con la aportación de Magdalena Pérez, Economista y profesora de economía, que a partir de un esquema histórico del capitalismo y sus distintas etapas desde que irrumpe en la historia, nos ha demostrado cómo siempre se ha buscado y se busca el máximo poder y el máximo beneficio para los poderosos. Todo vale, se adaptan los mensajes a los distintos tiempos, pero se intenta perpetuar la supremacía de unos pocos sobre la mayor parte de la humanidad. Con Ana Solano, médico y profesora de salud pública, hemos reflexionado cómo la esclavitud sexual, siendo una explotación histórica, ha pasado a ser una agresión a la dignidad de la mujer, socialmente consentida. Desde un repaso de la líneas y mensajes de las últimas cumbres de la mujer de la ONU, nos mostró cómo se están pretendiendo reducir los derechos de la mujer, a salud reproductiva,.. y cómo se quiere implantar una ideología de género que quiere incluso identificar y unir salud reproductiva y cambio climático. Las consecuencias de esta estrategia son ataques a la dignidad de la persona, desde la implantación de un materialismo. Con este grado de agresión, los ataques a la dignidad solo puede combatirse desde una nueva antropología, la cuestión social ha pasado a ser una cuestión antropológica.

Ya por la tarde, Carlos LLarandi nos introdujo en las características actuales del neocapitalismo, como verdadero imperialismo, estructura de pecado, que desde su dinamismo, complejidad y estructura en red y usando como medios fundamentales la tecnología y el sistema financiero, se ha convertido un sistema totalitario, de dominación integral. Del mismo modo que habíamos visto en etapas anteriores del capitalismo la búsqueda del poder, este nuevo totalitarismo, quiere ahondar en su voluntad de poder a toda costa. Se establecen nuevas formas de explotación, incluso la del tiempo, que impiden al hombre ser protagonista de su vida.

En el diálogo vimos que este nivel de agresión solo es posible combatirlo con una revolución cultural, desde la solidaridad y la caridad política. Solo desde una asociación apostólica y militante, puede realizarse la labor cultural y educativa, la creación de opinión pública solidaria y la lucha política y económica que cambie las estructuras, y ponga al hombre y no al poder en el centro.