Esperanzas y desafíos del Acuerdo de Libre Comercio Continental Africano

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El Acuerdo de Libre Comercio Continental Africano (AfCFTA, por sus siglas en inglés) lanzado el 1 de enero de este año ha sido elogiado como un “punto de inflexión”. Al reunir a 55 países (que suman una población total de 1.300 millones de habitantes y un PIB de 3,4 billones de dólares) en un mercado único, muchos creen que el AfCFTA podría impulsar la recuperación del continente africano de la crisis del Covid-19, así como promover la transformación estructural e impulsar una rápida industrialización. Pero, ¿son estos todos los escollos a superar?

El Banco Mundial estima que la integración comercial podría aumentar los ingresos de África en un 7% hasta 2035, sacando a 30 millones de personas de la pobreza extrema. Son demasiado optimistas.

Son expectativas elevadas. Por desgracia, por sí sola la reducción de las barreras comerciales no hará que África pueda convertirlas en realidad.

Por desgracia existen otras barreras (tecnológicas, inversión industrial, estabilidad política, violencia…) que impiden fructificar del todo este tipo de acuerdos.

La zona de libre comercio del continente africano cubrirá un mercado de más 1.200 millones de personas y un PIB de 2.5 billones de dólares.


Pasa a ser la zona de libre comercio más grande del mundo.

En 2050, este continente tendrá el 26% de la población mundial en edad de trabajar.

Su economía se prevé que se desarrolle dos veces más rápido que otros países empobrecidos.

Se estima que esta nueva zona impulsará el comercio intraafricano en un 52,3%.


El AfCFTA eliminará los aranceles aplicados al 90% de las mercancías y reducirá las barreras no arancelarias. La liberalización, según esta lógica, conducirá a un fuerte aumento del comercio continental, y la producción se elevará –sobre todo la de bienes manufacturados– con el propósito de satisfacer la creciente demanda de exportaciones. A su vez, el aumento de las exportaciones fomentará la industrialización a largo plazo, al propiciar las economías de escala y una asignación más eficiente de los recursos.

Sin embargo, existe un defecto fundamental en esta lógica. Los aranceles comerciales no son el único impedimento para el comercio africano, es necesaria una industrialización más rápida y la transformación estructural del continente.

De ahí que se ponga énfasis en abordar las barreras no arancelarias, en especial las deficiencias en infraestructura y los costes de transacción relacionados con las aduanas. Las medidas vinculadas al AfCFTA para agilizar los procedimientos aduaneros y frenar la búsqueda de rentas en las fronteras contribuirán en cierta medida a aumentar la eficiencia. Pero lo que realmente se necesita, es una inversión a gran escala en infraestructuras aduaneras físicas y en la modernización de los sistemas de tecnología de la información.

El verdadero problema del continente es que su capacidad de producción es muy pequeña. Son ya siglos de aplastamiento del continente y de robo sistemático.

¿Qué necesita África para exportar productos elaborados (con valor añadido) y así mejorar también el comercio entre los mismos países africanos?

Pero para ello es necesaria una gran transformación político-económica, a la par que, las grandes potencias (EEUU, Europa, China…) y sus empresas transnacionales, han de dejar de robar y corromper a los países empobrecidos africanos, ahogados durante décadas.

Esta transformación global, debería orientar la política económica africana, favoreciendo a los estados y a las sociedades, con herramientas para evitar la evasión de capitales, la corrupción política y el robo de las materias primas y «cerebros», entre otros.

Gracias a los esfuerzos de la Unidad Africana, el continente se ha dado cuenta de que, en todas partes del mundo, los países comercian con sus vecinos. Esto ha sido una anomalía para el continente africano debido a que su comercio ha estado dirigido hacia afuera desde el siglo XV, y, por ende, esta ha sido la forma en la que se han insertado en la economía internacional. El comercio intrarregional fue del 17% de las exportaciones africanas para el 2017 (Figura 1), a diferencia de un comercio intrarregional del 58% en Asia y un 67% en Europa (Figura 2) (Balima, 2019). La ZLCCA (Zona Libre de Comercio Contintental Africana) podría cambiar drásticamente las cosas por el potencial que tiene para diversificar las economías africanas, y alejarlas de las exportaciones de productos
extractivos como el petróleo o los minerales (African Union, 2019).

Comercio intraafricano y comercio con China y U.Europea

Del mismo modo, la ZLCCA busca facilitar y mejorar la coordinación y el comercio entre los bloques económicos regionales. La iniciativa incluirá a las comunidades económicas regionales más importantes como la Unión del Magreb Árabe, el Mercado Común de África Oriental y Austral, la Comunidad Económica de Estados de África Occidental, la Comunidad de África Oriental, la Comunidad de Estados Sahel Saharianos y la Comunidad Económica de Estados de África Central, la Autoridad Intergubernamental para el Desarrollo, y la Comunidad de Desarrollo de África Austral (Industriall, 2019).

% Mercados interiores por continente

Entre otras cosas, la ZLCCA quiere poner fin a la competencia entre las comunidades económicas regionales y le apunta a incentivar la cooperación.

Puede decirse que la ZLCCA tiene las herramientas para impulsar significativamente el comercio intraafricano. A pesar de que falta la parte de los procedimientos de operación, África ha construido unas bases sólidas para poder hablar y actuar como una entidad unida en las negociaciones comerciales mundiales y, en el proceso, aprovechar su fuerza para asegurar acuerdos comerciales y de inversión que ofrezcan un desarrollo sostenible e inclusivo para su pueblo (African Union, 2019). Si la ZLCCA logra implementar las reformas anteriormente mencionadas, la nueva zona de libre comercio podría impulsar el dinamismo africano y posicionar al continente como un competidor mundial lo cual sería un avance importantísimo.

No obstante, la ZLCCA tendrá que lidiar con diferentes desafíos que podrían poner en duda su realización. Una de las razones de por qué le tomó tantos años poner en marcha este proyecto a la Unión Africana, fue el rol que jugaron los sindicatos de los trabajadores en las rondas de negociación. A pesar de que estas organizaciones de la sociedad civil reconocen el potencial de la ZLCCA, sienten que no fueron participantes activos en el proceso de firma y ratificación del acuerdo, y por ende no pudieron expresar sus intereses.

Sin embargo el retraso tecnológico impuesto y el escaso desarrollo industrial provoca, que se dé una gran disparidad entre lo que los países africanos exportan (sobre todo productos básicos y bienes semielaborados) y lo que importan (en general bienes de consumo y bienes de capital). Esto impide, de manera considerable, el comercio continental. ¿Por qué iría Ghana a realizar operaciones de compraventa de cacao con Costa de Marfil, si ninguno de los dos países puede procesarlo? ¿Por qué exportaría Zambia su cobre a República Democrática del Congo, que también produce cobre pero no lo procesa?

Pero la transformación estructural no se ha de limitar a las manufacturas. Como sostienen tres eminentes académicos africanos, el continente también debe revertir la tendencia aplastante de la producción agrícola y de las exportaciones, y debe cerrar la brecha de productividad agrícola con otras regiones. Por eso no podemos dejar de denunciar el acaparamiento de tierras fértiles en África por parte de fondos especulativos o multinacionales, estableciendo cultivos que no favorecen a las poblaciones de origen.

Esto es esencial para aumentar los ingresos en las zonas rurales (donde se concentra la pobreza extrema) y para impulsar las exportaciones agrícolas (con lo que se suavizan las restricciones de la balanza de pagos al crecimiento).

Todo este impulso económico debe de acompañarse del fortalecimiento de las democracias por encima de los intereses geopolíticos existentes. Muchos peligros preñados de violencia asedian a gigantes africanos como Nigeria, donde es casi imposible garantizar la seguridad de sus ciudadanos, de sus infraestructuras, de sus colegios, en zonas extensas de su territorio. Por no hablar de la situación del Magreb, de Centroáfrica, del Cuerno de África y Sudán, y la contínua presencia de tensión y guerra. Con estos mimbres es difícil construir una paz y un comercio duradero intraafricano. Todos los actores han de poner de su parte.

Luis Antúnez

Notas:

La Unión Africana, con este acuerdo, pretenden eliminar tasas al 90% de los artículos. Pero, «dejar que se siga protegiendo el 10% de los productos puede, en la práctica, invalidar gran parte de los beneficios del acuerdo al permitir a cada país elegir estratégicamente los productos que van a seguir protegiendo.

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