Fenerismo del siglo XXI: Usuarios de todo, dueños de nada

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Vivir de las rentas nunca fue tan cierto como ahora para los poderosos: coches, casas, naves, servicios básicos etc… Todo a un módico interés del 7 al 12% (por encima de la rentabilidad de la compra) por decir una cifra que se ajusta a los beneficios actuales de este tipo de servicios.

Los jóvenes de las generaciones actuales trabajan en plataformas en la prestación de servicios por horas en precario, y su provisionalidad se extiende hasta el infinito en su «modus vivendi», también en el uso de los bienes ¡de otros!. Unos viven de las rentas y otos las sufren.

Guillermo Rovirosa definía el Fenerismo como algo propio del sistema capitalista…

A este régimen o ‘sistema de arrendamiento’ lo llama fenerismo, definiéndolo como aquel sistema en el que una persona tiene los ‘títulos posesorios’ de unos bienes y otra persona tiene el ‘uso’ de aquellos bienes. Nos referimos a todo tipo de bienes, es decir, también al alquiler de las horas de trabajo de los obreros a los capitalistas. Esto permite la interminable acumulación por parte de una minoría.

La forma de financiarse los grandes ha impulsado mucho este modelo en países con mano de obra (barata), hay que exprimir más al de abajo, conclusión: ahora todo se renta.


Extractamos este artículo del diario el PAIS sobre las tendencias actuales:


Olvide la forma en la que ha gastado su dinero hasta ahora y resetee. Los hábitos de consumo de la sociedad están cambiando a un ritmo frenético. Las prioridades se han dado la vuelta como un calcetín. Las cosas ya no se compran, ni se acumulan; ahora se alquilan, como y cuando uno quiere. Las plataformas digitales perpetúan este fenómeno, que impacta de lleno en el modelo económico por su carácter deflacionista y el riesgo de precarización en el mercado laboral. También pone contra las cuerdas a las empresas tradicionales, que deben adaptarse con celeridad para seguir siendo competitivas. Y a los Gobiernos, que no pueden dilatar por más tiempo la regulación de la denominada economía de las plataformas.

La nueva sociedad del alquiler, de la suscripción y del pago por acceso es ya una forma de vida para millones de personas en todo el mundo, especialmente para los más jóvenes. Ellos muestran menos apego a la propiedad, son más digitales y tienen más conciencia medioambiental. Aunque en demasiadas ocasiones es la necesidad —por la precariedad laboral y salarial— quien guía sus decisiones de consumo. Se alquilan viviendas y coches, sobre todo. Pero el fenómeno se extiende a más productos y servicios: ropa, oficina, licencias de software, herramientas de bricolaje, muebles y electrodomésticos, piscinas, terrazas, trasteros, luz o joyas. Todo lo que pueda imaginar se puede alquilar o usar mediante una suscripción; y si no es posible hoy, lo será muy pronto.

“Ahora es tan común que pocas personas piensan en ello, pero sus libros, música y películas favoritos están en la nube y no en el estante de su apartamento, por cortesía de iTunes, Netflix y Amazon”, escribe Joseph Coughlin, director del Instituto de Tecnología de Massachusetts AgeLab, en la revista Forbes bajo el título Having It All, But Owning None Of It: Welcome To The Rentership Society («Tenerlo todo y no tener nada: bienvenido a la sociedad del alquiler»). Estos gigantes son los que han marcado el camino. Netflix ha llevado la suscripción de series a 140 millones de hogares de todo el planeta y Spotify tiene 108 millones de suscriptores premium.

Es la primera ola del gran tsunami que recorre el mundo. “La tendencia es irreversible y solo estamos en las primeras etapas”, asevera Antonio Pedraza, presidente de la Comisión Financiera del Consejo General de Economistas. Y remata: “La propiedad está pasando de moda”.

También en España, un país tradicionalmente basado en la cultura de la propiedad. Aquí operan unas 400 plataformas que ofrecen servicios bajo tres modelos: colaborativo, bajo demanda y de acceso, señala José Luis Zimmermann, director general de Adigital (Asociación Española de la Economía Digital). La mayoría se centra en movilidad (coche, moto, patinete…) y turismo (alquiler de casas a turistas a través de plataformas como Airbnb o Rentalia).

La economía de las plataformas representa ya un 1,4% del PIB español y la cifra podría duplicarse en 2025, hasta alcanzar entre un 2% y un 2,9%, según un estudio de la Fundación EY. El avance en apenas tres años ha sido tremendo. “En 2016 tuvo una contribución cercana al 0,2% del empleo y al 0,3 % del PIB de España”, indica Enrique Porta, socio responsable del sector Consumo y Retail para Management Consulting de KPMG en España, echando mano de una estimación de la Comisión Europea. Pero las cifras de la nueva sociedad del alquiler se quedan obsoletas de un día para otro.

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Artículo original de Sandra López Telón del 6/10/2019