Fratelli Tutti: Todos hermanos…frente a las «causas estructurales de la pobreza»

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Todos hermanos, fraternidad y amistad social

El Papa Francisco ha entregado a la Iglesia su tercera encíclica titulada Fratelli Tutti: “todos hermanos” sobre la fraternidad y la amistad social. Desarrollada en ocho capítulos, constituye un compendio de diversidad de documentos que ha desglosado en lo que va de pontificado en diversos ambientes. Se ha inspirado fundamentalmente en San Francisco de Asís y su testimonio de amor por todas las personas que no conoció fronteras y subsidiariamente se ha inspirado en: el Gran Imán Ahmad Al- Tayyeb, Martin Luther King, Desmond Tutu,  Gandhi y el beato Carlos de Foucauld.

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Fratelli Tutti denuncia que “en el mundo de hoy persisten numerosas formas de injusticia, nutridas por visiones antropológicas reductivas y por un modelo económico basado en las ganancias, que no duda en explotar, descartar e incluso matar al hombre. Mientras una parte de la humanidad vive en opulencia, otra parte ve su propia dignidad desconocida, despreciada o pisoteada y sus derechos fundamentales ignorados o violados». ¿Qué dice esto acerca de la igualdad de derechos fundada en la misma dignidad humana?”(22).


Entrevista a D. Luis Argüello en COPE sobre la encíclica:


Dictadura de lo invisible

Ante este genocidio global, se nos propone la figura del Buen Samaritano. En nuestro mundo, marcado a fuego por el dolor, las heridas, el expolio y la muerte  generada por la “dictadura de lo invisible” que son los intereses ocultos que mueven al mundo, se nos invita a ser buen samaritano: unir nuestros sufrimientos con los sufrimientos de los hermanos y sanar nuestras heridas. Hay que mirar al hombre herido, no se puede permitir que nadie quede tirado en el camino de la actual explotación de la dignidad humana, su dolor tiene que estremecernos hasta las entrañas para alterar nuestra comodidad y atender a esta humanidad apaleada. Hoy, “simplemente hay dos tipos de personas: las que se hacen cargo del dolor y las que pasan de largo; las que se inclinan reconociendo al caído y las que distraen su mirada y aceleran el paso”(70).

La fraternidad y la amistad social implican reconocer la inmensa dignidad de cada persona, junto con toda su riqueza cultural. Con ello, se comprende que nadie puede desarrollarse, ni encontrar su plenitud en el encierro del egoísmo individualista, sino en la apertura y entrega sincera a los demás, es decir, salir de uno mismo y convertirnos en un nosotros. El Papa echando mano de la Tradición teológica de la Iglesia con Santo Tomás de Aquino y San Buenaventura, nos recuerda que la fraternidad y la amistad social están fundadas y dinamizadas por la virtud de la caridad, que permite reconocernos hijos de un mismo Padre, hermanos de una sola humanidad y miembros de una familia de naciones.

Campaña solidaria

Luchar contra las causas

La fraternidad y la amistad social es una invitación para promover una caridad asociada e institucional a través de la solidaridad, que no se limita a determinados actos de generosidad, sino que “es luchar contra las causas estructurales de la pobreza, la desigualdad, la falta de trabajo, de tierra y de vivienda, la negación de los derechos sociales y laborales. Es enfrentar los destructores efectos del Imperio del dinero” (116).

Hoy el mundo clama y reclama la promoción de la caridad política. Una política que supere el desprecio a los pobres por formas populistas que los utilizan demagógicamente para sus fines o en formas liberales donde prima los intereses económicos de los poderosos. El Papa nos recuerda que el  ejercicio de la caridad política implica la asociación, es decir, “cuando se une a otros para generar procesos sociales de fraternidad y de justicia para todos, entra en `el campo de la más amplia caridad, la caridad política´” (180).

Desde estos presupuestos Fratelli Tutti es una llamada urgente para promover una cultura del encuentro y del diálogo que busque la verdad, reconociendo principios morales que nos preceden y que son universales. Esta cultura del encuentro, tiene especial incidencia para acoger, proteger, promover e integrar a los migrantes. La actual pandemia del Covid-19 nos ha recordado la fragilidad universal, en la cual está embarcada la humanidad y que es parte de compartir una fraternidad que no puede ser detenida por la actual cultura de muros, sino que los derrumba y supera desarrollando la conciencia de que nos salvamos todos o no se salva nadie. Así es necesario un ordenamiento mundial, jurídico, político y económico que prime el respeto a la dignidad de la persona y su desarrollo integral. El Papa está llevando la nota de catolicidad a su máxima expresión.

Negación de la dignidad de la persona humana

Por último, se convoca a las religiones a construir esta fraternidad universal, proclamando la realidad trascendente de las personas: pues, “la raíz del totalitarismo moderno hay que verla, por tanto, en la negación de la dignidad trascendente de la persona humana, imagen visible de Dios invisible y, precisamente por esto, sujeto natural de derechos que nadie puede violar: ni el individuo, el grupo, la clase social, ni la nación o el Estado” (273). Para los cristianos la fuente de la dignidad humana y de fraternidad es el Hijo de Dios, que nos integra a la Santísima Trinidad y se hace visible en este mundo por la Iglesia. Sin embargo, toda religión en la medida que busque la verdad, puede aportar lo propio para superar toda visión materialista e individualista, haciendo realidad un mundo de prójimos y hermanos.

Solinet