GANDHI en IBEROAMERICA ¿HAY un LUGAR para EL?

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Para mi enorme sorpresa resultó que el líder indígena no sabía prácticamente nada de Gandhi, sin embargo se había leído a fondo y conocía bastante bien las obras de Marx, Lenin y Mao. ¿por qué entonces esta ignorancia de Gandhi?



Por Rafael Landerreche (SERPAJ Tabasco, Mexico)

Publicado en Autogestión: 16/12/2002

Por Rafael Landerreche (SERPAJ Tabasco, Mexico)

Publicado en Autogestión: 16/12/2002
Hace unos 10 años, poco antes del semi-milenario 92, ocurrió en Ecuador un hecho insólito, hecho que un historiador consideró único en la vida secular de este continente colonizado: los indígenas de la Costa, el Altiplano Andino y la Amazonia, es decir, de todo el país, se unieron en una insurreción no-violenta que paralizó a la nación por espacio de tres semanas. Declararon una huelga de suministro de víveres a las ciudades, bloquearon las carreteras; un grupo marchó hacia la capital del país e instaló un plantón pacífico en la Iglesia de Santo Domingo en Quito, mientras en otros lugares se tomaban pacíficamente las plazas y los edificios sedes de gobierno. Se llevaron a cabo juicios populares agobernantes y funcionarios públicos en los que el castigo a los corruptos no era la ejecución sumaria, ni la deportación al Gulag, ni la reeducación ideológica, sino simplemente el que sus fallas fueran expuestas ante el conjunto de la población constitutido en jurado popular, el cual los hacía comprometerse públicamente a corregir su conducta y acto seguido los dejaba ir tranquilamente a sus casas…con la aclaración de que si no cumplían se repetiría el proceso.

El orden, la disciplina y la actitud pacífica del movimiento fueron tales que a pesar de la tensión que tuvo en vilo al gobierno, solamente hubo en muerto mientras duró la insurrección, resultado al parecer de un disparo más bien accidental de un militar. En esos momentos, y a pesar de la comprensible ira, la multitud mantuvo la calma y, desarmada, se enfrentó al ejército, lo hizo retroceder y sometió a sus miembros a un tribunal pacífico semejante al que había examinado a los funcionarios civiles. Paradójicamente, este fue uno de los momentos de mayor tensión: es probable que la cúpula militar hubiera reaccionado con más ecuanimidad ante una respuesta violenta típica de una multitud enfurecida que la emprende a pedradas, palos y hasta algún disparo aislado contra sus agresores. Pero lo que resultaba insoportable para el orgullo militar era la imagen de sus bien pertrechados soldados marchando como mansas ovejas adonde los conducía una masa de indios descalzos y desarmados, mujeres en su mayoría, para mayor vergüenza del machismo uniformado.

Unos meses después tuve la oportunidad de conversar con uno de los líderes del movimiento: un indígena quichua que vivía en las faldas del volcán Chimborazo. Hablamos ampliamente del movimiento, de su alcance y de su carácter no violento. Me enseñó un manifiesto en que se convocaba a los indígenas a practicar y a confirmar su autonomía dejando de comprar productos industrial-capitalistas, instándolos a alimentarse, vestirse y curarse sólo con productos naturales de la tierra obtenidos y trabajados con sus propias manos. Entusiasmado le comenté la gran semejanza de todo su movimiento, y de este hecho particular, con el movimiento de Gandhi en la India. Para mi enorme sorpresa resultó que el líder indígena no sabía prácticamente nada de Gandhi. Y no era, como lo pensó por un instante mi orgullo subconsciente de intelectual mestizo, que fuera mucho pedirle a un indígena de la sierra que supiera algo más allá de los picos nevados y los límites geográficos de su patria; ni tampoco era, como lo pensaría un purismo de apariencia indigenista pero tan mestizo y paternalista como lo anterior, que indígenas tan imbuídos en el rescate de su propia identidad no tendrían que haber bebido más aguas que las filtradas desde las níveas
cumbres de los Andes. No, el compañero de la CONAIE (Confederación Nacional de Indígenas Ecuatorianos) se había leído a fondo y conocía bastante bien las obras de Marx, Lenin y Mao. ¿por qué entonces esta ignorancia de Gandhi?

Evidentemente, resulta mucho más cercano al movimiento indígena de Ecuador (y también de otros lugares de América Latina) el pensamiento y la figura de Gandhi, con todo lo que conlleva de campesino, comunitaro y artesanal, que la figura mucho más occidentalizada de Marx, con sus implicaciones de industrialismo, de fuerza proletaria e incluso de un cierto anti-campesinismo histórico (recuérdense los escritos de Engels sobre las revueltas campesinas en Alemania, donde se lamentaba de la suerte que corrían aquellos…pero consideraba que su desaparición para convertirse en proletarios era una necesidad histórica). Incluso si pasamos de la dialéctica proletario-desarrolista de Marx a la diálectica mucho más campesinista de Mao, difícilmente encontraremos algo que nos explique por qué la figura del chino puede ser apropiada y asimilada por el movimiento campesino latinoamericano mientras que la del hindú no.

Las personas de formación marxista han tenido que remar contra la corriente para incorporar a sus concepciones teóricas cuestiones como la defensa campesina de la tierra, la cuestión indígena, la ecología, o los temas de la cultura y la identidad nacional. Ciertamente algunos dirían que han sido fieles al marxismo en tanto que esta evolución ha sido el resultado de la unidad entre la teoría y la praxis. Pero es válido preguntarse (a la vez que uno se alegra por ello) si no han sido más fieles a la praxis que a la teoría. Cuando muchos marxistas cuya praxis está al lado de los campesinos, asumen como propio el postulado, no solo zapatista sino universal, de que la tierra debe ser de quien la trabaja, por supuesto que nos alegramos, pero en nuestro interior deseamos que no se les vaya a ocurrir revisar con mucho cuidado los escritos de Marx, Engels y Lenin. Igualmente vemos con satisfacción que la mayoría de los militantes de formación marxista hayan asumido con firmeza la defensa de la ecología. Pero no podemos dejar de acordarnos de aquel reducido (afortunadamente) puñado de marxistas ortodoxos que criticaron a los opositores de Laguna Verde porque se oponían al desarrollo de las fuerzas productivas y retrasaban el advenimiento del socialismo en México. Ciertamente tenían menos sensibilidad y mucho menos sentido común que sus correligionarios que se solidarizaron con las protestas, pero estaban atestiguando (quizá a pesar de ellos mismos) hasta qué grado era contra la corriente, esto es, contra la dinámica interna del marxismo, incorporarle este tipo de causas.

Y, por el otro lado, todas esas demandas, esenciales hoy en día, del pueblo latinoamericano entraban naturalmente, más aún, eran parte integral del mensaje de Gandhi. ¿por qué entonces ir a beber esas aguas de las cisternas parchadas y reajustadas del marxismo en vez de beberlas directamente de su manatial como podía hacerse en la obra y el pensamiento de Gandhi? Claro está que muchos, los indígenas por ejemplo, las bebieron en su propio pozo, pero con frecuencia se mezclaron con otras aguas que poco tenían que ver con ellas.

Una respuesta en apariencia muy superficial podría ser que el caso del indígena ecuatoriano que había leído a Marx pero no a Gandhi (que más que aislado es un caso típico) se dió por la simple y sencilla razón de que quienes le prestaron los libros le dieron a leer a Marx y no a Gandhi. Pero esto nos lleva a reubicar y re-contextualizar la pregunta: ¿quiénes y qué papel jugaban quienes prestaron los libros? y ¿por qué ellos habían leído más a Marx que a Gandhi?

Espero no provocar demasiadas reacciones en contra si digo que la difusión del marxismo se debe en buena medida a una clase o grupo social que podríamos llamar la intelligentsia. Y al hablar de intelligentsia no me estoy refiriendo a un selecto grupo de intelectuales de «primera línea» (whatever that means) sino a una amplísima gama de personas cuyo quehacer en la vida tiene que ver de manera preponderante con la política (en sentido amplio) y con los libros. Ahí se incluyen desde el eminente académico que se doctoró en La Sorbona (o por lo menos realizó ahí algún estudio y está haciendo su tesis…) hasta el – ya no digamos el egresado de la universidad – sino el cecehachero convertido en activista político; desde el intelectual orgánico de el partido hasta el periodista o el escritor freelance, pasando por toda la serie de asesores (solicitados o no), teólogos, sociólogos (donde se incluye un servidor), agentes de pastoral y metodólogos de la educación popular.

Entonces la pregunta se debe replantear: ¿por qué el marxismo apeló más que el gandhismo a este sector social? Creo que se podría escribir, no un ensayo, sino un libro entero, sobre esta cuestión. Versaría no solo sobre las diferencias entre Marx y Gandhi, sino sobre la naturaleza de los movimientos de liberación y el clima cultural y espiritual de nuestro tiempo; sobre el capitalismo, la ciencia y la técnica, la industrialización, la ética, la ecología y los intelectuales orgánicos, por señalar solo algunos tópicos. Ciertamente no es mi intención realizar aquí ese análisis. Pero sí quisiera proponer algunos puntos de reflexión al respecto, no para criticar o minimizar al marxismo, sino para ayudar en algo a un proceso de apropiación popular de Gandhi, igual e incluso más profunda que la que se ha dado respecto a Marx.

Antes de seguir, hagamos explícito lo que hasta ahora hemos dado por supuesto: Si preguntamos por qué un grupo social prefiere un modelo y no otro, para que la pregunta tenga sentido se necesita que esos modelos propongan algo similar y que ese algo sea precisamente lo que está buscando el grupo en cuestión. Suponemos entonces que lo que está buscando, sea ese sector de la intelligentsia o sean los sectores populares de América Latina, es una propuesta de transformación radical (en realidad, la expresión debería ser: una propuesta. revolucionaria…pero esto nos llevaría a otras polémicas).

Ahora bien, tanto Marx como Gandhi hacen una crítica radical al sistema social vigente y hacen una propuesta para la liberación de los oprimidos. Igualmente podemos decir que ambos están claramente concientes de que no se trata meramente de una propuesta nacional, sino que tiene una dimensión mundial. Ciertamente Gandhi no organizó una Internacional ni formuló una consigna tan conocida como Proletarios de todos los países ¡uníos!, pero tenía clara conciencia, y así lo dijo en más de una ocasión, de que la lucha de la India debería convertirse en una antorcha para todos los oprimidos de la tierra.

Antes de pasar a las diferencias, conviene señalar, aunque sea de paso, otra coincidencia crucial entre Marx y Gandhi. Para el primero, la cuestión del trabajo era la clave esencial para comprender el sistema económico (y con ello la marcha de la historia). Por su parte Lanza del Vasto, un discípulo europeo de Gandhi, afirmaba que el origen de todos los males sociales es que unos hombres obliguen a otros a trabajar para sí. Más allá de las diferencias que habría que analizar en otra ocasión y del pretendido carácter científico del análisis de Marx (con perdón de mis amigos marxistas, a estas alturas no me creo mucho las pretensiones científicas de ninguna propuesta social, sea marxista o de los economistas neoliberales que en cuestión de cientificismo no tienen par), el comentario de Lanza del Vasto sobre la apropiación del trabajo ajeno no puede sino recordarnos los análisis de Marx sobre la apropiación de la plusvalía.

Las diferencias comienzan cuando preguntamos cómo se entiende a ese sistema imperante que se critica. Para Marx es el capitalismo. Para Gandhi en lo inmediato es el Imperio Británico. Pero más allá, tambiés es el capitalismo y el industrialismo y el maquinismo y la avaricia, la injusticia, la discriminación. Ciertamente, según la concepción de Marx, el proletariado, siendo la clase universalmente explotada concentra en sí todas las formas de opresión. Pera aquí hay algo más que una diferencia de estilo para decir las mismas cosas y donde se ve más claramente es en el caso del industrialismo.

Gandhi critica al industrialismo y al maquinismo (y ahí están implícitas las posturas que décadas después van a asumir muchos de los ecologistas occidentales). Pero Marx no solo no lo critica sino que cree que el camino al socialismo pasa necesariamente por el desarrollo de las fuerzas productivas. Gandhi se pone en oposición directa a una tendencia dominante de la época. Marx critica el sistema vigente en su momento pero asume esa tendencia dominante y afirma que de ahí mismo saldrá la nueva sociedad. Quizá ahí está parte de la explicación de por qué la intelligentsia occidental aceptó más fácilmente a Marx que a Gandhi. Este sector se declara en contra de la sociedad capitalista, pero en realidad es producto de ella y, más allá de su aparente rechazo radical, acepta buena parte de sus características, tanto materiales como culturales.

La cuestión es bastante más profunda que una mera variante en la evaluación crítica de los aspectos positivos y negativos del industrialismo (en esto uno pude estar en desacuerdo con Gandhi en puntos particulares sin que se afecte lo esencial; él mismo no fue siempre consistente en esto; junto a generalizaciones abrumadoras en contra de la máquina, encontramos toda una serie de excepciones a favor de tal o cual artefacto industrial). El fondo del asunto podría resumirse en dos puntos: el tema de los límites y el de lo que Marx llamaría (quizás) dialéctica y Gandhi llamaría congruencia entre medios y fines.

Toda la postura de Gandhi gira de un modo o de otro alrededor de la autoimposición de límites (lo cual más bien repugna al mundo occidental moderno): frenar la propia violencia, limitar los deseos, poner un tope tanto al consumismo como al productivismo. En Marx, el desarrollo de las fuerzas productivas es virtualmente infinito. Encontrarán un tope en las restricciones que les impone el modo de producción capitalista, pero ese mismo choque les hará engendrar otro modo de producción que (hasta donde lo permiten adivinar las palabras de Marx) les permitirá desarrollarse indefinidamente. La diferencia es de dimensones míticas. Atrás de Marx está el mismo mito burgués del progreso indefinido, el sueño de un Prometeo rebelde que, habiendo roto sus cadenas, se convierte en amo y señor del universo. Si quisiéramos buscar un paralelo para el caso de Gandhi, nos tendríamos que remontar, quizás, al Jardín del Edén, donde el hombre y la mujer conviven con los animales, trabajan con sus propias manos, se alimentan de los frutos que les da la tierra y reconocen que no son nada más que (pero también nada menos que) pobladores en tránsito hacia la Casa de quien plantó el jardín.

El otro punto de la diferencia consiste en que para Marx la nueva sociedad surgirá, dialécticamente, del choque de los contrarios. En cambio Gandhi, no es que ignore el conflicto y sus potencialidades creativas, pero pocas cosas tiene más claras que el axioma de que el árbol malo no da frutos buenos ni el árbol bueno da frutos malos. Para Gandhi, si alguna tendencia social es deshumanizante, hay que combatirla ya.. En cambio Marx, después de un análisis en verdad profundo y desenmascarador de la enajenación del
trabajo obrero en la fábrica capitalista, concluye que hay que dejar que las contradicciones se desarrollen al máximo, porque ya después el comunismo será la síntesis y solución de todas las antinomias. Ciertamente la mayoría de los marxistas hace tiempo que ya superó esta visión tan peligrosamente simplista; si algo se ha aprendido con dolor es que de la mera agudización de las contradicciones no necesariamente surge la nueva sociedad. Un agravamiento de la miseria, la opresión y la injusticia, pueden ser la ocasión propicia para que la humanidad tome conciencia y se decida a transformar la realidad. Pero más miseria y opresión de por sí, no traen más que más violencia y sufrimiento. Y no es necesario ir muy lejos para comprobarlo.

Independientemente de cómo se las arreglen las diversas corrientes marxistas para hacer compatible con los postulados de su teoría este descubrimiento hecho en la práctica, lo que me interesa señalar aquí es una diferencia esencial, entre el núcleo del pensamiento marxista original y el núcleo del pensamiento de Gandhi: para Marx la nueva sociedad saldrá de la dialéctica inmanente de la historia, a partir del choque y superación de los contrarios. Para Gandhi, la nueva sociedad no surgirá sin que intervenga la fuerza de la verdad, la satyagraha, que ciertamente tiene que encarnarse en la historia, pero que definitivamente nos ubica en la dimensión de lotrascendente. Me parece que habría mucho que profundizar sobre este tema, pero en relación con lo que aquí hemos visto, quizá pueda arrojar alguna luz la observación de que buena parte de la intelligentsia revolucionaria sintió más afinidad con una postura de inmanencia, mientras que la gran mayoría del pueblo latinoamericano respira la trascendencia como el aire nuestro de cada día.

Si las consideraciones que anteceden son correctas, podríamos sacar un par de conclusiones por demás relevantes para nuestra realidad actual: Primero (y esto, más que conclusión ya está dicho desde el principio), los planteamientos de Gandhi resultan mucho más afines a las aspiraciones y luchas del pueblo latinoamericano de lo que han sido las de Marx. Segundo, asumir los planteamientos de Gandhi implica una postura de crítica al capitalismo, no menos sino más radical, que la surgida del marxismo, pues aquél llega a la raíz misma, a los mitos ocultos del mundo moderno que Marx no pudo denunciar porque de hecho también los compartió. En verdad, la magnitud de la transformación que necesitamos en América Latina (y bien se puede añadir en el mundo entero) es mucho mayor que la que podían imaginar aquellos que pensaban en términos de una revolución socialista. Y el esfuerzo, por lo tanto, no puede ser menor.

Y aunque sea como un mero apéndice para terminar, Gandhi también nos puede servir para dar un mentís rotundo al neoliberalismo que, ensoberbecido por la caída del mundo soviético, afirma con arrogancia que ya no hay más paradigmas que el suyo

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