La guerra es siempre un mal. Transformar talleres de armas en talleres para la paz.

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Se ha terminado implantado una economía de guerra donde los principales protagonistas y beneficiados son la industria de armamento, las instituciones financieras y los gobiernos.
Denunciamos, con esta página de la historia, la venta de armas, los negocios de la “banca armada”, así como las mentiras de todos los políticos que favorecen esta “guerra mundial por partes”. Proclamamos, desde SOLIDARIDAD.NET, una auténtica cultura de la vida, que necesariamente debe ser solidaria con los últimos de la tierra, los que más sufren las atrocidades de la guerra.

El elevado y continuado gasto militar ha generado un auge de los beneficios de las empresas armamentísticas y un impulso aún mayor a la exportación de armas, ignorando toda consideración relativa a derechos humanos. Solo con el 10% del gasto militar mundial se podría erradicar el hambre en el mundo. Mientras el gasto en infraestructura social se recorta, el gasto en sistemas armamentísticos apenas se ha visto reducido. Mientras las pensiones y los salarios se recortan, la industria armamentística sigue beneficiándose .

Para obtener una visión global de lo que los países de todo el mundo gastan en gastos militares, no hay nada mejor que consultar el Stockholm International Peace Research Institute (SIPRI). Los datos más recientes disponibles (2019) muestran un aumento en el gasto militar mundial del 3,6 por ciento (año tras año), para un total de 1,9 billones de dólares. Esta es la tasa de crecimiento más alta de esta década.

Alemania es uno de los países que más se beneficia de esta carrera armamentística, ocupando el séptimo lugar del mundo, con un gasto militar total de 49.300 millones de dólares.

Y, sin embargo, hubo una época histórica en el que el movimiento obrero alemán propuso TRANSFORMAR LOS TALLERES DE ARMAS EN TALLERES PARA LA PAZ.

Los obreros alemanes rechazan fabricar armas, tras sufrir los horrores de la Primera Guerra Mundial. El Congreso Obrero de la industria de Armamentos en Alemania, en Erfurt, del 18 al 23 de marzo de 1919, adopta una resolución decisiva.

Antes de la resolución, Rudolf Rocker, argumenta con una serie de razones:
«¡Compañeros representantes de los trabajadores de la industria de los armamentos de Alemania!… ¿Cuál es nuestra actitud respecto de la elaboración de utensilios para el ejército?.

…Plantear este problema equivale a contestarlo. Hemos vivido una catástrofe, una catástrofe de un alcance tan incalculable que la historia mundial no vio otra como ella. Quince millones de muertos, millones de ciegos, lisiados, enfermizos. ¿Y quién aprecia la suma de la miseria general que ha creado esa espantosa matanza de pueblos? Si un cerebro humano fuera capaz de concebir en su totalidad horrenda este crimen atroz en todos sus detalles у determinarlo, caería bajo esa avalancha de dolor, de sangre у de lágrimas. La mayor parte de los hombres son moralmente cobardes, tiemblan ante la responsabilidad, у solo están dispuestos a echar la propia culpa sobre espaldas ajenas.

¿Qué hemos hecho hasta aquí para combatir el Moloch militarista, para arrojar de nuestras puertas el demonio de la guerra? Antes que nuestros jefes políticos aprendieran el “hasta el fin”, nos contentábamos con la máxima: “Para el militarismo ni un hombre ni un penique”. Y habíamos visto en estas palabras la última conclusión de la sabiduría. Pero no nos oponíamos cuando el Estado azotaba a nuestros hijos en los cuarteles у los adiestraban con todos los refinamientos para la matanza humana. En los parlamentos no se aprobaba un penique para el Moloch, pero nosotros fundíamos cañones у forjábamos fusiles para él. Y esa culpa no es solo de la clase obrera alemana, sino de los trabajadores del mundo entero. En nuestros congresos mundiales predicábamos el amor fraterno, pero nuestros besos de hermanos eran besos de judas, pues nos armábamos, llenábamos más у más los arsenales de la muerte, los talleres de la matanza sistemática de las masas. “¡Abajo las armas!”, gritábamos con frenético entusiasmo, pero no teníamos el valor moral para abandonar los martillos que las forjaban».

«… Compañeros, bastante ha reposado la muerte sobre las comarcas de Europa; ahora está de nuevo la decisión en nuestras manos. No nos será aportada desde arriba, ningún congreso de la paz nos la dará; la solución del problema solo puede ser realizada por la acción revolucionaria directa de los trabajadores mismos».

«…¡No fabriquemos más armas de guerra! No demos al Estado más cañones, más fusiles. No pongamos más armas de muerte en las manos infames de los fríos asesinos. Preocupémonos de que los establecimientos de la destrucción у de la espantosa carnicería humana se transformen en talleres del trabajo útil у pacífico. Vivimos en una época extraordinaria у tales momentos exigen resoluciones extraordinarias у actos revolucionarios. No es este el instante de los temerosos titubeos. Toda vacilación es criminal, es favorecimiento del crimen».

«… Compañeros, ¿no es ya tiempo de poner fin a estas terribles condiciones? ¿Podemos cargar más tiempo sobre la conciencia la gran responsabilidad de la matanza fratricida? ¿No es el momento más oportuno para paralizar la violencia negándole los instrumentos de la violencia? Yo creo que a cada uno de nosotros le interesa el bienestar de nuestro pueblo, у para el que aspira a salvar el futuro de la revolución, no puede haber más vacilaciones. No tenemos derecho a murmurar sobre nuestra esclavitud, mientras forjemos nosotros mismos las propias cadenas. La negativa a la producción de armas es la única garantía para terminar la matanza organizada de las masas».