La Iglesia y los papas frente a la esclavitud y la trata

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En varias ocasiones, como  cabeza de la Iglesia católica, el papa Francisco ha denunciado la explotación cada año de miles de hombres, mujeres y niños como mano de obra o que se convierten en víctimas inocentes de la explotación sexual y el tráfico de órganos.

El comercio de carne humana tiene odiosas raíces en la historia.

Los esclavos son mencionados en la Biblia. En efecto, el apóstol Pablo había pedido que los cristianos tratarán a los esclavos como “hermanos”, mientras que Jesús fue más radical invitando a sus discípulos a ser servidores y no a ser servidos.

En tiempos menos remotos, la trata de negros fue calificada por el papa Pío II (1405 – 1464) de “crimen enorme” -(En 1462, Pío II declaró a la esclavitud como “un gran crimen” (magnum scelus)-, en una carta dirigida a un misionero que partía hacia Guinea. Precisamente, hoy, 23 de agosto, se celebra el Día Internacional en memoria del comercio de esclavos y su abolición.

La fecha recuerda que en la noche entre el 22 y el 23 de agosto de 1791, hombres y mujeres africanos arrancados de sus tierras y vendidos como esclavos se rebelaron contra el sistema opresor. Ese acto de resistencia sería un preludio para lograr la libertad e independencia de Haití en 1804.

“De todos es conocida la gravísima injusticia cometida contra aquellas poblaciones negras del continente africano, que fueron arrancadas con violencia de sus tierras, de sus culturas y de sus tradiciones, y traídos como esclavos a América”, nos recuerda Juan Pablo II, en un mensaje de 1992, con motivo del V Centenario de la Evangelización del Nuevo Mundo.

Esclavitud: pecado del hombre contra el hombre

El Día Internacional en memoria del comercio de esclavos y su abolición es un homenaje a todos aquellos que lucharon por la libertad y para promover el conocimiento de su historia y cultura. Como Juan Pablo II recordó: ¿Cómo olvidar los enormes sufrimientos infligidos a la población deportada del continente africano, despreciando los derechos humanos más elementales? ¿Cómo olvidar las vidas humanas aniquiladas por la esclavitud? Hay que confesar con toda verdad y humildad este pecado del hombre contra el hombre” (Discurso a la comunidad católica de la isla de Gorée, n. 3, 22 de febrero de 1992).

Bautizados esclavistas

Un crimen cometido también por fieles de la Iglesia Católica. El Papa que más viajes ha hecho a África, Juan Pablo II, ha denunciado que “durante todo un período de la historia del continente africano, hombres, mujeres y niños fueron traídos a America, arrancados de su tierra y separados de sus familias para ser vendidos como mercancía. Estos hombres y mujeres han sido víctimas de un vergonzoso comercio en el que han tomado parte personas bautizadas que no han vivido según su fe”.

El comercio de esclavos y la esclavitud han producido una tragedia de rencor y crueldad que se ha llevado hasta nuestros días. Precisamente, el papa Francisco sigue denunciando la esclavitud moderna, que en la actualidad afecta a más de 40 millones de personas en todo el mundo.

Además, como hizo Juan Pablo II, Francisco denunció que hombres católicos ‘clientes de la prostitución’ entran en la cadena de esa esclavitud moderna, “torturando” a las mujeres víctimas de trata y expuestas en las aceras de las calles de Europa como mercancía sexual.

“Levantemos el velo de indiferencia que cubre el destino de quien sufre. Nadie puede lavarse las manos ante la trágica realidad de la esclavitud de hoy”, lo escribió Francisco en un tweet en el Día Internacional para la Abolición de la Esclavitud el pasado, 2 de diciembre, para levantar su voz de denuncia sobre este flagelo que afecta a los más vulnerables de la sociedad.

El Papa en África

La promoción de la cultura de diálogo, posiblemente también esté presente en los discursos del papa Francisco en su próximo viaje a África del 4 al 10 de septiembre (Mozambique, Madagascar y Mauricio). En este contexto, el Obispo de Roma podría tener palabras de esperanza para celebrar la vivacidad de las tradiciones de la cultura africana y su influencia en las áreas afectadas por el comercio de esclavos: América, el Caribe, el Océano Índico, el Medio Oriente y Asia – que dio lugar a prácticas híbridas, costumbres y formas artísticas a través de la dialéctica intercultural, los actos de resistencia a la dominación y el anhelo por la libertad de millones de mujeres y hombres.

La esclavitud no ha terminado

La Iglesia ha denunciado que entre las causas que generan la esclavitud se encuentran hoy en día, las guerras y los totalitarismos, por ello, entre los países con mayor número de esclavos en el mundo se encuentra Corea del Norte, allí una persona de cada diez vive en esclavitud, obligado por el Estado a trabajar por el ‘bien de la patria’.  Sucesivamente, se encuentran Eritrea, Burundi, República Centroafricana. Además de Afganistán, Mauritania, Sudán del Sur, Pakistán, Camboya e Irán.

La esclavitud afecta a países ricos como los Estados Unidos, Australia, Reino Unido, Francia, Alemania, Países Bajos y muchos otros países europeos entre los cuales también Italia, donde el comercio sexual  y los flujos migratorios crean un terreno fértil para la esclavitud y la prostitución.

En este contexto, el papa Francisco ha insistido en varios discursos sobre la necesidad de adoptar medidas inmediatas y eficaces para erradicar el trabajo forzoso, poner fin a las formas modernas de esclavitud, la trata y asegurar la prohibición y eliminación de las peores formas de trabajo infantil, incluidos el reclutamiento y la utilización de niños soldados.

Otro ejemplo de la lucha desde la iglesia ha sido el testimonio de Iqbal Masih, vida entregada del niño paquistaní contra la esclavitud, que el Movimiento Cultural Cristiano ha promovido en su campaña contra las causas de la esclavitud infantil.

Fuente. Aleteia, Historia de la Iglesia